Tal Día como Hoy

Presidente de los Estados Unidos

Jefe de Estado y Gobierno de los Estados Unidos de América

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El presidente de los Estados Unidos (en inglés: President of the United States; acrónimo: POTUS o Potus​) es el jefe de Estado y de Gobierno de los Estados Unidos. Es el más alto cargo político del país por influencia y reconocimiento. El presidente lidera el poder ejecutivo del Gobierno federal.​

Entre otros poderes y responsabilidades, el Artículo II de la Constitución de los Estados Unidos encarga al presidente la «fiel ejecución» de la ley federal, hace del presidente el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, lo autoriza a nombrar oficiales ejecutivos y judiciales con el consejo y consentimiento del Senado, lo sitúa al frente de la política exterior de los Estados Unidos, y permite al presidente conceder indultos o moratorias.

El presidente es elegido mediante sufragio indirecto por un colegio electoral (o por la Cámara de Representantes si el colegio electoral no concede la mayoría de votos a ningún candidato) para un mandato de cuatro años.

Desde la ratificación de la Vigesimosegunda Enmienda en 1951, ninguna persona puede ser elegida para el cargo de presidente más de dos veces. En caso de muerte, destitución, dimisión o renuncia de un presidente, el vicepresidente asume la presidencia.​

Hasta la fecha, ha habido un total de cuarenta y cinco personas que han asumido el cargo y cuarenta y siete presidencias. Esto ocurre porque el presidente Grover Cleveland y el actual, Donald Trump, sirvieron en dos mandatos no consecutivos y se cuenta por orden cronológico tanto a Cleveland como el vigesimosegundo y vigesimocuarto presidente como a Trump el cuadragésimo quinto y cuadragésimo séptimo. De las personas elegidas para el cargo, cuatro murieron durante su mandato por causas naturales o enfermedades (William Henry Harrison, Zachary Taylor, Warren G. Harding y Franklin D. Roosevelt), uno dimitió (Richard Nixon) y cuatro fueron asesinados (Abraham Lincoln, James A. Garfield, William McKinley y John F. Kennedy).

El primer presidente fue George Washington, que fue investido en 1789 después del voto unánime del colegio electoral. William Henry Harrison fue el que menos tiempo permaneció en el cargo, con tan solo 32 días, y Franklin D. Roosevelt, con doce años en el puesto, fue el que permaneció por más tiempo y el único presidente que sirvió por más de dos mandatos (ganó cuatro veces las elecciones presidenciales). El actual presidente en el cargo es el republicano Donald Trump, que tomó posesión el 20 de enero de 2025.

Desde principios del siglo XX, el papel hegemónico de los Estados Unidos en el escenario político y económico internacional ha llevado al presidente de este país a ser una figura conocida a nivel global y, debido a la condición del país como única superpotencia, en 2009 la revista Forbes calificaba a su titular como «la persona más poderosa del mundo».​

El Tratado de París (1783) puso fin a la Guerra de Independencia y reconoció la constitución de las Trece Colonias como los Estados Unidos de América, pero con una estructura gubernamental inestable. El Segundo Congreso Continental había redactado los Artículos de la Confederación en 1777, describiendo una Confederación permanente, pero concediendo al Congreso de la Confederación (la única institución federal) poco poder para financiarse o para asegurar el cumplimiento de sus resoluciones. En parte, esto reflejaba la visión antimonárquica del período revolucionario y el nuevo sistema estadounidense fue explícitamente diseñado para prevenir el ascenso de un tirano estadounidense en sustitución del monarca británico.​

Sin embargo, durante la depresión económica debida al colapso del dólar continental tras la Revolución estadounidense, la viabilidad del gobierno estadounidense se vio amenazada por el malestar político en varios estados, el empeño de los deudores en utilizar el gobierno popular para eliminar sus deudas y la aparente incapacidad del Congreso Continental de hacer frente a las obligaciones públicas asumidas durante la guerra. El Congreso también parecía incapaz de convertirse en un foro para la cooperación productiva entre los estados, que animaban el comercio y el desarrollo económico. En respuesta a esta problemática se convocó una Convención constitucional, inicialmente para reformar los Artículos de la Confederación, pero que posteriormente comenzó el diseño de un nuevo sistema de gobierno que incluiría un mayor poder ejecutivo, aunque reteniendo un esencial control y equilibrio con la idea de restringir cualquier tendencia imperial en la presidencia.

Las personas que presidieron el Congreso Continental durante el período Revolucionario, y conforme a los Artículos de la Confederación, ostentaban el título de «presidente de los Estados Unidos en el Congreso Reunido» y a menudo se abreviaba como «presidente de los Estados Unidos». El cargo tenía poco poder ejecutivo claramente definido. Con la ratificación de la Constitución en 1787, se creó un poder ejecutivo separado, encabezado por el presidente de los Estados Unidos.

La autoridad ejecutiva del presidente conforme a la Constitución, moderada por el control de los poderes legislativo y judicial del gobierno federal, fue diseñada para solucionar los problemas políticos afrontados por la recién creada nación y para intentar superar futuros desafíos, siempre previniendo la subida al poder de un autócrata en una nación cautelosa frente a las autoridades monárquicas.​

La Constitución de los Estados Unidos y sus posteriores enmiendas fijan los poderes y deberes del presidente:

Artículo I - Papel legislativo

El primer poder conferido al presidente por la Constitución estadounidense es el poder legislativo del veto presidencial. La llamada «Cláusula de Presentación» (Presentment Clause) requiere que cualquier proyecto de ley aprobado por el Congreso sea presentado al presidente antes de que pueda convertirse en ley. Una vez que la norma legal ha sido presentada, el presidente tiene tres opciones:

Firmarla; el proyecto legislativo se convierte en ley.

Vetarla y devolverla al Congreso con sus objeciones; el proyecto no se convierte en ley, a menos que cada Cámara del Congreso vote para anular el veto con una mayoría favorable de dos tercios de la Cámara.

No hacer nada. En ese caso, el presidente ni firma ni veta la legislación. Después de 10 días, excluidos los domingos, se pueden dar dos situaciones:

Si el Congreso todavía está en periodo de sesiones, el proyecto se convierte en ley.

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