Pedro de Mendoza y Luján (Guadix, Granada, 1499-océano Atlántico, cerca de las Canarias, 23 de junio de 1537) fue un militar de familia noble, caballero de Alcántara desde 1524, almirante y conquistador español, nombrado por el emperador Carlos V como el primer adelantado del Río de la Plata y como gobernador de la Nueva Andalucía.
Una vez en Sudamérica y llegado a la margen occidental del Río de la Plata, sin cumplir las formalidades que implicarían la "fundación" de una ciudad, estableció un fuerte que se considera la primigenia urbe rioplatense-paraguaya —si bien Gaboto había hecho lo propio aguas arriba casi diez años antes en Santo Espíritu, otro asentamiento que tuvo una vida breve— aproximadamente en la misma ubicación donde Juan de Garay más tarde, en 1580, fundaría la "Ciudad de la Trinidad", que por eso fue conocida tradicionalmente como Buenos Aires. Este poblado original establecido el 3 de febrero de 1536 tropezaría con inconvenientes vitales desde el principio y se terminaría de extinguir en cinco años.
Origen familiar y primeros años
Pedro de Mendoza habría nacido hacia 1487 en la ciudad de Guadix, del Reino de Granada, uno de los cuatro de Andalucía que formaba parte a su vez de la entonces Corona de Castilla, en el seno de la poderosa Casa de Mendoza.
Era hijo de Fernando de Mendoza el de Guadix (f. noviembre de 1533), que pertenecía a la aristocracia castellana dedicada al comercio y quien se estableció en Guadix tras su reconquista por los cristianos en 1489, y de su esposa Constanza de Luján (Madrid, ca. 1479-ca. 1533), cuyos padres eran Diego Luján de Villanuño (f. 1484), comendador de la Orden de Santiago y regidor de Madrid, y su cónyuge Catalina de Lodeña y Solís (f. 2 de junio de 1490).
Sus abuelos paternos eran Juan Hurtado de Mendoza y Figueroa, I señor de Colmenar, de El Cardoso y de El Vado y II señor de Fresno de Torote, y su tercera esposa Elvira Carrillo cuya ascendencia es desconocida.
Por lo tanto el tío abuelo era Diego Hurtado de Mendoza, I duque del Infantado y II marqués de Santillana, y los bisabuelos paternos eran el primer marqués Íñigo López de Mendoza, que también era I conde de Real de Manzanares y I señor de Fresno de Torote, y su esposa Catalina Suárez de Figueroa.
Fue el menor de cuatro hermanos, siendo éstos Catalina de Mendoza, Diego de Mendoza y María de Mendoza.
Pedro de Mendoza ingresó desde muy joven al servicio regio en la corte del rey Carlos I de España. Como paje, acompañó al soberano en su viaje a Inglaterra en 1522. En 1524 recibió el título de caballero de la Orden de Alcántara y más tarde por influencia de su padre —el caballero Fernando de Mendoza el de Guadix— se cambió a la Orden de Santiago. Luchó luego en la guerra italiana contra los franceses, en la que participó del Saco de Roma de 1527.
En este último año participó de la guerra entre las tropas del rey Carlos de España y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, contra los Estados Pontificios al mando del papa Clemente VII. La guerra incluyó el saqueo de Roma del cual se benefició personalmente.
En 1533, gracias a los buenos oficios de su parienta María de Mendoza –esposa del influyente Francisco de los Cobos y Molina– comenzó las gestiones que lo convertirían más tarde en el conquistador del Plata.
Adelantado del Río de la Plata
Capitulación de Toledo de 1534
El aseguramiento y la conquista del Paraguay y las zonas aledañas al Río de la Plata, eran de enorme importancia comercial y estratégica, estaban aún por concluirse, y el monarca Carlos I no encontraba financiamiento ni hombres dispuestos a afrontar la peligrosa e incierta empresa.
El principal motivo de enviar tropas a esa parte de Sudamérica era proteger las pretensiones de la Corona española ante los avances de los portugueses. Además en esa época corría una leyenda promovida por los conquistadores más ingenuos y ambiciosos, que mencionaba fabulosas riquezas en la zona, lo que potenciaba el espíritu aventurero de algunos europeos.
La Corona española no podía perder tiempo, porque desde la llegada a Brasil en 1500 de Pedro Álvares Cabral, Portugal amenazaba con expandirse al sur hasta el Río de la Plata y más allá, compitiendo con los españoles por estos valiosos territorios.
Fue en estas circunstancias que Mendoza propuso al rey Carlos I, en 1534, hacerse cargo con su propio patrimonio del diseño y conducción de una expedición al Atlántico Sur que afirmara la soberanía de España sobre esas regiones. El 21 de mayo de 1534, mediante la capitulación, el rey Carlos nombró a Mendoza adelantado o comandante militar de la zona a conquistar, con potestad para fundar fortalezas y pueblos. El cargo tenía múltiples atractivos: era hereditario, combinaba las funciones de gobernador, jefe militar y magistrado, ofrecía grandes posibilidades económicas (por lo que los adelantados, que debían costearse sus propias expediciones, lo utilizaban para intentar recuperar el capital invertido), motorizadas por las referencias de los indios, de que en el interior del continente se hallaban grandes riquezas en oro, plata y piedras preciosas, a saber el Potosí y otras zonas de las faldas andinas. Lo que desconocían los aventureros es que las zonas apuntadas estaban ya bajo el acecho de otros aventureros que avanzaban desde el Perú. El acuerdo no tenía límites territoriales. En efecto, a mayor superficie conquistada, mayor territorio gobernaría el adelantado en cuestión, lo que incentivaba el avance geográfico español ante las ambiciones portuguesas en algunas zonas en competencia.
Su territorio asignado comprendía el Río de la Plata o de Solís dentro de sus dominios, y tenía de extensión 200 leguas hacia el sur, desde la gobernación de Nueva Toledo asignada a Diego de Almagro. Según la historiografía chilena y otras fuentes, sería en concreto desde el paralelo 25°31′26″ S –límite sur de la Nueva Toledo– al norte, hasta el paralelo 36°S –límite norte de la gobernación de Nueva León que fue concedida a Simón de Alcazaba y Sotomayor y posteriormente a Francisco de Camargo– al sur. Según el jurista Vicente Quezada y parte de la historiografía argentina, la gobernación se habría extendido desde el Río de la Plata por la costa del océano Atlántico "hasta" el estrecho de Magallanes, más 200 leguas de costa en el océano Pacífico desde la boca occidental del Estrecho. Sin embargo, Quesada ha sido acusado de omitir la capitulación de Alcazaba, suponiendo que la gobernación de Pedro de Mendoza habría llegado "hasta" el estrecho de Magallanes, y no que las 200 leguas iban en dirección sur "hacia" dicho estrecho, pero sin llegar a él, como dice el documento original, por lo que se describe su transcripción de la real cédula como errónea en esa palabra que cambia su significado. La acusación sobre la omisión de la capitulación de Alcazaba es injustificada, por cuanto Quesada se ocupa de ésta en el capítulo 2 y 3 de su obra titulada "Historia colonial argentina".