En el texto de la Constitución provincial: Provincia de La Pampa, es una de las veinticuatro jurisdicciones (23 provincias y una ciudad autónoma) que conforman la República Argentina. A su vez, es uno de los veinticuatro estados autogobernados o jurisdicciones de primer orden que conforman el país y uno de los veinticuatro distritos electorales legislativos nacionales. Su capital y ciudad más poblada es Santa Rosa.
Se encuentra en la Patagonia, en el sur, oeste ,suroeste y sureste, y a la Region Pampeana al norte, noreste y este. Limita al norte con las provincias de San Luis y Córdoba, al este con la Provincia de Buenos Aires, al sur con el río Colorado que la separa de Río Negro, y al noroeste con Mendoza. Los límites de las provincias de La Pampa, Río Negro, Mendoza y Neuquén, se encuentran en un punto, en la intersección del río Colorado con el meridiano 68°15′ O.
Con 318 951 habitantes en 2010 es la tercera provincia menos poblada —por delante de Santa Cruz y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, la menos poblada— y con 2,2 hab/km², la segunda menor en densidad de población, por delante de Santa Cruz. Es una de las provincias más jóvenes de la república, ya que fue creada en 1951. Hasta ese año fue un territorio nacional (Territorio Nacional de La Pampa), cuya provincialización fue dispuesta por la ley N.º 14037 sancionada por el Congreso de la Nación y promulgada por el presidente Juan Domingo Perón, y constituida por la convención provincial elegida democráticamente a tal efecto.
Ubicada en el centro del país, contiene las últimas características de la pampa húmeda (hacia el noreste), con signos distintivos de la Patagonia hacia el oeste y sur, y entre ellos una gran franja con orientación noroeste-sudeste denominada «caldenal», zona que alberga bosques de caldén, un árbol que cuenta en esta provincia con su centro de dispersión mundial.
Poblamiento aborigen originario
El actual territorio de la provincia de La Pampa ha sido desde hace miles de años una encrucijada de rutas recorridas por diferentes culturas provenientes de los cuatro puntos cardinales, y si bien la investigación arqueológica comenzó a partir del trabajo pionero de Carlos Gradín de finales de la década de 1970, estuvo relegada a un segundo plano hasta mediados de la década de 1980, coincidiendo con la recuperación de la democracia. "Las sociedades indígenas que poblaron este amplio y variable territorio sustentaron un modo de vida cazador-recolector, desde las exploraciones iniciales hasta el contacto con los españoles y su retracción y casi desaparición en el siglo XIX".
La presencia humana más antigua data de hace 8600 años y fue ubicada en el sur de la provincia, en Casa de Piedra, sobre la margen norte del río Colorado, en el límite mismo de la región pampeana con la Patagonia. Desde entonces, la presencia humana en esa zona ha tenido continuidad hasta el presente. Se trataba de comunidades de cazadores-recolectores, cuya economía estaba basada principalmente en la caza y utilización del guanaco. Hace aproximadamente 6000 años comenzaron a realizarse rituales mortuorios.
Una segunda etapa de poblamiento se abrió hace 5000 años aproximadamente, cuando nuevas zonas del actual territorio de la provincia comenzaron a ser exploradas, siempre buscando el resguardo de cuencas fluviales y manantiales, principalmente del río Curacó (tramo del río Desaguadero seco desde 1900). Los estudios de esta época se realizan en un conjunto de sitios arqueológicos ubicados en Tapera Moreira, al sur de las sierras de Lihuel Calel.
Hace aproximadamente 3000 años se estabilizaron los cambios climáticos y ambientales, consolidándose las condiciones semidesérticas actuales. El momento coincidió con asentamientos humanos en la cuenca inferior del río Chadileuvú y la zona serrana de Lihué Calel. Esas comunidades se caracterizaron por su costumbre de enterrar a los muertos a escasos 200 o 300 metros de los toldos que conformaban sus viviendas.
En los últimos 2000 años la ocupación territorial se extendió a la Meseta Basáltica del Oeste y los médanos de la cuenca inferior del río Atuel, en el norte de la provincia. A partir de esta época se registra la máxima expansión de las sociedades cazadoras pampeanas. Al menos desde el 1200 AP, comienza la fabricación y uso de la cerámica. La etapa se caracteriza también por las expresiones simbólicas, como las pinturas rupestres encontradas en Cerro Chicalcó, Quehué, Chos Malal y Lihué Calel. En esta última ubicación se encuentra el cementerio que integra el sitio arqueológico Chenque I, utilizado durante por lo menos 700 años, hasta hace unos 400 años.
Una de las costumbres de aquellos pueblos era modificar la estructura anatómica de los cuerpos y acomodarlos en "paquetes funerarios", seguramente envueltos en cuero. Utilizaban collares realizados con caracoles marinos procedentes de zonas ubicadas a cientos de kilómetros, tupus (prendedores) de plata, característicos de la platería mapuche, confeccionados del otro lado de la Cordillera de los Andes. Desde el siglo XIII se registran piezas de cerámica procedentes del centro-sur de Chile. Las investigaciones arqueológicas han detectado desde el Holoceno tardío (3500 AP) la posibilidad de que al menos dos poblaciones diferentes hayan estado presentes en ese territorio. Lihué Calel fue también el lugar elegido en el siglo XIX por la comunidad mapuche liderada por el cacique Manuel Namuncurá, cuando la presión del ejército argentino la arrinconó durante la llamada Conquista del Desierto.
Los tehuelches a la llegada de los españoles
Por lo tanto, los pueblos originarios que habitaban el actual territorio de La Pampa cuando los españoles llegaron al Río de la Plata en el siglo XVI, fueron denominados por estos como indígenas pampas —del quechua sureño pampa que se traduce como llano o llanero— por ser los aborígenes de las llanuras, también eran llamados tehuelches por sus vecinos trasandinos mapuches —que en su idioma significa «gente bravía»— y querandíes por sus vecinos insulares guaraníes —que en su lengua quirã significa sebo o manteca, y endí es un sufijo del verbo copulativo ser o estar, por lo cual se traduciría como «que está gordo» o «que es rico en grasa» debido a que la dieta diaria era la grasa animal— y posteriormente fueron renombrados como hets por el jesuita inglés Thomas Falkner y en la actualidad son clasificados por Rodolfo Casamiquela como tehuelches septentrionales.
Por otra parte, los de la cordillera de los Andes eran más conocidos como puelches, que en idioma mapuche significa «gente del este». En dicho siglo, las distintas tribus tehuelches rioplatenses se encontraban en conflicto entre ellas pero comenzarían a aliarse en contra de los recién llegados.
Colonización española de territorios vecinos
El explorador y navegante veneciano Sebastián Caboto, al servicio de la Corona española, fundó el fuerte de Sancti Spiritu el 9 de junio de 1527 a orillas del río Coronda, junto a la desembocadura del río Carcarañá, y la facción de aborígenes guaraníes de las islas que ayudaron en la erección del fuerte se las denominó chandules, las cuales habitaban en el delta del Paraná y alrededores de este último río, por lo que también serían conocidos como carcarañáes.
Luego de la destrucción del fuerte español por los mismos indígenas insulares en septiembre de 1529, un grupo de españoles comandados por Ruy García de Mosquera que habían sobrevivido al ataque, lograron con un bergantín bordear la costa atlántica sudamericana hasta la isla Comprida —en el litoral marítimo del actual estado brasileño de São Paulo— ya que con el mismo no les sería posible atravesar el océano, y a sabiendas de los dominios que poseía el desertor portugués novo cristiano Cosme Fernandes "el Bachiller de Cananeia" que tenía su centro en la aldea homónima, se aliaría a este y a los indígenas carijós.
De esta manera Mosquera y sus hombres fundaron en 1532 el poblado de «I Caa Para», en la jurisdicción de la entonces capitanía de San Vicente de Martim Afonso de Sousa, entrando en conflicto con la Corona portuguesa, debido a litigios por diferentes interpretaciones del tratado de Tordesillas, lo que provocó la Guerra de Iguape en 1534, por lo que al final de la contienda, Mosquera y sus hombres regresarían al territorio rioplatense del Imperio español, en donde acababa de ser fundada la primera Buenos Aires.