Tal Día como Hoy

Paula Modersohn-Becker

Artista alemana

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Minna Hermine Paula Becker, conocida como Paula Modersohn-Becker (Dresde, 8 de febrero de 1876-Worpswede, 21 de noviembre de 1907), fue una pintora alemana, pionera del movimiento expresionista en la Alemania de fines del siglo xix.

Originaria de Dresde, Becker se dedicó al estudio de la pintura y se unió en el pueblo de Worpswede, cerca de Bremen, a un grupo de artistas independientes que buscaban el retorno a la naturaleza y a los valores de la gente sencilla del campo. Allí se casó con el paisajista Otto Modersohn. La escasa audacia de los pintores de Worpswede, sin embargo, la llevó a buscar también la inspiración fuera del grupo, viajando y residiendo por temporadas en París.

Los catorce cortos años durante los cuales Becker ejerció su arte le permitieron realizar al menos setecientos cincuenta lienzos, trece estampas y cerca de un millar de dibujos. Su estilo, único y original, es el fruto de múltiples influencias, que van de los confines de la tradición hasta la modernidad. Su pintura presenta aspectos que mezclan el postimpresionismo de Cézanne o Gauguin, el arte japonés y el renacimiento alemán. La fuerza expresiva de su obra resume solo los principales aspectos del arte a principios del siglo xx. La vida de Becker fue corta, de solo treinta y un años.

Becker era la tercera hija de una familia de siete hermanos. Su padre, Carl Woldemar Becker (Odessa, 31 de enero de 1841-Bremen, 30 de noviembre de 1901), era ingeniero de oficio, y su madre Matilde (Lübeck, 3 de noviembre de 1852-Bremen, 22 de enero de 1926) descendía de una familia ilustre de la nobleza de Turingia, los von Bültzingslöwen. Las cartas que Carl Woldemar Becker le envió más tarde a su hija dan la imagen de un hombre cultivado y abierto: visitante habitual de París y Londres, dominaba el ruso, el francés y el inglés. La familia materna de Becker presentaba la misma predisposición al viaje: el abuelo von Bültzingslöwen había mandado un destacamento en el extranjero y varios hermanos de Matilde emigraron a Indonesia, a Nueva Zelanda y a Australia. Eran los tiempos del nuevo Imperio colonial alemán.

Becker pasó los doce primeros años de su vida en Dresde, un período del que hay pocas noticias. Sin embargo consta el accidente ocurrido cuando Becker tenía 10 años, mientras ella y sus dos primas Cora y Maidli Parizot jugaban en las galerías de una cantera de arena. Las niñas fueron enterradas por un derrumbamiento, Becker y Maidli pudieron salir a tiempo, mientras que Cora Parizot, de tan solo once años de edad, se asfixió y murió bajo los escombros. En una carta escrita muchos años más tarde a Rainer Maria Rilke, Becker reveló hasta qué punto esta experiencia la había marcado.

En 1888, Carl Woldemar Becker obtuvo un trabajo en Bremen, lo que obligó a la familia a dejar Dresde. En Bremen había una destacada vida cultural. La madre de Becker cultivó amistades varias en los círculos artísticos, de modo que la familia Becker gozaba de una privilegiada relación con el mundo artístico de la ciudad. La familia Becker se mudó a la «Friedrichstrasse 29», que hoy es el número 46.​

Inglaterra y los primeros cursos de dibujo

A principios del verano de 1892 sus padres la enviaron a Inglaterra. Una hermanastra de su padre vivía en las afuera de Londres y Becker debía reunirse con ella, para aprender a hablar inglés y, al mismo tiempo, tener un hogar. Gracias al apoyo de su tío, la joven pudo también recibir cursos de arte en la St John's Wood Art School. Después de algunos estudios preliminares, comenzó a frecuentar una escuela privada de Bellas Artes, donde pasaba seis horas al día, iniciándose en la técnica del dibujo. Estos cursos sin embargo los abandonó rápidamente: sus padres inicialmente habían fijado la duración de la estancia londinense en un año, pero a los seis meses Becker volvió con su familia a Alemania porque no le gustaba Inglaterra ni el carácter autoritario de su tía y sentía nostalgia de su hogar y país.

Por deseo de su padre y por el respeto que este le inspiraba, Becker siguió las clases de una escuela de formación de maestras a partir de 1893, en Bremen. Seguía, aunque a disgusto, los pasos de su hermana mayor que estudió para maestra. A cambio consiguió de su padre autorización para asistir a cursos de pintura.

Recibía clases de pintura en la casa del pintor Bernhard Wiegandt, donde Becker tuvo la primera ocasión de trabajar con verdaderos modelos. De esta época datan por ejemplo una serie de retratos de sus hermanos, así como su primer autorretrato, realizado hacia 1893. Esta actividad artística no le condujo a descuidar sus estudios: en septiembre de 1895, Paula Becker pasó los exámenes con buena nota y obtuvo el diploma de maestra.

A principios de 1893 pudo admirar por primera vez las realizaciones del círculo artístico de Worpswede, cuando Fritz Mackensen, Otto Modersohn, Fritz Overbeck, Hans am Ende y Heinrich Vogeler expusieron sus cuadros en la Kunsthalle de Bremen (el museo de arte de Bremen). La joven quedó encantada sobre todo por una obra de su futuro marido, Otto Modersohn, que resplandecía de colores extraños y daba un sabor muy particular a un paisaje de brezos.

Gracias a la rama materna de su familia, pudo viajar a Berlín a principios de 1896 con el fin de seguir durante seis semanas cursos de dibujo y pintura en la Asociación de Artistas Berlineses (Verein der Berliner Künstlerinnen). Este tipo de asociaciones eran el camino por el que podían iniciarse en la pintura las mujeres que, en aquella época, no tenían aún acceso a las academias de Bellas Artes.

Becker pudo continuar su formación más allá de las seis semanas iniciales, gracias a que su madre acogió a un pensionista en la casa familiar para poder pagar los estudios a su hija. Por otra parte, el hermano de Matilde, su tío Wulf von Bültzingslöwen, al igual que su esposa Cora, se mostraron dispuestos a acoger y mantener a la joven.

La enseñanza impartida en Berlín concedía un lugar preponderante al dibujo, realizado a partir de modelos profesionales. Solo se admitía en las clases a aquellas candidatas que tenían ya un buen dominio de la materia. De este periodo se conservan unos cuantos dibujos de desnudos realizados por Becker: las líneas, por regla general, son fuertemente marcadas y abundan los efectos de claroscuro. En 1897 fue admitida por primera vez en la clase de Jeanna Bauck. Esta artista influyó profundamente en su joven alumna y la convenció para que, más adelante, fuera a vivir por algún tiempo a París.

Durante su estancia en Berlín, Becker empleó mucho tiempo visitando las galerías de los museos. Al igual que los artistas del movimiento nazareno, que había conocido su apogeo siete décadas antes, a Becker le gustaban, por encima de todo, los cuadros del Renacimiento alemán e italiano.

Con motivo de las bodas de plata de los padres, la familia Becker emprendió en el verano de 1897 una excursión al pequeño pueblo de Worpswede. A Becker le impresionó la singularidad del lugar, el colorido del paisaje y en especial la colonia artística (Künstlerkolonie) allí fundada unos años antes. Ese mismo otoño, Becker visitó de nuevo Worpswede en compañía de una amiga y, cuando en enero de 1898, heredó 600 marcos (y pudo devolver parte del dinero prestado para proseguir sus estudios a sus primos Arthur y Greta Becker), decidió volver a Worpswede, con el consentimiento familiar.

La intención en principio era pasar unas vacaciones. Matilde Becker había previsto que su hija estuviera allí durante dos semanas en las clases de pintura y dibujo de Fritz Mackensen, como iniciación antes de marchar en otoño a París para trabajar de niñera («fille-au-pair»). A pesar de todas estas precauciones familiares, parece que la intención de Becker, cuando tomó finalmente la carretera de Worpswede en septiembre de 1898, era permanecer bastante más tiempo del previsto, pues ambicionaba hacerse artista profesional.

La colonia artística de Worpswede

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