Tal Día como Hoy

Pedro Rodríguez de Campomanes

Ilustrado, noble y escritor español (1723-1802)

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Pedro Rodríguez de Campomanes y Pérez-Sorriba, primer conde de Campomanes (Santa Eulalia de Sorriba, Tineo, Asturias, 1 de julio de 1723-Madrid, 3 de febrero de 1802) fue un político, jurisconsulto y economista español. Fue nombrado ministro togado del Consejo de Hacienda en 1760, durante el primer gobierno reformista del reinado de Carlos III, fiscal del Consejo de Castilla en 1762 y gobernador del propio Consejo en 1783. En 1791 es cesado como gobernador del Consejo de Castilla y pasa a ocupar una plaza en el Consejo de Estado, donde permanecerá hasta su muerte en 1802.

Fue el segundo de tres hermanos bien avenidos; la primera fue Josefa (nacida en 1721) y el último Francisco (nacido en 1724); su hermana residió siempre en Cangas de Tineo, donde se casó, y sus hermanos renunciaron a sus cortas herencias en su favor.​ Además Pedro contribuyó a sufragar los gastos de sus dos sobrinos: Domingo Fernández de Campomanes, miembro del Consejo de Castilla y diputado absolutista,​ y Francisco, auditor de la Nunciatura apostólica y ministro honorario en 1808 del Consejo de Castilla, en el prestigioso Colegio Mayor de San Clemente de los Españoles de Bolonia; ambos llegaron a altos puestos en el Estado y en la Iglesia, respectivamente.

Los padres de estos tres hermanos fueron Pedro Rodríguez Campomanes (de Sumión de Arriba, nacido en 1688) y María Pérez Fernández (de Sorriba, nacida hacia 1690). Ambos progenitores eran hidalgos de clase, aunque el linaje Campomanes era más antiguo que el de la madre. Al fallecer su padre (1724), la madre confió su manutención y formación a un tío suyo, Pedro Pérez de Sorriba, canónigo de la colegiata de Santillana del Mar; después se le uniría su hermano Francisco. Los primeros estudios los hizo en Santianes (Santianes de Tuña o de Tuna), cerca de Sorriba, y solo marchó a Santillana con su tío cuando tenía unos siete años; allí se formó demostrando una inteligencia precoz en el estudio de las lenguas clásicas (a los diez años traducía fragmentos de Ovidio); en efecto, tuvo un buen maestro de latinidad, Manuel Gozón. Pedro y Francisco recibieron la primera tonsura el 26 de septiembre de 1736 con 12 y 13 años de edad, quizá para poder acceder a algún beneficio eclesiástico; pero solo siguió la carrera eclesiástica Francisco. Aconsejado por Gozón, Pedro enseñó voluntaria y gratuitamente latinidad en Cangas de Tineo, pero ya a los trece años leía sponte sua las Instituta de Justiniano. Luego inició la carrera de leyes en Oviedo, que continuó y concluyó en Sevilla, siempre como manteísta, aunque solo se supone: no hay constancia documental alguna de que estudiara en esos lugares entre 1739 y 1745, aunque sus panegiristas Traggia y Doménech escribieron que se licenció in utroque iure en Sevilla​ y se trasladó a Madrid; el propio Campomanes escribió que estaba en Madrid ya en 1741, con 18 años, haciendo cuatro años de pasante simultáneamente en los despachos de Juan José Ortiz de Amaya y de Miquel Cirer y Cerdá; incluso se fogueó en los tribunales durante un año como miembro de la Junta de práctica de Tomás Azpuru y Jiménez. Ortiz de Amaya estaba emparentado con el abad de la colegiata de Santillana del Mar, Gaspar de Amaya, así que hay que suponer que habría sido recomendado como joven neófito por su tío, el canónigo Pedro Pérez de Sorriba.​ Finalmente obtuvo el título o títulos de Bachiller en Leyes y de Bachiller en Cánones y recibió el de Licenciado el 4 de diciembre de 1745 con 22 años y 5 meses. Solicitó una habilitación especial de un semestre por la lentitud de las gestiones antes de ser admitido en el Colegio de Abogados de Madrid y abrió un bufete; demostró tan portentosa competencia como abogado, que los nobles recurrían a sus servicios continuamente. Era, asimismo, un lector voraz; y fue uno de los pocos que leyeron y comprendieron a Baruch Spinoza;​ entre sus libros estaban, incluso, el Tratado de la naturaleza humana de David Hume, y la Riqueza de las Naciones, de Adam Smith.​

Ávido de saber, especialmente en materias históricas, económicas y filológicas, se dedicó intensamente a estudiar lenguas antiguas y modernas y, además, árabe. Frecuentaba la tertulia conventual del ilustre polígrafo benedictino padre fray Martín Sarmiento, quien le inculcó un amor sin límites a los patrióticos ideales de regeneración de su hermano de orden, Benito Jerónimo Feijoo, de quien luego sería su más entusiasta apologista, biógrafo y editor. Al advenir al trono Carlos III, se fijó en él y fue nombrado miembro de los consejos de Hacienda y de Castilla y volcó su vida por entero a la política, como pueden acreditar los numerosos cargos oficiales que desempeñó y los muchos asuntos para los que fue requerido. Se consagró a las reformas en tres sectores: jurídico, económico y político, bajo el signo de la Ilustración. En el ámbito político, se le ha clasificado como defensor del despotismo ilustrado; en el económico, se opuso al monopolio gremial y de la Mesta, últimos restos del anticuado sistema económico estamental; asimismo promovió el comercio y la industria y favoreció la expulsión de los jesuitas y la desamortización de sus bienes. Por demás, aun tuvo tiempo de casarse tempranamente con la hidalga extremeña de Alburquerque doña Manuela de las Amarillas Sotomayor y Amaya, de quien tuvo tres hijos que superaron la infancia: Sabino Rodríguez de Campomanes Amarilla (1764-1825) II conde de Campomanes, Bibiana y Manuela Susana.

De 1747 es su espléndida obra Historia sobre la Orden y Caballería de los Templarios, uno de los documentos más importantes y completos sobre la Orden del Temple, el proceso que se le siguió y la muerte en la hoguera de sus dirigentes más destacados, aunque también, como economista, discurre minuciosamente sobre el destino de sus bienes; parecía aquí anticiparse el regalismo de una política que desembocaría veinte años más tarde en la expulsión de los jesuitas (1767) a consecuencia o pretexto del motín de Esquilache (1766). De esa misma línea es su Bosquejo de política económica española, delineado sobre el estado presente de sus intereses (1750), que firmó con el pseudónimo de Rodrigo Perianes Campo. Todos estos trabajos le valieron su inserción en la Real Academia de la Historia en 1748. Y en ese año precisamente empezó sus estudios de árabe con el padre maronita, bibliotecario de Fernando VI, Miguel Casiri (1710-1791). Con su ayuda tradujo dos capítulos (XVII y XIX) de un tratado agronómico de Ibn al-Abwan o Abu Zacaría (1751). Asimismo estudió griego con el helenista José Carbonell Fougasse (1707-1801), que era también condiscípulo de Casiri.​ Investigó después, entre 1751 y 1754, los concilios celebrados en España y publicó su estudio en el tomo segundo de las Memorias de la Academia; en 1753 fue nombrado Censor de la Real Academia de la Historia y en 1755 obtuvo el puesto de director general de Postas y Correos.

Carlos III lo nombró ministro de Hacienda en 1760; por entonces fue cuando leyó el Proyecto económico... de Bernardo Ward, cuyas ideas asumió y cuya publicación promovió. En 1762 fue nombrado fiscal del Consejo de Castilla, que más tarde presidió. En 1763 pasó a ser miembro de la Real Academia Española y en 1764 obtuvo la presidencia de la Real Academia de la Historia, puesto que desempeñó hasta 1791 y retomaría en sus últimos días. Entre sus logros como ministro de Hacienda figuran el haber establecido subsidios para las zonas agrícolas más desfavorecidas, el conseguir liberar el comercio y la agricultura de los impuestos que impedían su crecimiento y el decreto de libre circulación de los cereales.

En 1765, año en el que publicaría su importante Tratado de la regalía de amortización, muy pronto traducido a las demás lenguas europeas, Campomanes fue nombrado presidente del Consejo de la Mesta. Aprovechó ese mismo año para apoyar a la Compañía de Impresores y Libreros, nacida en 1763, concediéndoles el beneficio de la edición exclusiva de las Obras completas de Benito Jerónimo Feijoo, que acababa de fallecer y hasta entonces circulaban sueltas, y él mismo se encargó de escribir una "Noticia biográfica" para la obra, que constó de catorce volúmenes en octavo; pretendía así divulgar el nuevo pensamiento reformista por toda España.

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