Policarpo de Esmirna (c. 70 - c. 155)( /ˈpɒlikɑːrp/; Πολύκαρπος, Polýkarpos; Polycarpus; fue un obispo y mártir de la Iglesia primitiva. Fue obispo de la ciudad de Esmirna, y tanto Ireneo como Tertuliano y Jerónimo registran que Policarpo había sido discípulo del apóstol Juan. Policarpo es considerado uno de los tres Padres Apostólicos principales, junto a Clemente de Roma e Ignacio de Antioquía.
Según el «Martirio de Policarpo», murió como mártir, atado y quemado en la hoguera, y luego apuñalado cuando el fuego no logró consumir su cuerpo. Policarpo es considerado santo y Padre de la Iglesia en la Iglesia ortodoxa, la Iglesia católica, las Iglesias ortodoxas orientales, el luteranismo y el anglicanismo.
Tanto Ireneo como Tertuliano afirman que Policarpo había sido discípulo de Juan el Apóstol, uno de los discípulos de Jesús. En Sobre hombres ilustres, Jerónimo escribe de manera similar que Policarpo era discípulo de Juan el Apóstol, quien lo había ordenado obispo de Esmirna.
Policarpo vivió en la antigua Esmirna, ciudad griega que competía con las vecinas Éfeso y Pérgamo por ser la más grande de la provincia de Asia. En ella se desarrolló una comunidad del cristianismo primitivo bajo tutela del apóstol San Juan, que dirigía las comunidades de Asia desde su asiento en Éfeso. El libro del Apocalipsis menciona a Esmirna como la segunda entre las siete iglesias de Asia, detrás precisamente de Éfeso.
Sobre la predicación de Policarpo se expresa su discípulo Ireneo:
Escritos conservados y relatos antiguos
La única obra que se conserva atribuida a él es la Epístola de Policarpo a los Filipenses, un mosaico de referencias a la Septuaginta, que, junto con un relato del Martirio de Policarpo, forma parte de la colección de escritos denominada Padres Apostólicos. Después de los Hechos de los Apóstoles, que describen la muerte de Esteban, el Martirio se considera uno de los primeros relatos auténticos de un martirio cristiano. Charles E. Hill sostiene ampliamente que las enseñanzas que Ireneo atribuye a cierto presbítero apostólico a lo largo de sus escritos representan las enseñanzas perdidas de Policarpo, su maestro. En la epístola perdida de Ireneo a Florino citada por Eusebio en su obra Historia eclesiástica libro 5.20. Observamos que Ireneo menciona múltiples epístolas escritas por él a las iglesias vecinas y a ciertas personas.
Algunos estudiosos, por ejemplo, Hans von Campenhausen atribuyen las epístolas pastorales --los libros bíblicos 1 Timoteo, 2 Timoteo y la Epístola a Tito--a Policarpo. Dado que el texto de esos libros incluye la atribución a Pablo, esta teoría sobre la autoría de Policarpo sitúa los libros en la categoría de pseudepígrafos.
Las principales fuentes de información sobre la vida de Policarpo son «El martirio de Policarpo», «Contra las herejías» (Ireneo), «La epístola a Florino», las epístolas de Ignacio y la propia carta a los filipenses de Policarpo. En 1999 se publicaron los Fragmentos de Harris, una colección de textos coptos de los siglos III al VI que mencionan a Policarpo.
Policarpo nació en una familia probablemente cristiana en el entorno del año 70 u 80, y según su discípulo Ireneo «fue instruido por los apóstoles y convivió con muchos que habían visto al Señor» y Tertuliano dice que fue el mismo apóstol Juan quien lo constituyó obispo de Esmirna.
Fue cercano a otros padres apostólicos como Ireneo de Lyon, quien fue su discípulo, e Ignacio de Antioquía, quien le solicitó, camino a su muerte, que escribiera a su comunidad en Asia Menor. Poco se sabe de su actividad en Esmirna salvo el testimonio de las cartas que recibió, y la que envió a la comunidad filipense. De varias que compuso ésta es la única obra que sobrevive hasta la actualidad: tras un escándalo por el mal comportamiento de un presbítero, Policarpo aconseja a los filipenses perdonarlo y recibirlo nuevamente en la comunidad. Compuesta hacia el año 117 o 118, la Epístola de Policarpo a los Filipenses es un mosaico de referencias a las Escrituras Griegas: esto es de sumo interés para el estudio del desarrollo del canon bíblico ya que, además de citar la carta de Clemente de Roma, trae citas explícitas de los tres evangelios sinópticos y de varias epístolas de los apóstoles.
Según Ireneo, durante el tiempo en que su compatriota sirio el papa Aniceto fue obispo de Roma, Policarpo visitó Roma hacia el año 154 para discutir las diferencias en las prácticas de las iglesias de Anatolia y Roma acerca del método para determinar en qué día celebrar la Pascua de Resurrección. Ireneo afirma que en ciertos asuntos los dos llegaron rápidamente a un entendimiento, mientras que en cuanto a la celebración de la Pascua, cada uno se adhirió a su propia costumbre sin romper la plena comunión con el otro. Policarpo seguía la práctica oriental de celebrar la fiesta el 14 de Nisán, el día de la Pascua judía, independientemente del día de la semana en que cayera, mientras que Aniceto seguía la práctica occidental de celebrar la fiesta el primer domingo siguiente a la primera luna llena después del equinoccio de primavera. Aniceto permitió a Policarpo celebrar la Eucaristía en su propia iglesia, lo que fue considerado por los romanos como un gran honor.
Durante la estancia en Roma muchas personas se acercaron a conocerlo, porque había visto a los apóstoles: reporta Jerónimo que entonces el líder heterodoxo Marción le pidió sin éxito que avalara sus doctrinas.
En el «Martirio de Policarpo», se cuenta que Policarpo dijo el día de su muerte: «Le he servido durante ochenta y seis años, y Él no me ha hecho ningún mal». Esto podría indicar que entonces tenía ochenta y seis años o que había vivido ochenta y seis años después de su conversión. Policarpo continúa diciendo: «¿Cómo puedo entonces blasfemar contra mi Rey y Salvador? Me amenazáis con un fuego que arde durante una temporada y que, al cabo de poco tiempo, se apaga; pero ignoráis el fuego del castigo eterno que está preparado para los malvados». Policarpo fue quemado en la hoguera y atravesado con una lanza por negarse a quemar incienso al emperador romano. En su despedida, dijo: «Te bendigo, Padre, por juzgarme digno de esta hora, para que en compañía de los mártires pueda compartir la copa de Cristo».
En el año 155 Policarpo fue quemado en la hoguera y atravesado con una lanza por negarse a quemar incienso en adoración al Emperador romano Antonino Pío. Después de los Hechos de los Apóstoles, que describen la muerte de Esteban, el Martirio de Policarpo se considera uno de los primeros relatos genuinos de un martirio cristiano. El texto relata que los judíos buscaban impedir que la comunidad cristiana diera sepultura al cuerpo del mártir «no sea que esa gente cristiana abandonen a su Crucificado y empiecen a rendir culto a éste». El autor explica: «ni podremos abandonar jamás a Cristo … ni hemos de rendir culto a ninguno fuera de él. Porque a Cristo le adoramos como a Hijo de Dios que es; mas a los mártires les tributamos con toda justicia el homenaje de nuestro afecto como a discípulos e imitadores del Señor».
Finalmente los cristianos de Esmirna recogieron los huesos del mártir como reliquias para celebrar su martirio como un natalicio: «nos concederá el Señor celebrar el natalicio del martirio de Policarpo, para memoria de los que acabaron ya su combate y ejercicio y preparación de los que tienen aún que combatir». Su muerte en la hoguera fue un ejemplo evangelizador y motivador para los primeros cristianos.
Es venerado por las iglesias católica, ortodoxa y luterana.
La fecha de la muerte de Policarpo es objeto de controversia. Eusebio la sitúa durante el reinado de Marco Aurelio, hacia 166-167. Sin embargo, una adición posterior a Eusebio al Martirio de Policarpo fecha su muerte el sábado 23 de febrero, durante el proconsulado de Lucio Estatio Cuadrato, alrededor de 155 o 156. Estas fechas anteriores encajan mejor con la tradición de su asociación con Ignacio y Juan el Apóstol.