La nación purépecha (p'urhepecha o p'urhe, idioma purépecha [pʰuˈɽepeʧa]) es un pueblo indígena que habita primordialmente en el estado de Michoacán, México. Sus miembros son conocidos como p’urhépecha en su etimología purépecha P'urhépecherio ('tierra de los purépecha') y fueron conocidos como los michoacas o michoacanos en su etimología náhuatl, como habitantes de Michoacán ('lugar de pescadores'), y que también habitaron en los estados de Guanajuato, Guerrero y Jalisco en México.
En su mayoría los purépechas viven en los 22 municipios de Michoacán que forman la “región purépecha”: Coeneo, Charapan, Cherán, Chilchota, Erongarícuaro, Los Reyes, Nahuatzen, Nuevo Parangaricutiro, Paracho, Pátzcuaro, Peribán, Quiroga, Tancítaro, Tangamandapio, Tangancícuaro, Tingambato, Tingüindín, Tocumbo, Tzintzuntzan, Uruapan, Zacapu y Ziracuarétiro. Los grupos que han inmigrado se han establecido principalmente en estados mexicanos vecinos como Jalisco, Guanajuato, Guerrero, Estado de México, Colima, y también en Ciudad de México y Estados Unidos. Las actividades básicas de la mayoría de los purépechas son la metalurgia, que es lo que impidió la conquista de los mexicas, la agricultura, ganadería, alfarería, pesca y la elaboración de diversas artesanías y trajes típicos, etcétera.
Entre los siglos XV y XVI, el imperio purépecha, con capital en Ts'intsuntsani, Zincucani o Tzintzuntzan, fue una potencia de la Edad del Cobre mesoamericana de primera magnitud que resistió el empuje del Imperio mexica. Su imperio abarcaba la parte sur del estado de Guanajuato, gran parte del estado de Michoacán y la región norte del estado de Guerrero hasta el sur del Estado de México. Dado que era gobernado por clanes enseñoreados en varias casas establecidas en varios puntos, podría hablarse de una confederación de éstos, a partir de cierta época de su historia hasta la invasión española de sus territorios. Su éxito militar y económico se debió, en parte, a que los purépechas eran hábiles trabajadores de metales como el oro y el cobre. Este factor sin duda ayudó a mantener su independencia de los mexicas. Los purépechas antiguos eran hablantes exclusivos del idioma purépecha, una lengua aislada que no guarda relación histórica demostrada con ninguna otra en la región. La más famosa fuente de información acerca de los purépechas es la Relación de Michoacán redactada por Fray Jerónimo de Alcalá para el Virrey Antonio de Mendoza alrededor de 1540.
El mayor personaje en la historia de los P'urhépecha es el rey Tariácuri (sacerdote del viento) nacido en el siglo XIV, un símil de Topiltzin Quetzalcóatl. Durante el reinado de Tariácuri el pueblo p'urhépecha se consolidó como un poderoso imperio cuya influencia se expandió enormemente lo largo de Mesoamérica. Al final de su vida, Tariácuri dividió administrativamente su imperio en tres reinos, uno resguardado por su hijo Hiquíngare y los otros por sus dos sobrinos Hiripan y Tangáxoan. Posteriormente Axayácatl, emperador de los aztecas, invadió el imperio purépecha, lo que llevó a que se unieran los tres reinos hasta entonces divididos, en uno solo, con Tangáxoan I como rey del imperio reunificado que logró expulsar finalmente a los mexicas del territorio purépecha. Sin embargo los conflictos entre nahuas y purépechas no terminarían, ya que después de la derrota de los mexicas comenzaría la guerra del salitre.
Era Virreinal (Imperio Español)
Después de la llegada de los españoles, el irecha ('señor de las innumerables casas') o señor michoacano Tangáxoan II se sometió sin presentar resistencia al Imperio español ante el conquistador español Cristóbal de Olid con el objetivo de salvar a su gente y de negociar un tratado de paz. En 1530 el gobernador y presidente de la Primera Audiencia Nuño de Guzmán saqueó la región, destruyendo templos, centros ceremoniales y tumbas en búsqueda de metales preciosos. Asimismo, mandó ejecutar a Tangáxoan II, después de someterlo a un juicio en que se le acusó de dar muerte a españoles, mantener ocultamente su antigua religión y alentar la desobediencia. Esto provocó un caos en la región. Muchos indígenas huyeron a los cerros y ocurrieron diversos episodios de violencia.
Esta situación movió a la Corona a enviar como "visitador" al oidor y posteriormente obispo don Vasco de Quiroga. Quiroga logró establecer un orden colonial duradero que a la vez favoreció la continuidad de los remanentes de la cultura p'urhépecha a través de los siglos. Se le atribuye la enseñanza de diversos oficios, las especializaciones artesanales de cada pueblo y otras tradiciones con influencias españolas que permanecen hasta hoy día.
Durante la época virreinal el territorio p'urhépecha fue dividido en varias jurisdicciones gobernadas por alcaldes mayores, dependientes del virreinato de la Nueva España. Del punto de vista eclesiástico, la mayor parte de este territorio quedó dentro del Obispado de Michoacán. Por otro lado, muchos P'urhépecha participaron en la colonización y poblamiento del norte de la Nueva España, y de las regiones inhabitadas del Bajío (teniendo en cuenta que parte del Bajío pertenecía ya, en esa época, al imperio purépecha).
Los P'urhépecha vivieron en pueblos de indios. Los más importantes tenían un gobernador y un cabildo indígena, integrado por regidores, alcaldes y alguaciles de elección anual. Estas autoridades tenían un control corporativo sobre las tierras, aguas y bosques, así como facultades judiciales, fiscales y administrativas en el ámbito local. Asimismo, en la mayor parte de los pueblos se establecieron hospitales. La iniciativa se ha atribuido tanto al obispo Vasco de Quiroga como a los franciscanos, en particular a fray Juan de San Miguel. Estos hospitales, además de sus funciones propiamente médicas, tenían propósitos educativos y de asistencia social. El ejemplo más notable es el de la fundación quiroguiana de Santa Fe de la Laguna.
La población p'urhépecha fue duramente afectada por las epidemias en el siglo XVI, particularmente por el cocoliztli o teretsekua de 1576. A fines del siglo XVI la Corona española procedió a un programa de "congregaciones" o reubicación y concentración de pueblos, lo cual provocó la desaparición de muchas poblaciones menores.
Algunos autores estiman que el origen de los purhépecha estaría en el continente sudamericano, basándose en diferentes tipos de evidencias:
Los rastros de cerámica, construcciones y entierros de "tipo pozo" esparcidos desde América del Sur hasta la zona central de México.
Las similitudes artísticas-religiosas entre la cultura p'urhépecha y los pueblos sudamericanos.
El parecido lingüístico con la lengua Protoquechua, que fue el idioma del imperio wari.
El uso del bronce arsenical que anterior a estos sólo era conocido por las culturas sudamericanas
Sin embargo, estos factores no constituyen una evidencia suficientemente sólida para dar por garantizado dicho origen.
P'orhépecheo o Purhépecherhu, que significa "lugar donde viven los p'urhé". De acuerdo con la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas en México, este pueblo de las regiones lacustre y montañosa del centro de Michoacán se llama a sí mismo p'urhépecha, y cada uno de sus integrantes es un p'urhé o p'uré que significa gente o persona; esto implica una autoafirmación como seres humanos y pueblo en general. Existe una polémica respecto de esta denominación, debido a que, en la antigüedad, los p'urhépecha eran siervos y ayudantes de guerra y sólo a ellos se les nombraba así, mientras que, por ejemplo, a los señores principales se les denominaba achéecha. Razón por la cual se considera inadecuado hablar de un imperio purépecha. En todo caso, en la actualidad, el etnónimo en uso es el de purépechas en español o p'urhépecha en lengua purépecha.
El nombre "tarasco", supuestamente les fue dado por los españoles, aunque de acuerdo a José Corona Núñez (Mitología tarasca, Instituto Michoacano de Cultura, 1999. p. 30) el nombre de tarascos proviene del venerable dios engendrador Tharas Úpeme puesto que, citando a Sahagún: