Tal Día como Hoy

Pedro Lira

Pintor y propulsor de la pintura chilena

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Pedro Francisco Lira Rencoret (Santiago, provincia de Santiago; 17 de mayo de 1845 - Santiago, provincia de Santiago, 20 de abril de 1912), fue un pintor y crítico artístico chileno. Fue un promotor del arte en su país, organizó algunas de las primeras exposiciones de arte en Chile y es considerado como uno de los artistas de mayor importancia para el desarrollo de la pintura en Chile,[cita requerida] dando origen a múltiples organizaciones y convenciones de arte especializado. Alcanzó galardones en la Francia del siglo XIX y, debido a esto y a otros elementos de importancia, es que el pintor es citado por Antonio Romera como uno de los cuatro «grandes maestros de la pintura chilena».​

Es uno de los artistas chilenos del que se encuentra mayor documentación histórica tanto de su vida como de su obra.​

Lira provenía de una familia acomodada, era hijo del político José Santos Lira Calvo y Martina Rencoret Cienfuegos. Durante su infancia y adolescencia estudió en el Instituto Nacional de Chile desarrollando aquí una parte importante de su educación humanista. Aficionado al arte, entró en la Academia de Pintura dirigida por el italiano Alejandro Ciccarelli, conocido pintor de técnica néoclasica, quien inculca en Lira las habilidades manuales que le permiten desarrollar la composición histórica y la contemplación del modelo vivo, de acuerdo al modelo de arte italiano imperante en la época.

Hacia 1862, Lira entró al taller del maestro paisajista Antonio Smith, mientras cursaba paralelamente la carrera de Derecho en la Universidad de Chile, donde se titularía en 1867. Sin embargo, su afición por la pintura lo haría abandonar su profesión de abogado, la cual nunca llegó a ejercer realmente, y pasó a dedicarse a tiempo completo al arte.

En los momentos en que Lira entra al ambiente artístico, Chile vivía un momento de gran prosperidad económica, especialmente luego del fin de la Guerra del Pacífico, en el cual el desarrollo de las artes y letras experimentaron un aumento exponencial en comparación a lo vivido durante gran parte del siglo XIX; por ello a Lira no le complica el desarrollo de su profesión y le permite obtener becas que lo financien en el extranjero.

Durante su tiempo en el país Pedro Lira ganó rápidamente reconocimiento tras obtener la tercera medalla en un concurso realizado con motivo de la inauguración del Mercado Central de Santiago en 1872, que estaba organizada por el intelectual Benjamín Vicuña Mackenna. Actualmente se considera ésta como su primera exposición pública. Además de Lira, se presentaron otros pintores chilenos de renombre como Manuel Antonio Caro, Alberto Orrego Luco, Javier Mandiola, Antonio Smith y Cosme San Martín. La exposición del mercado fue un gran éxito, con 25 000 visitas estimadas durante los 25 días en la que estuvo abierta.

Lira, tras el éxito de su primera exposición, decide entonces, deseando ampliar sus conocimientos y convencido ya de su vocación artística, emigrar a Europa junto con su amigo y futuro cuñado Alberto Orrego Luco, con el fin de profundizar su técnica. Al llegar a París, Lira se encuentra con un ambiente de conflicto producto de las nuevas corrientes pictóricas que intentan renovar el arte, el romanticismo y el neoclasicismo. Pedro Lira se muestra receptivo a las enseñanzas de sus maestros y no se une a ninguno de los dos bandos en lucha. Permanece al margen, observa y finalmente elige al francés Jules-Élie Delaunay como maestro.

Durante diez años vivió en Francia, entre los años 1873 y 1884. Aquí aprende a dominar el óleo sobre tela, el aguafuerte, el dibujo y el mural. Lira se muestra admirador del pintor romántico Eugene Delacroix y copia varias de sus pinturas, siendo la más notable una basada en la entrada de los cruzados en Constantinopla. El pintor chileno se sintió atraído por esta corriente pictórica y desde ese momento en adelante sus pinturas, aunque morfológicamente precisas, quedaron cargadas por el sentimiento romántico. Luego de ganar fama, se le concedió una mención honrosa en el Salón de París, premio que rara vez se le otorgaba a los latinoamericanos, siendo uno de los pocos que en algún momento lo ha recibido. A pesar de su éxito en Francia, Lira decide volver a Chile.

Al llegar a Santiago, el ambiente se encontraba remecido por un gran impulso arquitectónico fomentado en gran parte por Benjamín Vicuña Mackenna, intendente de la ciudad. Esto, sumado al espíritu renovador del gobierno de Domingo Santa María, generó un gran impacto en el pintor. Sintió aquí la oportunidad de generar un ambiente cultural semejante al parisino y exponer su arte de por medio.

Pionero dentro del rubro de la difusión artística, bajo su amparo se desarrolla la primera exposición exclusivamente nacional en 1884 y, junto al escultor José Miguel Blanco, funda la "Unión Artística", organización dedicada a la promoción de obras artísticas y que participaría activamente en la creación del actual Museo de Bellas Artes que, por ese entonces, estaba en funcionamiento en el segundo piso del Congreso Nacional. Pedro Lira fue además el impulsor de los salones de arte permanente en Chile y bajo su auspicio se crea un museo en la Quinta Normal, donde se celebrarían desde entonces múltiples exposiciones entre 1885 y 1910.

Pictóricamente hablando, Pedro Lira se destacó por su innata capacidad para la pintura sin apegarse a ningún estilo en particular. Aunque siempre prefirió el romanticismo francés, su estilo varió desde un academicismo parisino hasta un realista más vernacular. Así, según el historiador Antonio Romera, suceden tres partes fundamentales de su obra: el romanticismo naturalista, el realismo y el romanticismo purista.

Años más tarde, durante el gobierno del presidente José Manuel Balmaceda, se puede observar la gran inversión realizada con el fin de modernizar el país utilizando los dividendos provenientes de la explotación salitrera. Significó esto para Lira un gran incentivo a la promoción artística, al desarrollarse con más fuerza la cultura y las artes. Indirectamente, esto produce un aumento de sus alumnos y seguidores, dentro de los que se encuentran los pintores José Agustín Araya, Marcial Plaza, Rafael Correa Muñoz, Julio Fossa Calderón, los premios nacionales de arte Pablo Burchard y Pedro Reszka, además de la primera pintora chilena reconocida como tal en Chile, Celia Castro, con quien viajó a Europa en 1889.​

Además de la calidad de sus obras, casi siempre de grandes dimensiones, con fuerte influencia europea y pintura detallista, a la habilidad para el detalle minúsculo y su modelación humana producto de complejos estudios, Lira destacaba por su habilidad para la docencia, a pesar de la oposición de algunos alumnos que lo apodaban el Dictador Lira, debido a que se refería de forma despectiva hacia los artistas contemporáneos.

El escritor Antonio Romera en Historia de la pintura chilena describe lo significativo que fue para el arte chileno el desarrollo pictórico de Pedro Lira:

Son sus habilidades discursivas las que estimularon a sus alumnos a una mejor comprensión del arte. Cuenta Ricardo Bindis que el pintor mismo recogía extractos de textos, recortes o críticas y las llevaba a sus clases, a modo de mejorar la capacidad cultural y artística de sus discípulos, fomentando la reflexión, llevando desde la Divina comedia hasta libros de Balzac. La labor docente de Lira ha sido ampliamente documentada y reconocida, generando con el paso del tiempo, una nueva época de grandes maestros artísticos en Chile enraizados en un estilo fuertemente francés.

A pesar de ser un férreo opositor de las nuevas tendencias impresionistas que intentaban imponerse en el Chile de esa época, influyó fuertemente sobre pintores más modernos que él, como Juan Francisco González y Alberto Valenzuela Llanos. Sumado a ellos, su influencia se manifestó en la obra de dos famosos pintores marítimos, Thomas Somerscales y Casanova Zenteno.

En 1887 recibe un encargo con el que alcanzaría fama mundial. En Santiago se construía, bajo el lápiz del arquitecto francés Víctor H. Villeneuve, el nuevo edificio para la Biblioteca del Instituto Nacional en la Alameda de las Delicias, y sería el mismo Pedro Lira quien, en una carta al Ministro de Obras Públicas, solicitara que le asignasen las labores de decoración del Salón de Lectura incluidos en el proyecto. El ilustre Gabriel René Moreno, bibliotecario del Instituto, le encarga la confección de seis cuadros con temáticas históricas; cuatro retratos pequeños representando a distintas personalidades y dos cuadros centrales: "El descubrimiento de América" y La fundación de Santiago. Sería esta última la que ganara la segunda medalla en la Exposición Universal de París, realizada en 1889 (obra actualmente en el Museo Histórico Nacional). Su reconocimiento internacional lo convierte rápidamente una autoridad del arte en Chile, participando en diversas actividades de reflexión y crítica a través de diarios y revistas.

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