El Parlamento de Inglaterra fue el poder legislativo del Reino de Inglaterra desde mediados del siglo XVI al XVII. El primer Parlamento inglés se convocó en 1216, con la creación y firma de la Carta Magna, que establecía los derechos de los barones (terratenientes ricos) para servir como consultores del rey en asuntos gubernamentales en su Gran Consejo. En 1295, el Parlamento evolucionó para incluir nobles y obispos, así como dos representantes de cada uno de los condados y ciudades de Inglaterra y, desde 1542, de Gales. Este se convirtió en el modelo para la composición de todos los futuros parlamentos. En el transcurso del siglo siguiente, los miembros del Parlamento se dividieron en las dos cámaras que tiene hoy, y los nobles y obispos abarcaron la Cámara de los Lores y los caballeros de la comarca y los representantes locales (conocidos como "burgueses") formando la Cámara de los Comunes. Durante el tiempo de Enrique IV en el trono, el papel del Parlamento se expandió más allá de la determinación de la política tributaria para incluir la "reparación de agravios", que esencialmente permitía a los ciudadanos ingleses solicitar al organismo que abordara las quejas en sus pueblos y condados locales. Para ese momento, los ciudadanos tenían el poder de votar para elegir a sus representantes, los burgueses, a la Cámara de los Comunes.
En 1066, Guillermo el Conquistador introdujo lo que, en siglos posteriores, se denominó sistema feudal, mediante el cual buscó el consejo de un consejo de arrendatarios en jefe (terratenientes) y eclesiásticos antes de dictar leyes. En 1215, los arrendarios en jefe obtuvieron la Carta Magna del rey Juan, que establecía que el rey no podía cobrar impuestos (excepto los impuestos feudales a los que estaban acostumbrados hasta ahora), salvo con el consentimiento de su consejo real que gradualmente se convirtió en un parlamento.
A lo largo de los siglos, el Parlamento inglés limitó progresivamente el poder de la monarquía inglesa, un proceso que posiblemente culminó en la guerra civil inglesa y el Tribunal Superior de Justicia para el juicio de Carlos I.
Bajo un sistema de gobierno monárquico, los monarcas necesitan consultar las decisiones que toman, pues de otra manera nadie les obedecerá a ellos ni a sus decisiones. El Parlamento inglés evolucionó en un momento en que la monarquía estaba falta de algún tipo de fuerza policial o militar para respaldar sus leyes. En consecuencia, aquellos temas que precisaban de algún grado de poder en el reino hubo que hacerlos cumplir. La monarquía tuvo agentes por todo el país. Sin embargo, bajo el sistema feudal que se desarrolló en Inglaterra desde la invasión normanda de 1066, las leyes de la Corona no podrían haber sido impuestas sin el apoyo de la nobleza y el clero. La primera tenía su propio poder, y la Iglesia del país, que era todavía parte de la Iglesia católica, era virtualmente una ley en sí misma en este periodo pues tenía su propio sistema de tribunales legales religiosos.
Con el objeto de que la nobleza y el clero se aviniesen a hacer cumplir la normas promulgadas por el rey, tenían que estar de acuerdo con lo que hacía. Por lo tanto, los monarcas ingleses posteriores a 1066 constituyeron grandes consejos formados por toda la nobleza y los miembros veteranos del clero de quienes recibían consejo y el consentimiento cuando se trataba de decisiones importantes.
Un Gran Consejo típico estaría compuesto de arzobispos, obispos, abades, barones y condes, los pilares del sistema feudal. A lo largo del siglo XII, los caballeros de las comarcas comenzaron a sumarse al consejo cuando el monarca lo vio necesario. Estos Grandes Consejos estaban relativamente basados en la estructura y el concepto del Witenagemot anglo-sajón, aunque la importancia de esta institución respecto del ulterior desarrollo del parlamento puede estar sobrestimada.
Cuando este sistema de consulta y consentimiento se rompió, se hizo frecuentemente imposible el funcionamiento efectivo del gobierno. Los dos ejemplos más notables de esto previos al reinado de Enrique III son los casos de Thomas Becket y de Juan I de Inglaterra. Becket, que era Arzobispo de Canterbury entre 1162 y 1170, fue asesinado tras una larguísima disputa con Enrique II de Inglaterra sobre la jurisdicción de la Iglesia. Y Juan, que fue rey entre 1199 y 1216, fue tan contrario a algunos de sus principales nobles que le forzaron a aceptar la Carta Magna en 1215. El rechazo de Juan a adherirse a este tratado llevó a una guerra civil (véase Primera guerra de los Barones).
Estos Grandes Consejos evolucionaron en el Parlamento de Inglaterra. El mismo término se hizo habitual a comienzos del siglo XIII, derivado de las palabras latinas y francesas referidas a los conceptos de discutir y hablar. Como resultado de la obra de historiadores como G.O. Sayles y H.G. Richardson, se cree que los parlamentos primitivos tenían tanto una función judicial como legislativa.
Inicialmente, los Grandes Consejos o parlamentos fueron especialmente convocados cuando el rey necesitaba conseguir dinero a través de los impuestos. Siguiendo la Carta Magna esto se convirtió en una convención. Esto fue debido en no poca medida al hecho de que Juan murió en 1216 y fue sucedido por su hijo el infante Enrique III. Los nobles veteranos y los clérigos gobernaron en vez de Enrique hasta su mayoría de edad, concediéndose un tipo de poder que no habrían de abandonar. Entre otras cosas, se aseguraron de que la Carta Magna fuese aceptada por el joven rey.
El parlamento durante el reinado de Enrique III: 1216-65
Una vez que Enrique III alcanzó la mayoría de edad y asumió el control del gobierno de su reino, muchos de los nobles principales se vieron afectados por su estilo de gobierno, especialmente en lo relativo a su falta de voluntad para consultarles para la toma de decisiones y su preferencia por el patronato de sus familiares extranjeros sobre el de sus súbditos nativos. La decisión de Enrique de apoyar la desastrosa invasión papal de Sicilia fue la gota que derramó el vaso. En 1258, siete barones importantes forzaron a Enrique a aceptar y jurar las Provisiones de Oxford, que abolieron de forma efectiva la monarquía absoluta anglo-normanda, dando poder a un consejo de quince barones para ocuparse de los negocios del gobierno y previendo tres reuniones anuales del parlamento para controlar su actuación. El parlamento se reunió seis veces entre junio de 1258 y abril de 1260, siendo la reunión más notable la del Parlamento de Oxford (1258), que dejó sentados los fundamentos para la construcción de las Provisiones de Oxford.
Irónicamente, fue el noble de origen francés Simón V de Montfort quien emergió como líder de esta rebelión característicamente inglesa. Durante los años siguientes, los partidarios de Monfort y los partidarios del rey se posicionaron de una forma cada vez más polarizada. Enrique obtuvo una bula papal en 1262 eximiéndolo de su juramento y ambos bandos comenzaron a formar ejércitos. En la batalla de Lewes el 14 de mayo de 1264, Enrique fue derrotado y hecho prisionero por el ejército de Montfort. Sin embargo, muchos de los nobles que inicialmente habían apoyado a Monfort empezaron a sospechar que había ido demasiado lejos con su celo reformista. Su apoyo entre la nobleza se redujo rápidamente. Así, en 1264, Montfort convocó el primer parlamento de la historia de Inglaterra sin una autorización real previa. Los arzobispos, obispos, abades, condes y barones fueron convocados, así como dos caballeros de cada condado y dos burgesses de cada borough. Los caballeros habían sido convocados a consejos anteriores, pero la representación de los boroughs fue una novedad. Su proceso de selección varió de borough a borough, pero no cabe duda de que alguna forma de elección democrática se utilizó en muchos casos. Se trató sencillamente de un movimiento para consolidar la posición de Montfort como el gobernador legítimo del reino, consecuencia de haber capturado a Enrique y a su hijo el príncipe Eduardo (más tarde Eduardo I de Inglaterra) en la batalla de Lewes.