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Parque nacional de las Tablas de Daimiel

Parque nacional en España

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El parque nacional de las Tablas de Daimiel es un espacio natural protegido español que protege el humedal homónimo. Se encuentra situado en los términos municipales de Daimiel y Villarrubia de los Ojos, en la provincia de Ciudad Real, comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Es además una zona de especial protección para las aves (ZEPA) y parte de la Reserva de la Biosfera La Mancha Húmeda. Con 192 025 visitantes anualmente (2015), las Tablas de Daimiel es el decimotercer parque nacional más visitado de España.​

Las Tablas son uno de los últimos representantes de un ecosistema denominado tablas fluviales que se forman al desbordarse los ríos en sus tramos medios, favorecidos por fenómenos de semiendorreísmo y la escasez de pendientes. El humedal se forma en la confluencia del río Guadiana y su afluente Cigüela y es uno de los ecosistemas acuáticos más importantes de la península ibérica por la variedad y calidad de la fauna y flora que habitan en ella, así como por aquellas aves que la emplean en los pasos migratorios. Las Tablas sirve de refugio a más de 2000 especies (plantas, aves, insectos, peces, réptiles... ).

Sin embargo, la supervivencia del parque peligra debido a la sobreexplotación de los acuíferos. Debido a esta degradación, el 22 de octubre de 2009 la Comisión Europea abre un expediente a España,​ mientras que la Unesco ya había expresado con anterioridad la posibilidad de retirar la figura de Reserva de la Biosfera. La Unesco abrió un expediente contra España a instancias de la denuncia presentada en noviembre de 2007 por las organizaciones ecologistas (Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF); en ella se argumentaba que la Reserva de la Biosfera de La Mancha Húmeda y, en especial, Las Tablas de Daimiel, presentaban un alto nivel de degradación que suponía la pérdida de los valores que las habían hecho merecedoras de la calificación como Reserva de la Biosfera.

A finales de 2009 los incendios de turbas se habían sumado a la desecación para provocar una situación crítica. La degradación de la capa de turbas puede comprometer la impermeabilización del suelo que genera las balsas de agua o "tablas". Las medidas adoptadas para controlar los incendios se habían revelado insuficientes y, por ello, se aprobó un trasvase desde el río Tajo. Cuando las aguas del Tajo llegaban al parque natural, llegaron simultáneamente abundantísimas lluvias que hicieron innecesario continuar con el trasvase y que en los primeros meses de 2010 llenaron la totalidad de la superficie inundable del parque, sofocando de forma natural los incendios de turbas. Desde entonces, las condiciones hídricas se han recuperado notablemente y el nivel del acuífero ha subido más de 20 m, debido a la terminación del periodo de fuerte sequía y a las medidas que ya se habían venido adoptando para controlar la sobreexplotación del acuífero, entre ellas el control de las extracciones de los agricultores y la adquisición de fincas circundantes del parque natural, con el fin, entre otros, de adquirir también los correspondientes derechos de extracción, por lo que dos años más tarde el parque aborda la tercera primavera desde la recuperación de las condiciones hídricas en proceso de franca recuperación y con la ampliación de su tamaño por parte del estado como medida de protección.​

En marzo de 2023 tan solo había anegadas 250 hectáreas de las 1.750 del humedal, y un mes más tarde apenas quedaban 115, inundadas de forma artificial con los pozos de emergencia y un desvío del trasvase Tajo-Segura, a saber un 7 % del humedal. Los científicos creen que, sin medidas políticas contundentes, las Tablas de Daimiel están condenadas a desaparecer.

Ya en 1325 el infante Don Juan Manuel en su Libro de la caza pone de manifiesto las cualidades de las orillas del río Cigüela para la cetrería. Años más tarde, en 1575, Felipe II mandó redactar la relación en la cual se ordena literalmente que "se guardase muy bien". Las Tablas de Daimiel, así como otras zonas encharcadas de los alrededores, tienen una larga tradición como espacio de caza de aves acuáticas: en particular, el general Prim en 1870 y el rey Alfonso XII en 1875 cazaron en estos parajes. Las Tablas de Daimiel fueron declaradas parque nacional el 28 de junio de 1973.​

En 1956 se promulga la Ley de Desecación de Márgenes del Gigüela, Záncara y Guadiana, una ley que se mantiene en vigor hasta 1973, fecha en que se declaran parque nacional las Tablas de Daimiel. Durante todos esos años, se construyen canales y desecan hectáreas de humedales. Sin embargo, la desecación de estas zonas húmedas en las márgenes de estos ríos tuvo una nefasta consecuencia para toda la zona: la amenaza de la desecación definitiva planeaba sobre lugares tan característicos aguas abajo como los Ojos del Guadiana o las propias Tablas.

Pero es a partir de los años 1960 cuando comienzan los malos tiempos para las Tablas. Por un lado se aceleran las obras para desecar la zona y, por otro lado, ya a comienzos de los años 1970, una extensión muy importante de regadíos acaba con los recursos hídricos del subsuelo.

La especial riqueza ecológica de las Tablas de Daimiel viene, en opinión del conservador del parque Jesús Casas, del hecho de que los dos ríos que confluían en el mismo tenían distinta salinidad. Mientras que el agua del acuífero 23,​ o, lo que es lo mismo, la del Guadiana es completamente dulce, la del Cigüela es salina, lo que creaba un paraíso para diferentes tipos de fauna y flora.

Paralelamente a los trabajos para la desecación del humedal y sus afluentes, Las Tablas fueron visitadas por ilustres científicos como Félix Rodríguez de la Fuente que, como paraje de singulares características, despertó en ellos un creciente interés. Así pues, pusieron de manifiesto sus riquezas faunísticas y botánicas en sus publicaciones científicas, que hicieron que la atención mundial se centrara en este punto del solar manchego. Así, obtuvo una calificación preferente en el llamado Proyecto MAR del UICN, plan destinado a la custodia y rescate de las áreas húmedas del continente europeo, que iniciaba sus pasos en 1965 con un catálogo de los lugares de mayor valor al respecto, que recomendaba al Gobierno su mantenimiento y protección.

Sin embargo, desoyendo los llamamientos de los especialistas, desde 1967, las obras de canalización de los ríos adquieren un ritmo acelerado, y en los marjales del Guadiana comienzan a repercutir gravemente los descensos del nivel de las aguas. La zona oeste del parque —hoy denominada zona de restauración— fue roturada, desecada y puesta en cultivo, al tiempo que la maquinaria pesada se iba adentrando en el corazón del humedal desde el suroeste (cauce del Guadiana) y por el noreste (Gigüela, Guadiana-Azuer), excavando profundos canales rectilíneos en los lechos meandriformes de los ríos. La alarma que produjeron estos hechos motivaron un activo movimiento en el que participaron científicos diversos de todo tipo, y del que se hizo eco el Estado a través de su Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ICONA). La polémica abierta saltó al gran público y tuvo un resonante reflejo en toda la prensa nacional.​

Tras ordenar el Gobierno la suspensión de las obras de desecación, se crea una Comisión Interministerial con objeto de mediar en el conflicto planteado y dictaminar una solución satisfactoria. En febrero de 1973, alcanzaban un compromiso final y se detuvieron definitivamente los trabajos de desecación con el anuncio de la creación del parque nacional de Las Tablas de Daimiel en los límites de un área de 1820 ha. Posteriormente, en el año 1980, el parque fue ampliado por la parte sur hasta una extensión de 1928 ha. En 2014 alcanzó las 3030 ha.​

En su estado original e inalterado, buena parte de los aportes hídricos a las Tablas provenían del río Guadiana, que era en realidad la suma de dos corrientes: las aguas del río Azuer (primer afluente del Guadiana por su margen izquierda) más las procedentes de las surgencias denominadas Ojos del Guadiana, situadas a 14 km del parque en dirección este. Dichas surgencias eran potentes manantiales de agua dulce a través de las que el Acuífero 23 descargaba a la red fluvial en aquellos lugares donde su nivel freático cortaba al terreno. Se contabilizaban numerosas surgencias u ojos, situados en un tramo de aproximadamente 5 km sobre el valle de la denominada Cañada del Lencero—desde el actual cruce con la N-430 hasta 1 km aguas abajo del molino de Zuacorta— con un caudal conjunto​ entre 8 y 9 m³/s que fluían de forma constante durante todo el año, ya que su procedencia no era fluvial sino subterránea.

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