Buenos Aires, en el texto de la Constitución provincial: Provincia de Buenos Aires, es una de las veinticuatro jurisdicciones de primer orden o «estados autogobernados» que conforman la República Argentina, uno de los veinticuatro distritos electorales legislativos nacionales y una de las veintitrés provincias que integran el país. Su capital es La Plata y su ciudad más poblada es Mar del Plata.
El territorio se encuentra en la región centro-oriental del país, abarcando gran parte de la región pampeana. Limita al norte con las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, al noreste con el Río de la Plata y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, al este y sur con el mar Argentino del océano Atlántico, al suroeste con Río Negro, al oeste con la provincia de La Pampa y al noroeste con la provincia de Córdoba.
Con 17 569 053 habitantes, según el censo nacional de 2022, es la jurisdicción de primer orden más poblada del país. Del total de sus habitantes, el 58,4% (10 275 184 personas) viven en el AMBA (área metropolitana de Buenos Aires), de la que forman parte cuarenta partidos-municipios bonaerenses. En el resto de la provincia, llamado «interior bonaerense», viven 7 293 869 de habitantes que representan el 41,5% de la población total. Dentro del AMBA se encuentra incluida La Plata (la capital provincial) y todos sus alrededores (el Gran La Plata), que cuenta con 772 618 habitantes. El partido más poblado es La Matanza, ubicado en el AMBA, con 1 837 774 habitantes.
Con una superficie de 307 571 km² es la segunda jurisdicción de primer orden más extensa, por detrás de la de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, que cuenta con 1 002 445 km² (incluyendo territorios antárticos e insulares en litigio). Con 56,97 hab/km² esta es la tercera jurisdicción de primer orden más densamente poblada, detrás de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la provincia de Tucumán.
Época hispánica y guerra de la Independencia
La historia de la provincia de Buenos Aires empieza cuando el Río de la Plata fue descubierto por la expedición del español Juan Díaz de Solís, quien buscaba un paso hacia las Indias Orientales. Solís desembarcó en la isla Martín García, siendo así el primer europeo en pisar suelo argentino, pero murió en un ataque de los indígenas, y los restantes tripulantes regresaron a España. Mientras por un lado Fernando de Magallanes continuaba la búsqueda del paso que llevara a los navegantes europeos hacia las Indias Orientales (el cual encontró al cruzar el estrecho de Magallanes), el primer adelantado Pedro de Mendoza fundó el puerto de «Nuestra Señora María del Buen Aire» el 2 de febrero de 1536. La ciudad fue sitiada y asaltada por los querandíes, y en 1541 fue abandonada por los españoles, quienes trasladaron a sus habitantes a Asunción del Paraguay. Mismo así, el lugar seguía teniendo una ventaja estratégica para los españoles, que desde ahí podían comerciar con España y preparar la expansión hacia el sur del continente. Por esto, Juan de Garay refundó la ciudad el 11 de junio de 1580, esta vez bajo el nombre de «Ciudad de la Santísima Trinidad del puerto de Santa María de los Buenos Aires». Esta se convirtió más adelante en la capital de la gobernación del mismo nombre y en 1776, en la del nuevo Virreinato del Río de la Plata.
Posteriormente, Garay comenzó a recorrer el territorio inexplorado, pasando por Tuyú, Tordillo y Kakel Huincul, llegado hasta el cabo Corrientes. Juan de Garay repartió entre sus acompañantes las tierras que se fueron descubriendo, situando las estancias destinadas a la cría de ganado junto al Río de la Plata. La estancia «vaquería» fue sometida al régimen de encomienda y condensó la actividad agropecuaria de la provincia, principal ocupación económica de la población española. La misma también se convirtió en fortín para mantener a raya los ataques de la población indígena local. Desde la ciudad de Buenos Aires se abrieron rutas hacia otras ciudades del Virreinato, y junto a ellas se establecieron otras como Baradero, Luján, Quilmes y San Andrés de Giles. La estancia aumentó su importancia al establecerse la industria del saladero, la exportación, y el prestigio de la lana local en Europa.
La Revolución de Mayo de 1810, que desalojó del gobierno al virrey del Virreinato Río de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros, abrió interesantes perspectivas para la ganadería, ya que no implicó solamente el fin del monopolio español del comercio exterior sino también la introducción de sistemas y mejoras en la actividad desarrollados en otros países y de otras razas de ganado. La incorporación del alambrado permitió definir la propiedad de la tierra trazando límites claros, que hasta entonces eran vagos e imprecisos.
El 11 de febrero de 1820, a consecuencia de la Anarquía del Año XX, la provincia se constituyó en entidad política autónoma, designándose a Manuel de Sarratea como su primer gobernador. Su territorio nominal abarcaba desde la ciudad de Buenos Aires hasta la Cordillera de los Andes por el oeste, y por el sur, los territorios de la Patagonia oriental y las islas Malvinas. Se excluyeron los territorios asignados a Entre Ríos y Corrientes, creadas en 1814, y de Santa Fe, de 1815.
Pero el territorio bajo control efectivo era muy limitado: desde la ciudad de Buenos Aires hasta unos 60 km a la redonda. Los amerindios se resistían tenazmente a la penetración del hombre blanco en las tierras que habitaban. La introducción al continente americano del caballo durante la primera fundación de la ciudad y la habilidad de los aborígenes para domesticar a los que se habían vuelto cimarrones, les permitió lanzar violentos ataques llamados «malones». Sucesivos gobiernos bonaerenses intentarían, por un lado, frenar los malones, y por otro, controlar territorios mediante diversas operaciones: la construcción de fortines defensivos, la realización de expediciones punitivas, la Zanja de Alsina, etc. En 1823 la primera ciudad que había sido fundada en la época patria, Dolores, un malón la destruyó por completo, lo cual aumentó la preocupación de los pobladores respecto de los grupos aborígenes y la frontera con sus territorios.
El gobernador Martín Rodríguez dictó la ley de supresión de los cabildos de origen hispánico y creó la justicia de paz el 22 de enero de 1822. Fueron nombrados veintiocho jueces de paz de campaña, uno para cada partido. Durante su gobierno, los estancieros se expandieron hacia el sur, hasta el río Quequén Grande, apoyados por algunas expediciones militares.
Lo sucedió Juan Gregorio de Las Heras, que reunió el Congreso General de 1824, por el cual se pretendió unificar el país. En 1826, el Congreso nombró presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata a Bernardino Rivadavia, de tendencia centralista, que presentó al Congreso un proyecto de ley mediante el cual la ciudad de Buenos Aires y gran parte de la campaña circundante se proclamaba capital del Estado y se dividía el resto de la provincia en dos. El proyecto fue sancionado ese mismo año a pesar de las fuertes resistencias que generó en el federalismo porteño. El gobernador de la provincia, Las Heras, cesó en su cargo por decreto del Poder Ejecutivo. La Junta de Representantes fue disuelta, y se nacionalizaron el ejército de la provincia, las tierras públicas, la aduana y todas las propiedades provinciales.
La guerra del Brasil y la Constitución unitaria de 1826, rechazada en el interior del país, terminaron con la caída de Rivadavia. En su lugar asumió como gobernador Manuel Dorrego, partidario del federalismo, quien fue fusilado por Juan Lavalle. La situación terminó con el régimen presidencial y reanudó la guerra civil entre unitarios y federales.
Guerras civiles y formación del Estado argentino
En 1829, Juan Manuel de Rosas, tras derrotar a Lavalle, asumió el gobierno de la provincia con "Facultades Extraordinarias", y conservando la delegación de las relaciones exteriores por parte de las demás provincias. Lo sucedieron tres gobernadores entre 1832 y 1835, año en el que fue nuevamente elegido gobernador de Buenos Aires, con el agregado de tener la "Suma del Poder Público" —los tres poderes del estado resumidos en su persona—.