Tal Día como Hoy

Paulo IV

223.er papa de la Iglesia católica y 131.er soberano de los Estados Pontificios

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Paulo IV o Pablo IV (en latín: Paulus PP IV), de nombre secular Gian Pietro Carafa (Capriglia Irpina, 28 de junio de 1476-Roma, 18 de agosto de 1559) fue el 223.er papa de la Iglesia católica y 131.er soberano de los Estados Pontificios.

Inicios y ascenso al episcopado

Gian Pietro (o Gianpietro/Giampietro o Giovanni Pietro) Carafa nació en Capriglia Irpina (actualmente en la provincia de Avellino) el día 28 de junio de 1476, entre la octava de San Juan y las primeras Vísperas de San Pedro, motivo por el cual le fueron impuestos como nombre propio los de estos santos.

Era hijo de Giovanni Antonio (o Giannantonio) Carafa, de los condes Carafa della Stadera (f. Flandes Occidental, 1516) —de una de las más nobles familias​ del Reino de Nápoles—, y de su esposa Vittoria Camponeschi, y nieto materno de Pietro Lalle Camponeschi, último conde de Montorio al Vomano, y de su cónyuge portuguesa María de Noronha —una hija de Beatriz de Noronha,​ y de su esposo Rui Vaz Pereira— de la familia noble de Pereira, Senhores dos Lagares de El-Rei y Senhores de Paiva, Baltar e Cabeceiras de Basto. Sus tíos también fueron importantes cargos eclesiásticos: Alessandro era arzobispo de Nápoles y Oliviero cardenal de la Santa Iglesia.

A los catorce años se puso de acuerdo con su hermana mayor, María, para abandonar totalmente los privilegios y honores de que gozaban por su familia, retirándose ambos a la vida de clausura. El mismo día que su hermana, acompañada de su madre, ingresa en un convento de las dominicas, Giampietro ingresa en el convento de los dominicos, a imitación de santo Tomás de Aquino, tres siglos antes. Pero su padre no lo consintió y, ayudado por un grupo de hombres armados, le sacó del convento.

Ser miembro de una ilustre e influyente familia napolitana le permitió desarrollar la carrera eclesiástica desde muy joven. Carrera que impulsó su tío, el cardenal Oliviero Carafa (1430-1511), quien le introdujo en la Curia Romana como cameriere pontificio de la corte de Alejandro VI (1500). Ya con el papa Julio II fue nombrado protonotario apostólico (1503). Durante ese tiempo aprovechó para ahondar en los estudios, tanto que era capaz de recitar de memoria libros enteros de los clásicos latinos y griegos.

En Roma se esforzó también realizando obras de caridad. Junto al genovés Ettore Vernazza fundó el Hospital de Incurables,​ que más tarde sería agrandado por el cardenal Salviati.

Giampietro fue promovido por su tío, el cardenal Oliviero, para obispo de Chieti en 1505. En 1506 fue nombrado también nuncio de paz ante el Rey Católico en Nápoles, misión que desempeñó con éxito.

Partió luego de Roma hacia su obispado, encontrándolo en gran ruina: sacerdotes que apenas sabían leer el Misal; monjes vagabundos que fuera del claustro se comportaban mundanamente, la mayoría barbudos, desaliñados, armados y prepotentes, que habían olvidado sus obligaciones sagradas, no vivían el celibato y tampoco vivían en comunidad; laicos fanáticos, corruptos y violentos; nobles prepotentes y enfrentados con la Iglesia.

En este ambiente, Carafa logró la obra de la reforma con carácter, firmeza y perseverancia, tanto que no quiso asistir al quinto Concilio Lateranense (1511) para no alejarse de su diócesis y atenderla a distancia por vía epistolar. Tampoco se personó a las sesiones del Concilio que tuvieron lugar en 1512, y solo se acercó a Roma en 1513. Ya en el Concilio fue llamado a formar parte de la comisión para la paz entre los príncipes cristianos y la extirpación de la herejía, en la cual desarrolló una labor enérgica y fecunda, contribuyendo a la reconciliación entre el nuevo papa, León X, y el Rey de Francia, Francisco I.

Entonces, de acuerdo con el papa León X, Carafa fue enviado como legado a latere, en misión de paz, a la Inglaterra de Enrique VIII, quien le recibió amistosamente. Consiguió que se firmara un tratado de paz entre Inglaterra y Francia y, de paso, recogió también el Óbolo de San Pedro. Permaneció allí hasta 1515.

En 1515 Carafa fue nombrado nuncio apostólico en España, en donde se le acogió con honores pero también encontró ciertas dificultades en su labor. Fue nominado por Carlos V a la sede arzobispal de Bríndisi en 1518,​ que Carafa aceptó a condición de ejercer los dos cargos, nuncio y obispo de sede, solo 6 meses. El papa haría, sin embargo, que pasado el semestre continuara con los dos trabajos.

En 1519 se dirigió a Nápoles, donde fundó, junto con el genovés Ettore Vernazza (h. 1470-1524), la Compagnia di carità dei Bianchi.​​

Después retornó a Roma, en donde fue acogido por el Pontífice con afecto. Trabajó con otros teólogos en la condena a Lutero. De hecho, publicaría en 1520 el tratado De Justificatione, una vez difundida la bula condenatoria.

A la muerte de León X, el nuevo papa Adriano VI llamó al obispo Carafa a Roma, para trabajar en la reforma de la Iglesia. Al breve papado de Adriano le sucedió el papado de Clemente VII, en el que el Obispo de Chieti tuvo el mismo encargo reformador. Pronto se daría cuenta de que, por el carácter tímido y perplejo de Clemente, poco podría hacerse para llevar a cabo la reforma. Carafa valora entonces renunciar a sus diócesis y retirarse del mundo con idea de convertirse en camaldulense.

Carafa conoció a monseñor Cayetano de Thiene, un protonotario noble admirado en la urbe romana por su virtud y su celo, al punto de ser apodado «cazador de almas», con quien participó en el Oratorio del Amor Divino. Cayetano planeaba hacía tiempo la fundación de una asociación sacerdotal que se preocupara por la gloria divina y por la salud de las almas. Visitó entonces a Cayetano y le expresó su deseo de renunciar a todo, abandonar la corte pontificia y cooperar con él en la creación de esa asociación sacerdotal. A monseñor Thiene le agradó la propuesta, pero no se mostró muy dispuesto. Parece ser que Carafa llegó a arrodillarse ante Cayetano para convencerle.

En 1524, tras no pocas dificultades, el entonces papa Clemente VII le autorizó a renunciar a los privilegios y beneficios eclesiásticos que le otorgaban las dos diócesis. Pudo dedicarse entonces a su fundación, la congregación de Clérigos Regulares, los teatinos, y cuyo objetivo sería el de disponer sacerdotes píos que llevaran a cabo todas las tareas del apostolado: predicar la palabra de Dios; administrar los sacramentos; cuidar la dignidad del culto y la meticulosidad en las ceremonias. Esto es, ayudar a la iglesia dándole santos presbíteros que sirviesen de ejemplo y de ayuda. Los miembros de la congregación serían pronto llamados «teatinos», porque ese es el gentilicio de la ciudad de la cual Carafa era obispo, –Chieti (en latín Teate)–.

Carafa fue el primer prepósito de la nueva Orden, que pronto se extendió a Nápoles. Tras el Saco de Roma, en 1527, la Orden de los teatinos se trasladó a la ciudad de Venecia.

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