Percival Harrison Fawcett (Torquay, 18 de agosto de 1867-¿río Xingú?, c. 29 de mayo de 1925) fue un coronel, arqueólogo y explorador inglés. Fawcett junto con su hijo Jack y el amigo de este, Raleigh Rimell, desapareció en circunstancias desconocidas en 1925 durante una expedición para encontrar «Z», nombre que le dio a una antigua ciudad perdida que creía ser El Dorado, en la selva inexplorada de Brasil.
Fawcett nació el 18 de agosto de 1867 en la localidad de Torquay del condado de Devon (Inglaterra), hijo de Edward B. y Myra Fawcett. Recibió su educación en el Newton Abbot Proprietary College. Su padre, nacido en la India, era miembro de la Royal Geographical Society, y de él heredó Percy su interés por la aventura y las exploraciones. Su hermano mayor Edward Douglas Fawcett (1866-1960) era alpinista, ocultista oriental y escritor de novelas populares de aventuras.
En 1886 recibió un destino en la Artillería Real y sirvió en Trincomalee (Ceylán) donde además conoció a su esposa. Más tarde trabajó para el servicio secreto británico en África del Norte y aprendió técnicas de topografía. También fue amigo de los escritores H. Rider Haggard y Arthur Conan Doyle; este usaría más tarde sus informes como fuente de inspiración para su famosa novela El mundo perdido.
La primera expedición de Fawcett a Sudamérica fue en 1906, cuando a la edad de treinta y nueve años viajó a Brasil para cartografiar un área de la selva en la frontera entre Brasil y Bolivia (pampas del río Heath), por encargo de la Royal Geographical Society, que había sido comisionada para cartografiar la región en calidad de árbitro imparcial en una disputa fronteriza. Llegó a La Paz en junio. En su expedición de 1907, Fawcett afirmó haber visto y disparado a una anaconda gigantesca de 19 metros de largo, por lo que fue extensamente ridiculizado por la comunidad científica. Describió otros animales misteriosos, desconocidos para la zoología, como un pequeño perro de apariencia felina casi del tamaño de un foxhound inglés, que afirmó haber visto dos veces, o la araña gigante Apasanca, que se decía que había picado a varios habitantes del lugar.
Fawcett realizó siete expediciones entre 1906 y 1924. Se llevaba bien con los lugareños, sobre todo gracias a los regalos que distribuía y a su paciencia y comportamiento amable. En 1908, rastreó la fuente del río Guaporé y en 1910 hizo un viaje al río Heath, en la frontera de Perú y Bolivia, para encontrar su origen. Después de su expedición de 1913, supuestamente afirmó haber visto perros con narices dobles. Estos pudieron haber sido sabuesos andinos de dos narices. Sobre la base de una investigación documental, Fawcett formuló sus teorías sobre la «ciudad perdida de Z» en Brasil al inicio de la Primera Guerra Mundial. Ya de vuelta al Reino Unido abandonó la Royal Geographical Society por desavenencias con sus miembros. Regresó al servicio activo, se ofreció como voluntario para el frente en Flandes y encabezó una brigada de artillería, a pesar de tener casi cincuenta años de edad. Herido en la batalla del Somme por exposición al gas de cloro, lo que afectaría su visión, fue ascendido a teniente coronel por su acción en combate. Después de la guerra, regresó a Brasil para estudiar la fauna y la arqueología local.
Búsquedas de una civilización prehistórica
Fawcett había estudiado antiguas leyendas y archivos históricos, por lo que se convenció de que había existido una ciudad perdida en algún lugar de la región de Mato Grosso, ciudad a la que puso el nombre de «Z». Según el propio Fawcett, su principal fuente escrita era un documento portugués del siglo XVIII, dejado por un grupo de cazadores de fortuna que anduvieron durante diez años por regiones interiores de Brasil, y finalmente descubrieron una antigua ciudad en ruinas, la ciudad perdida del Manuscrito 512. Dicho documento fue presentado el 6 de febrero de 1911 ante la Royal Geographical Society y sirvió de base para futuras expediciones.
Para Fawcett, aquella ciudad, o ciudad de Raposo, como prefería llamarla, era una de las varias ciudades perdidas del Brasil, remanentes de una vieja civilización, la Atlántida, cuyo pueblo había degenerado, pero aún conservaba vestigios de un pasado olvidado, en momias, pergaminos y láminas de metal cinceladas. Por otra parte, Hiram Bingham, un profesor estadounidense de historia interesado en encontrar los últimos reductos incaicos de Vilcabamba, llegó a Machu Picchu el 24 de julio de 1911, lo que convenció aún más a Fawcett de explorar su teoría.
Otro testimonio de la existencia de aquella civilización prehistórica lo representaba para Fawcett una extraña estatuilla de basalto negro, de 25 cm de alto, cuyo origen no se había podido identificar claramente. Fawcett la obtuvo de su amigo H. Rider Haggard y la llevaba consigo en su última expedición. Tras recurrir a la ayuda de un psicometrista, según relata Fawcett, averiguó que la estatuilla era de origen atlante.
En 1921 Fawcett emprendió una expedición por Bahía, guiándose tanto por el Manuscrito 512 como por el testimonio de otro viajero británico, el coronel O´Sullivan Beare, excónsul en Río de Janeiro, quien afirmaba haber visitado una ciudad perdida parecida a la del Manuscrito 512, a pocos días de camino de la ciudad de Salvador de Bahía.
Según menciona Fawcett en su libro, después de recorrer la región del río Gongogi logró reunir nuevos testimonios de la existencia de ciudades perdidas.
El 3 de diciembre de 1924 presentó sus planes para la siguiente expedición, cuya duración se preveía que fuera de tres años. En 1925, con el apoyo de un grupo financiero con base en Londres, denominado The Glove ("El Guante"), Fawcett regresó a Brasil con su hijo mayor Jack para realizar una expedición con el propósito de descubrir aquellas ciudades perdidas. Antes de partir, Fawcett dejó instrucciones declarando que si él y sus compañeros no volvían, no debía enviarse expedición de rescate alguna en su busca, o de lo contrario los rescatadores sufrirían su mismo destino.
Siendo un hombre con años de experiencia, Fawcett viajaba con todos los pertrechos cuidadosamente escogidos, como alimentos enlatados, leche en polvo, armas, pistolas de bengalas y, por supuesto, un sextante y un cronómetro para determinar la latitud y la longitud. También escogió personalmente a sus compañeros para esta expedición, ambos elegidos por su salud física, habilidad y lealtad el uno al otro: su hijo mayor Jack Fawcett y el amigo de muchos años de Jack, Raleigh Rimell. Fawcett escogió solo a dos compañeros, de modo que podrían viajar más ligeramente y pasar más desapercibidos por las tribus de la selva, algunas de las cuales eran hostiles a los exploradores. En aquel entonces, muchas tribus aún no habían entrado en contacto con los blancos.
El 20 de abril de 1925, su última expedición partió de Cuiabá. Además de sus dos compañeros británicos, Fawcett viajaba con dos arrieros brasileños y el grupo llevaba consigo dos caballos, ocho mulas y dos perros. El último mensaje de la expedición data del 29 de mayo de 1925; se trata de una carta del explorador a su esposa en la cual le informaba de que estaba listo para entrar en territorio inexplorado acompañado únicamente de Jack y Raleigh Rimmell; la misiva fue enviada con ayuda de un mensajero indígena. Se informó de que estaban cruzando el Alto Xingú, un afluente sudoriental del río Amazonas. La última carta, escrita en Dead Horse Camp, indicaba su ubicación y tenía un tono optimista. Desde entonces nada más se supo de ellos.
Muchos supusieron que los indígenas locales los habían matado, ya que en aquel entonces varias tribus habitaban en las cercanías: los kalapalos, que fueron los últimos en verlos, o los arumás, suyás, o xavantes, en cuyo territorio estaban penetrando. Ambos jóvenes ya estaban enfermos y caminaban con dificultad cuando fueron vistos por última vez, pero no hay ninguna prueba de que fueran asesinados. Es probable que murieran de causas naturales en la selva brasileña.
En 1927 una placa de identificación con el nombre de Fawcett fue encontrada en una tribu indígena. En junio de 1933 una brújula de teodolito perteneciente a Fawcett fue encontrada cerca del territorio de los indios baciary del Mato Grosso por el coronel Aniceto Botelho. Como se pudo averiguar posteriormente, la placa con el nombre de Fawcett era de la época de su expedición de 1921 y lo más probable es que el coronel la hubiera ofrecido como regalo al jefe de la tribu; en el caso de la brújula, también se pudo probar que había sido dejada antes de que Fawcett se hubiese adentrado en la selva en su viaje final.