El peronismo, también denominado justicialismo, es un movimiento político de carácter obrerista, populista, nacionalista, y antiimperialista basado en la justicia social. Este surgió en la Argentina a mediados de la década de 1940 en torno de la figura de Juan Domingo Perón y las políticas laborales y previsionales que este llevó adelante desde la Secretaría de Trabajo y Previsión durante la Revolución del 43. Desde su surgimiento ha tenido una importante influencia en la política nacional y ha tenido diversas facciones, por lo que su clasificación en el espectro político ha sido variada. Dependiendo de la época y la facción, se le ha considerado de centroizquierda (Kirchnerismo), de derecha (Menemismo, políticas económicas neoliberales y fuerte retórica anticomunista), o de tercera posición.
En su forma partidaria se organizó primero como Partido Laborista, luego como Partido Peronista, renombrado posteriormente como Partido Justicialista, presentándose por primera vez con esta denominación en las elecciones presidenciales de 1951. En 1949, dos años después de ser promulgada la ley de voto femenino, el peronismo se organizó también en el Partido Peronista Femenino, fundado por Eva Perón e integrado solo por mujeres, que fue disuelto por la dictadura cívico-militar instalada en 1955. Tradicionalmente, su organización se ha realizado sobre la base de tres «ramas» (política, sindical y femenina), a las que a partir de los años 1970 se agregó la Juventud Peronista.
La denominación alternativa de «justicialismo» proviene de la importancia que siempre tuvo en el discurso del movimiento el concepto filosófico de justicia social y fue sugerida por primera vez por Eduardo Raúl Stafforini, especialista en derecho laboral y funcionario de la Secretaría de Trabajo y Previsión cuando Perón se desempeñaba como titular de esta.
En 1952 el art. 3° de la ley 14.184 definió «como 'doctrina nacional', adoptada por el Pueblo Argentino, la doctrina peronista o justicialismo». La oposición al peronismo generó un movimiento inorgánico de gran influencia política, conocido como antiperonismo.
El movimiento peronista agrupa a una serie de corrientes diversas no del todo precisas ni constantes a lo largo de la historia, a veces enfrentadas, incluso electoralmente. Entre las corrientes principales peronistas a lo largo de la historia pueden identificarse el peronismo histórico, el peronismo ortodoxo (también llamado "derecha peronista"), el neoperonismo, el «peronismo revolucionario» en el que estuvo incluida la Tendencia, el peronismo sindical, el menemismo, el kirchnerismo, el peronismo federal en el que está incluido el Frente Renovador, el peronismo feminista, etc.
El peronismo surge en el curso de la llamada Revolución del 43, un gobierno militar heterogéneo que había derrocado al último de los gobiernos fraudulentos del período conocido como la Década Infame. Entre los militares que actuaban en el seno del gobierno militar se encontraba el coronel Juan Domingo Perón, sin ocupar inicialmente ningún cargo de gobierno. Algunos meses después del golpe, un importante grupo de dirigentes sindicales socialistas y sindicalistas revolucionarios (entre los que se encontraban los socialistas Ángel Borlenghi y Juan Atilio Bramuglia, y el sindicalista revolucionario Luis Gay) estableció contacto con Perón y el coronel Domingo Mercante, que llevó a la formación de una alianza para incidir juntos en la política laboral del gobierno militar. Los sindicalistas propusieron a Perón y Mercante crear una Secretaría de Trabajo, fortalecer la Confederación General del Trabajo (CGT) y sancionar una serie de leyes laborales que aceptaran los reclamos históricos del movimiento obrero argentino. En esas reuniones previas, Perón intentó sintetizar el reclamo sindical definiéndolo como una política para «dignificar el trabajo».
Desde ese momento, el grupo de sindicalistas y militares dirigido por Perón impulsó una estrategia de tomar a su cargo la política laboral del gobierno militar. En primer lugar Perón logró que se le asignara un cargo menor en el gobierno, como jefe del Departamento de Trabajo. Desde ese cargo y con el apoyo activo de una cantidad creciente de dirigentes sindicales, Perón inició una reforma profunda en materia de derechos laborales, convenios colectivos de trabajo y de previsión social, que lo llevó a fortalecerse políticamente en el seno del gobierno. Sucesivamente Perón logró elevar la jerarquía de su Departamento Nacional de Trabajo al rango de secretaría ministerial, acumulando luego los cargos de ministro de Guerra y vicepresidente.[cita requerida]
Las reformas laborales, el aumento del poder de los sindicatos y la consolidación de Perón dentro del gobierno militar generaron un fuerte movimiento de oposición a Perón en los sectores empresariales y otros grupos militares del gobierno, a los que poco a poco se sumaron todos los partidos políticos existentes en ese momento. A comienzos de 1945, el conflicto entre ambos sectores se polarizó de la mano de la participación protagónica del embajador de Estados Unidos, Spruille Braden, como opositor público y acérrimo de Perón y organizador de los grupos opositores. Cuenta el historiador radical Félix Luna que en ese contexto de alta conflictividad apareció primero el término “antiperonismo”, que llevó a su vez a que los diferentes grupos ideológicos sindicales que apoyaban las medidas de Perón decidieran comenzar a identificarse como “peronistas” y a movilizarse contra lo que denominaron “la reacción capitalista”. De hecho —considera Luna— el peronismo aparece como un movimiento político-sindical diferenciado el 12 de junio de 1945, en ocasión de un acto sindical para defender las conquistas laborales amenazadas.
Para ese momento, la estructura económico-social del país había cambiado profundamente desde la Gran Depresión de 1929. La economía argentina, basada casi exclusivamente en la exportación de carnes y granos, entró en crisis. El país inició entonces una acelerada industrialización basada en la sustitución de importaciones de los productos manufacturados. Este proceso fue acompañado de un importante flujo migratorio interno desde las zonas rurales del interior hacia la periferia de las grandes ciudades (fundamentalmente Buenos Aires, Rosario y Córdoba). Este crecimiento vertiginoso de la clase obrera, ocupada por las nuevas industrias y con mayor presencia de mujeres, son las que constituirán la base del movimiento peronista.[cita requerida]
La gran movilización obrera del 17 de octubre de 1945
El peronismo considera la gran movilización obrera del 17 de octubre de 1945, celebrado desde entonces como “Día de la Lealtad”, como el hecho fundacional del movimiento. Nueve días antes, el 8 de octubre de 1945, hubo un enfrentamiento entre Perón y el jefe de la poderosa guarnición de Campo de Mayo, general Eduardo Ávalos. Una versión sostiene que Perón aceptó que una votación de oficiales de esa guarnición resolviera el diferendo y como la perdió debió renunciar a todos sus cargos en el gobierno.[cita requerida] Historiadores como Galasso y Potash dan otra versión, y sostienen que la renuncia de Perón fue una exigencia de los jefes militares de Campo de Mayo "como condición insoslayable para mantenerse en orden y no avanzar hacia la Casa Rosada".
Antes de dejar el gobierno, Perón obtuvo del presidente Edelmiro Farrell, la autorización para despedirse públicamente usando la red de radiodifusión. Lo que hizo entonces fue transmitir por radio el discurso que dio ante sus seguidores convocados de urgencia ante la Secretaría de Trabajo, instando a los trabajadores “a defender las conquistas sociales otorgadas”.
El sector de las fuerzas armadas que había dado el golpe respondió exigiendo a Farrell que arrestase a Perón, lo que se hizo efectivo primero en la isla Martín García y luego en el Hospital Militar.
El 17 de octubre, sin embargo, una gran manifestación de trabajadores impulsada por algunos dirigentes gremiales, se reunió en la plaza de Mayo exigiendo la liberación de Perón. La situación dio un vuelco y Perón fue liberado esa misma noche, luego de lo cual habló desde uno de los balcones de la Casa Rosada a la multitud que se había congregado en la plaza.