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Parque del Retiro de Madrid

Parque en Madrid

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El parque del Retiro o parque del Buen Retiro, popularmente conocido como el Retiro, es un jardín histórico y parque público situado en Madrid (España). Considerado como una de las principales atracciones turísticas de la ciudad, posee figuras arquitectónicas y paisajísticas desde el siglo XVII al XXI, entre los que destacan el Monumento a Alfonso XII, el Palacio de Cristal, el Estanque Grande, el Parterre, la puerta de Felipe IV, el Real Observatorio Astronómico y la fuente de la Alcachofa; e incluso anteriores, como la ermita de San Pelayo y San Isidoro, de origen románico.

Fue construido en la primera mitad del siglo XVII dentro del proyecto paisajístico desarrollado para el Palacio del Buen Retiro, una antigua posesión real creada por el conde-duque de Olivares (1587-1645)​ para disfrute de Felipe IV (1605-1665),​ de quien era su valido. Su uso como parque urbano se remonta a 1767, año en el que Carlos III (1716-1788) permitió la entrada del público a efectos recreativos​ y, ya definitivamente, a partir de 1868, cuando quedó bajo la titularidad del Ayuntamiento de Madrid.

Debido a los destrozos provocados por la guerra de la Independencia (1808-1814), su aspecto actual es resultado de las intervenciones realizadas en los siglos XIX y XX, si bien perviven trazados y elementos originales de los siglos XVII y XVIII.

Con una superficie de 118 hectáreas (1 180 000 m²) y un perímetro de 4,5 km, pertenece administrativamente al distrito de Retiro, bautizado así por el parque. Se encuentra delimitado al norte por las calles de Alcalá y O'Donnell, al sur por la del poeta Esteban Villegas, al oeste por la de Alfonso XII y al este por la avenida de Menéndez Pelayo.

Está protegido como bien de interés cultural (BIC), figura legal que toda declaración de jardín histórico ostenta en la normativa española y desde julio de 2021 como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, junto al paseo del Prado y el barrio de los Jerónimos, formando parte del denominado Paisaje de la Luz.​​ Dentro de sus límites habitan más de 19 000 árboles, representativos de 167 especies,​ entre ellos seis ejemplares incluidos dentro de la lista de árboles singulares de la Comunidad de Madrid.​

Los topónimos de Retiro y Buen Retiro hacen referencia a la funcionalidad del desaparecido Cuarto Real, un aposento anexo al monasterio de los Jerónimos de Madrid, donde se retiraban los reyes para la meditación espiritual y el esparcimiento. Estas dependencias fueron ampliadas en 1561 por orden de Felipe II (1527-1598)​ y sobre ellas terminaría construyéndose, durante el reinado de Felipe IV (1605-1665), el Real Sitio del Buen Retiro, un conjunto de palacios, bosques y jardines, que darían lugar al parque actual.

Tales topónimos comenzaron a usarse a partir de una cédula real,​ con la que Felipe IV quiso poner fin al sobrenombre de El Gallinero que se le estaba dando, de manera despectiva, a la nueva residencia. Este término podría aludir bien al uso agropecuario que tuvieron las tierras que se anexionaron para el complejo,​ bien a la pajarera de aves exóticas existente en los jardines, levantada al mismo tiempo que el palacio.​

Al parque también se le conoce como Jardines del Retiro o Jardines del Buen Retiro, aunque este último nombre, en sentido estricto, debe aplicarse a la zona ajardinada de carácter público creada en Madrid a finales del siglo XIX, donde hoy se sitúa el Palacio de Cibeles, sobre terrenos que pertenecieron al Real Sitio​ (véase Jardines del Buen Retiro de Madrid).

Otra de las denominaciones históricas es Parque de Madrid, como todavía puede leerse en algunas de las puertas de entrada al recinto. Empezó a utilizarse cuando el Buen Retiro fue municipalizado en el último tercio del siglo XIX​ y hoy día está completamente en desuso.

El parque del Retiro está protegido desde 1935, año en el que el ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes de la Segunda República procedió a su declaración como jardín artístico, mediante Orden de 8 de febrero.​

Esta protección queda ratificada por la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español,​

que establece que todos los jardines históricos son Bienes de Interés Cultural (BIC),​

y por la Ley 3/2013, de 18 de junio, del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid.​

Además de su condición de BIC, el Retiro se encuentra dentro de la zona arqueológica del Recinto Histórico de Madrid (Decreto 61/1993, de 20 de mayo, de la Comunidad de Madrid), que garantiza el control arqueológico y paleontólogico ante posibles obras y excavaciones.​

Por su parte, la normativa del Plan General de Ordenación Urbana del Ayuntamiento de Madrid, de 1997, lo cataloga como parque histórico, junto con la Casa de Campo, el Parque del Oeste, la Quinta de la Fuente del Berro, el Parque de El Capricho, la Quinta de los Molinos, la Quinta de Vista Alegre, el Campo del Moro y el Real Jardín Botánico.​

El 27 de enero de 2015 el Sitio del Retiro y el Prado en Madrid fue inscrito en la Lista Indicativa de España del Patrimonio de la Humanidad, en la categoría de Bien Cultural, con el número de referencia 5977.​

Los jardines tienen su origen en 1629, cuando Gaspar de Guzmán y Pimentel (1587-1645), conde-duque de Olivares y valido de Felipe IV (1605-1665), animó al monarca a ampliar el Cuarto Real existente junto al monasterio de los Jerónimos y levantar alrededor del mismo una residencia palaciega.​ Con tal fin le hizo obsequio de unas tierras próximas, en su mayor parte cedidas por Alonso Estacio Gutiérrez de los Ríos y Ángulo, primer conde de Fernán Núñez, que, una vez completado el proceso de anexiones, ocuparon una superficie de unas 145 hectáreas.

El nuevo palacio, llamado del Buen Retiro por expresa voluntad del soberano, se empezó a edificar en 1630 y se terminó en 1640. A diferencia del Real Alcázar, sede oficial de los órganos de gobierno, fue concebido como una residencia «para alivio y recreación» del rey y sus sucesores, como así se hizo constar en una cédula expedida por el propio monarca.​ A pesar de que su ubicación en lo que entonces eran las afueras de Madrid le confería un cierto carácter suburbano, en línea con otros Reales Sitios periféricos, como la Casa de Campo y El Pardo, el Buen Retiro llegó a convertirse en uno de los principales centros de poder del siglo XVII y buena parte del XVIII.​

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