Tal Día como Hoy

Policía

Fuerza de seguridad encargada de mantener el orden público

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La policía como organización es una fuerza de seguridad encargada de mantener el orden público y la seguridad de los ciudadanos mediante el uso de distintas herramientas cívicas y sociales, entre las cuales, el uso de la fuerza sería la última herramienta llevada a cabo para establecer el orden público. La fuerza policial se encuentra sometida a las órdenes del Estado.​

La mayoría de las fuerzas policiales son organizaciones casi militares, cuya principal obligación es disuadir e investigar crímenes contra las personas o que afecten el orden público, así como arrestar sospechosos, e informar a las autoridades competentes.​ También es responsable de reportar ofensas menores mediante citaciones que suelen terminar en el pago de una fianzas, usualmente por violación de las leyes de tránsito vehicular. Su administración puede ser centralizada a nivel nacional, o descentralizada, con fuerzas de policía local autónomas en gran medida; el tratamiento de los agentes de policía uniformados varía de país a país: en algunas naciones la policía es una fuerza civil armada, mientras en otras es un cuerpo con tratamiento militar.​

Según otros enfoques —de difusión en algunos medios intelectuales, universitarios y políticos— la función de la policía es diferente. Por ejemplo, para el marxismo la policía es parte del aparato represivo del Estado,​ el cual funciona mediante la violencia, ya sea física o no,​ y es un instrumento de la clase burguesa dominante mediante la cual esta se asegura su poder;​ o el discurso foucaultiano, que sostiene que la policía y el sistema penal son instituciones de poder que no se proponen eliminar el crimen sino controlarlo dentro de ciertos límites y hacer uso de él según sus propios intereses.​

La policía puede tener un carácter preventivo como el caso de las policías de ciudad o de proximidad, que pueden ser investigadoras, como las que auxilian al fiscal o al Ministerio Público en la persecución de los delitos; o bien, estar dirigidas a garantizar el debido cumplimiento de normas, como la policía fiscal. También suele tener un servicio de emergencia que provee seguridad en la vía pública, así como en emergencias, desastres y casos de búsqueda y rescate. Para poder responder rápido a las emergencias, la policía normalmente coordina sus operaciones con servicios de bomberos y emergencias médicas. En muchos países todos ellos utilizan número telefónico único de emergencias que permite a la policía, bomberos o servicios médicos actuar en caso de emergencia.

Se llama también "policía" a cada agente perteneciente a dicha organización. Los reclutas suelen recibir formación especializada y deben presentarse a una oposición.

Los antiguos egipcios contaban con un sistema organizado de aplicación de la ley, conocidos como Policía Medjay, que eran responsables de mantener el orden y proteger a la población del crimen, lo que los convierte en uno de los primeros ejemplos de una fuerza policial estructurada.​​

En el Imperio Romano, el ejército desempeñaba un papel fundamental en la seguridad. Los soldados romanos, separados de sus legiones y apostados entre la población civil, desempeñaban funciones de mantenimiento del orden.​ La Guardia Pretoriana, una unidad de élite del ejército que era principalmente una unidad de guardaespaldas imperial y de recopilación de inteligencia, también podía actuar como una fuerza policial antidisturbios si era necesario.

En los principios del siglo V, vigilar se convirtió en una función de los clanes de jefes de Estado. Lores y nobles eran los responsables de mantener el orden en sus tierras, que a veces designaban a un alguacil, en algunos casos sin sueldo, para que se encargase de hacer cumplir la ley.

En las ciudades italianas de finales de la Edad Media, las fuerzas policiales se conocían como «berovierri». Individualmente, sus miembros eran conocidos como «birri». Subordinados al podestà de la ciudad, los «berovierri» eran responsables de la vigilancia de las ciudades y sus suburbios, el patrullaje y la persecución y detención de criminales. Solían ser contratados con contratos temporales, generalmente de seis meses. Los registros detallados de la Bolonia medieval muestran que los birri tenían una cadena de mando, con alguaciles y sargentos a cargo de los birri de menor rango, que vestían uniformes, que se alojaban junto con otros empleados del podestà y varios sirvientes, incluidos cocineros y mozos de cuadra, que su ascendencia y lugares de origen se registraban meticulosamente y que la mayoría no eran nativos de Bolonia, y muchos provenían de fuera de Italia.​​

El primer ejemplo de una fuerza policial oficial en el mundo fue probablemente la Orden de los Altos Condestables de Edimburgo, formada en 1611 para vigilar las calles de Edimburgo, entonces parte del Reino de Escocia. Los alguaciles, de los cuales la mitad eran comerciantes y la otra mitad artesanos, estaban encargados de hacer cumplir 16 regulaciones relacionadas con toques de queda, armas y robo.​ Aunque la primera fuerza policial centralizada y uniformada fue creada por el gobierno del rey Luis XIV en 1667 para vigilar la ciudad de París, entonces la mayor ciudad de Europa.​

En 1663, Londres contrató cuidadores para resguardar sus calles en las noches, aumentando la seguridad que ya brindaban los no remunerados alguaciles, en un comienzo haciendo uso de la fuerza. Esta práctica fue muy difundida por todo el Reino Unido. Por lo que, el 30 de junio de 1800 las autoridades de Glasgow, Escocia consiguieron con éxito la petición al gobierno de pasar de la "acción policial de Glasgow" a la Policía de Glasgow. Éste fue el primer servicio profesional de policía en el país y diferente a las anteriores aplicaciones de la ley; lo que rápidamente fue copiado en otras ciudades.​

En 1829, la legislación de la policía metropolitana pasó a depender del parlamento, permitiendo a Robert Peel, secretario de asuntos internos, fundar la Policía Metropolitana de Londres, reconocida por ser la primera policía organizada con fuerzas civiles y con métodos modernos. Se convirtió en un modelo para las fuerzas policiales de otros países, incluidos los Estados Unidos. Para distanciar a su nueva fuerza policial de la visión pública inicial de ella como una nueva herramienta de represión gubernamental, Peel creo los llamados principios peelianos, que establecían pautas básicas para la ética policial.​​

El primer servicio policial moderno fuera del Reino Unido fue en Gibraltar, con la formación del Gibraltar Police en 1830. ​ En América fue en 1834 con la Policía de Toronto en Canadá.

En España, en 1824 se funda la Policía General del Reino (antecedente de la Policía Nacional), y en 1844 se forma el cuerpo de la Guardia Civil. Dentro de los Estados Unidos, dos de las primeras fuerzas policiales de tiempo completo, fueron el Departamento de Policía de Boston, fundada por Joseph Osier en 1839; y el Departamento de Policía de Nueva York en 1845.

Evolución histórica de la noción de policía

La noción de policía es antigua, aunque la palabra no lo es. Por ello en esta sección se trata sobre la noción de «policía» (es decir, la parte de la potestad estatal posteriormente denominada «policía») y no del vocablo en sí, que es de uso moderno.​

El vocablo «policía» deriva del idioma francés y su uso data del siglo XVIII. De una manera indirecta deriva del latín politīa, y esta del griego polis, "ciudad" o ciudad-estado. De ahí derivó politeia, palabra que define lo relativo a la constitución de la ciudad, el ordenamiento jurídico del Estado, conducta arreglada de los ciudadanos, gobierno, o calidades cívicas del individuo.

En los inicios del Período helenístico, la policía fue el equivalente del gobierno del Estado, cualquiera fuera su régimen, y se identificaba con el Estado.​ En la Edad Media, la noción de policía fue definida como el buen orden de la sociedad civil presidida por la autoridad estatal, quedando el buen orden moral y religioso a cargo de la autoridad eclesiástica.​ Después, durante el siglo XIV, apareció la palabra police, con la que se designó el orden de los negocios públicos en las doctrinas jurídicas de Francia. Así, llegado el Renacimiento, el término 'policía' pasó a entenderse como «el buen orden en la cosa común».​

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