Pedro IV de Aragón, llamado el Ceremonioso (Balaguer, 5 de septiembre de 1319 – Barcelona, 5 de enero de 1387), fue rey de Aragón, de Valencia y de Mallorca (1344-1387); duque de Atenas (1380-1387) y Neopatria (1377-1387); conde de Barcelona (1336-1387) y de Ampurias (1386-1387), hijo de Alfonso el Benigno.
Pedro fue el hijo mayor del infante Alfonso de Aragón y de su primera mujer, Teresa de Entenza. Dado que Alfonso era un hijo segundón no destinado inicialmente a reinar se había acordado su matrimonio con una rica heredera que acumulaba el condado de Urgel, las baronías aragonesas de Entenza, Alcolea y Antillón en el este del reino de Aragón y otras posesiones. El matrimonio incluía provisiones para mantener separados el dominio real y estos estados feudales, algo que cobró relevancia cuando el infante y heredero real Jaime renunció a la corona llevando al padre de Pedro al puesto de heredero aparente.
Antes de ser escogido para el trono, el infante Alfonso había tenido ya dos hijos varones supervivientes: Pedro, por el que entonces prometía pasar la línea de sucesión real y Jaime, que en virtud de esos acuerdos pasó a ser el heredero a los estados de su madre. Sin embargo, el también infante Pedro, conde de Prades, había intentado ser designado heredero en lugar de su hermano Alfonso. Para asegurar la situación de su hijo, el futuro Alfonso IV solicitó a su padre, el aún rey Jaime II de Aragón, que confirmara a Pedro como el siguiente heredero. Finalmente fue proclamado heredero en las Cortes de Zaragoza, con apenas cinco años y la oposición de su tío. Poco después falleció su abuelo, ascendiendo al trono su padre como Alfonso IV.
Pedro fue por ello educado entre aragoneses, aspecto concorde con la lengua más usual de su etapa como infante. Como heredero, recaían en él el cargo de Procurador General de Aragón y la Lugartenencia de la Corona, con autoridad para suplir a su padre en caso de ausencia de este. Siendo aún infante residió en Zaragoza.
Su padre, que era viudo al ascender al trono, se casó de nuevo con Leonor de Castilla, con la que tuvo dos nuevos hijos varones, los infantes Fernando y Juan. Con pocas expectativas de que estos hijos heredaran el trono, la nueva reina se dedicó a asegurarles una parte de la herencia logrando que Alfonso IV les concediera amplias donaciones territoriales a costa de las tierras de realengo. Frente al partido de la reina, un sector de la nobleza aragonesa preocupado por la desmembración de las tierras de la corona se agrupó alrededor del infante y heredero Pedro. La respuesta del rey fue la ejecución de Lope de Concud, secretario del infante, y la expulsión de la corte de varios partidarios de su hijo opuestos a su madrastra.
En respuesta, Miguel Pérez Zapata junto al ayo del infante Miguel de Gurrea y los caballeros García de Lóriz y Vidal de Vilanova acompañaron al infante y lugarteniente a Ejea y posteriormente a Jaca, alejándose de la justicia real y preparando una posible huida a Francia si fuera necesario. También comenzaron las negociaciones para prometer a Pedro con Juana de Navarra, dado que el infante y los reyes de Navarra tenían un enemigo común en Castilla.
Sin embargo debido a una enfermedad de Alfonso IV, el infante Pedro comenzó a ejercer de Lugarteniente de la Corona de Aragón, apoyado por el arzobispo de Zaragoza Pedro López de Luna, que tenía a su cargo la educación del infante real. Eso lo puso ya a cargo de tareas como las negociaciones con las ciudades aragonesas para la aprobación de impuestos.
Situación dinástica y geoestratégica
La muerte de su padre en 1336 convirtió al infante Pedro en rey, si bien en una situación políticamente precaria. Su madrastra ante el cambio en fortunas políticas había comenzado a negociar con su hermano Alfonso XI de Castilla la entrega de castillos claves en la defensa de la frontera aragonesa con Castilla como Somet y Berdejo a cambio de que apoyara las reivindicaciones de sus sobrinos. Siendo aún regente por enfermedad de su padre, Pedro tomó medidas para guarnecer dichos castillos con tropas leales antes de que pudiera tener lugar un golpe de mano. Sin embargo, la reina viuda y sus hijos acumulaban amplios y estratégicos territorios en el reino de Valencia, Tortosa y la Serranía aragonesa de los que iba a ser problemático dislocarlos.
No sólo se encontraba el nuevo rey con los problemas de su madrastra sino con una delicada situación dinástica y política. Su hermano Jaime heredaba con el condado de Urgel, el vizcondado de Ager y sus baronías en el Cinca un amplio estado autónomo tanto en Cataluña como en Aragón y era por fuero el heredero y el gobernador en nombre del rey en caso de que Pedro no estuviera disponible. Su tío Ramón Berenguer de Aragón era conde de Prades y barón de Entenza en Cataluña y su otro tío Pedro de Aragón y Anjou era conde de Ribargoza en Aragón y de Ampurias en Cataluña, engrosando la lista de grandes magnates interesados en limitar la autoridad real, cuando no en ejercer la regencia por su joven sobrino al que ya habían intentado desplazar en la línea sucesoria.
Además el Reino de Mallorca estaba gobernado por su cuñado y pariente lejano Jaime III de Mallorca, bisnieto de Jaime I el Conquistador. En enero de 1279 los dos hijos del Conquistador habían firmado el tratado de Perpiñán, por el que el rey mallorquín Jaime II había reconocido ser vasallo de Pedro III, vasallaje al que secretamente el rey mallorquín se opuso y que sólo se reconoció a raíz de la campaña de conquista de Alfonso III de Aragón (1285), que finalizó con el tratado de Anagni (1295), en el que un derrotado Jaime III volvía al vasallaje al tronco dinástico principal. Este vasallaje era sin embargo fuente de potenciales disputas, pues su reino de Mallorca y sus condados de Rosellón y Cerdaña lo convertían en otro gran magnate de la Corona, incluso acuñando moneda propia en el Rosellón y reclamando prerrogativas protocolarias de monarca en la corte de Pedro IV.
En el reino de Sicilia gobernaba Federico II, otro miembro de la dinastía en teoría sin vasallaje alguno a Pedro según los términos de Anagni, pero en la esfera dinástica de la Corona de Aragón. A cambio de renunciar a la soberanía sobre Sicilia, el tratado de Anagni había concedido a la corona de Aragón el reino de Cerdeña. Sin embargo, pese a la campaña de conquista de su padre, el territorio insular y topográficamente complejo de Cerdeña era difícil de controlar. Pedro heredaba un control directo sobre Cagliari, Sassari y Gallura, pero casi la mitad de la isla conformaba un principado autónomo bajo Hugo II de Arborea y aún quedaban posesiones genovesas y pisanas en el norte de Cerdeña. Tanto Mallorca como Sicilia y Cerdeña servían de escala marítima en las rutas del Mediterráneo Occidental, poniendo en competencia a la Corona de Aragón con las repúblicas marítimas del Occidente italiano y marcando la política exterior que iba a poder desarrollar Pedro el Ceremonioso. A cambio le ganaban un aliado en la República de Venecia, competidora de los enemigos aragoneses.
A las amenazas derivadas de Castilla y la política mediterránea a se unía la política francesa, donde la Guerra de los Cien Años estaba incipiente y la Corona de Aragón aún tenía cierta exposición, principalmente a través de las posesiones del reino de Malloca en el Mediodía francés.
Para afrontar estos retos, el nuevo rey tenía una capacidad de actuación bastante limitada. La Corona de Aragón era un estado compuesto con cortes diferentes para los reinos de Aragón, Valencia y el Principado de Cataluña, así como un sistema territorial fuertemente autónomo.
De acuerdo al Privilegio General de Aragón y al Privilegio de la Unión arrancados por los estamentos feudales a su bisabuelo, el monarca tenía unos poderes muy limitados en el reino de Aragón. Notablemente la Unión de Aragón agrupaba a la nobleza aragonesa e iba a ser un obstáculo para cualquier intento de consolidar el poder real. La Unión hacía de liga entre la pequeña nobleza aragonesa, que se reservaban una serie de cargos en la administración del reino y sus ciudades, y los magnates de la alta nobleza como las casas de Luna, Alagón, Cornel, Urrea, Híjar y Fernández de Heredia.