Pablo Antonio José de Olavide y Jáuregui (Lima, 25 de enero de 1725-Baeza, 25 de febrero de 1803) fue un escritor, traductor, jurista y político español. Fue profesor universitario y funcionario de la Real Audiencia de Lima. En 1756 fue hecho caballero de la Orden de Santiago. Era de pensamiento ilustrado. En 1767 Carlos III le nombró superintendente de Nuevas Poblaciones, siendo el encargado de desarrollar con éxito la colonización en despoblados de Sierra Morena y de la Baja Andalucía. Compaginó esta labor con la de asistente de Sevilla. Fue condenado por la Inquisición en 1778 a la reclusión en un monasterio durante ocho años, aunque logró evadirse exiliándose a Francia en 1780. Vivió la Revolución Francesa, durante la cual fue apresado en 1794, saliendo en libertad el mismo año. En 1797 concluyó una exitosa obra, titulada «El Evangelio en triunfo», donde criticaba los excesos de los revolucionarios y hablaba de la conversión. Carlos IV le permitió volver a España en 1798 instalándose en Baeza.
El comerciante Martín José de Olavide y Albizu (1686-1763), natural de Lácar (Navarra) se casó en 1724 en segundas nupcias con María Ana Teresa de Jáuregui y Ormaechea Aguirre, nacida en Lima.
La familia Jáuregui era preponderante en Perú. Un hermano de María Ana, Domingo, fue presidente, gobernador y capitán general de Chuquisaca. Otro hermano, Joseph, fue brigadier de los ejércitos reales, presidente de la Real Audiencia de Charcas, gobernador y capitán general de la provincia y entró en 1739 en la Orden de Santiago, a la que solo pueden pertenecer los linajes nobles.
El apellido Olavide procedía de Cerain, provincia de Guipúzcoa, y los habitantes de esta provincia tenían el privilegio de ser considerados hidalgos. Se desconoce cuándo se trasladó Martín de Olavide a América, pero fue capitán de la villa de Lima, corregidor de la provincia de Tarma y contador mayor del Tribunal de Cuentas de Lima,
El matrimonio de Martín y María Ana tuvo tres hijos: Pablo, Micaela y Josefa.
Pablo Antonio Joseph Olavide nació el 25 de enero de 1725 en Lima y fue bautizado el 7 de mayo de ese año en la Parroquia del Sagrario. Comenzó sus estudios en el Colegio de San Felipe. Fue admitido antes de los diez años en el Colegio Real de San Martín de Lima, regido por los jesuitas, el cual no admitía a más de veinticuatro colegiales y formaba en artes, Derecho y Teología.
En 1740 obtuvo los grados de licenciado y doctor en Teología por la Real y Pontificia Universidad de San Marcos. En 1741 era ya profesor de facultad y ocupaba de forma interina la cátedra de Teología. En 1742 era licenciado y doctor en Derecho Canónico y en Derecho Civil. Ese mismo obtuvo por oposición la cátedra de Maestro de las Sentencias.
En julio de 1741 pasó a ser también abogado de la Real Audiencia de Lima, habiéndosele dispensado de la pasantía, esto es, las prácticas que son necesarias para este oficio. Ese mismo año, el tribunal del Consulado de Lima (que se encargaba de asuntos comerciales) le nombró asesor y el Cabildo municipal le nombró asesor general durante la ausencia del titular de este cargo.
En octubre de 1741 el virrey, el Cabildo y la Audiencia escribieron al rey de España una carta de recomendación para que fuese nombrado ministro de la Audiencia. El procurador general y el provincial de los jesuitas también apoyaron la petición. A esto se sumó un donativo de 32 000 pesos de Martín de Olavide. La petición fue escuchada y en 1745 el Consejo de Indias le nombró oidor de la Audiencia.
La noche del 28 de octubre de 1746 tuvo lugar un terremoto que destruyó Lima y un maremoto arrasó el cercano puerto fortificado del Callao. En Lima solo quedaron en pie veinticinco casas. El seísmo se produjo cuando la familia de Olavide estaba fuera de casa pero quedaron todos enterrados bajo los escombros. Los padres de Pablo de Olavide no sobrevivieron pero sus dos hermanas sí.
No figura que Olavide tuviese ningún papel especial en la reconstrucción de Lima. El virrey Manso de Velasco le encargó esta tarea al astrónomo francés Louis Godin. Las biografías tradicionales de Olavide indican que el virrey le encargó extraer objetos de valor de las ruinas y devolverlos a sus legítimos propietarios pero, habiendo sobrado muchos, el virrey decidió financiar con ellos la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora del Buen Socorro y que, en ese momento, al ver que aun así sobraba, Olavide habría decidido utilizar el excedente para la construcción de un teatro porque la ciudad no tenía ninguno. La realidad es que el Coliseo de Teatro, destruido por el terremoto, fue reconstruido entre 1746 y 1749 pero de esto se encargó el mayordomo de la hermandad del Hospital de San Andrés y el nombre de Olavide no figura en ninguno de los documentos relativos a esta construcción. Sin embargo, Ricardo Palma en su leyenda Predestinación, señala: "Fue el ilustre limeño Olavide quien estuvo encargado de dirigir la reedificación del teatro, notable por sus buenas condiciones acústicas más que por la pobreza de su arquitectura".
En una carta del virrey Manso de Velasco del 23 de octubre de 1749 se dice que Pablo de Olavide no asistía al tribunal como debía y, aunque él argumentaba que era por enfermedad, se le veía en lugares de diversión pública.
La casa familiar de Pablo de Olavide fue de las pocas que se salvaron del derrumbamiento en el terremoto de 1746. Pablo de Olavide se dedicó a vender unos paños de Castilla que su difunto padre tenía en depósito (valorados en 26 253 pesos) de unos mercaderes madrileños y, cuando llegaron los acreedores del padre, les dijo que solo disponía de la casa.
El difunto padre, Martín de Olavide, había sido contador del Tribunal de Cuentas de Lima y un funcionario llamado Juan Bautista de Herrera quería ocupar el puesto vacante. Sin embargo, la contaduría podía ser transmitida a hijos o yernos. Por esto tuvo lugar un litigio con Pablo de Olavide donde este usó diversas estrategias de dilación del proceso, aunque este no concluyó porque Pablo embarcó para España.
Su tío, Domingo de Jáuregui, era fiador de Martín de Olavide por la mercancía de 26 253 pesos. Cuando el apoderado de los comerciantes madrileños le pidió a Pablo de Olavide que reembolsase dicha suma este les remitió a su tío. El hombre de negocios de Domingo, el marqués de Negreiro, se informó de que Pablo había prestado 40 620 al armador de un barco. Domingo pidió entonces el embargo de esta suma. El regente del Tribunal de Cuentas, marqués de Casa Calderón, lo evitó aludiendo a una nota marginal en una escritura notarial. El marqués de Negreiro recibió amenazas de muerte si llevaba el asunto más lejos pero las ignoró y decidió ir a la justicia. La nota en el registro notarial resultó ser una falsedad introducida más tarde con la complicidad del marqués de Casa Calderón, del notario Felipe Jaraba, de su escribiente Manuel Guzmán y del testigo Juan de Vega. Finalmente, Olavide y el marqués de Casa Calderón lograron acallar al marqués de Negreiro prometiéndole dos tercios del crédito. El 14 de octubre de 1750 el Consejo de Indias aprobó encargar al virrey anular las transacciones consentidas en estas condiciones y, en espera de la sentencia definitiva, desterrar a los culpables a cierta distancia de Lima. Esto le fue transmitido al virrey por el marqués de la Ensenada en abril de 1751. Posteriormente, el virrey respondió que el marqués de Casa Calderón había sido confinado a 25 leguas de Lima pero que no se había podido poner en contacto con Olavide porque este embarcó en septiembre de 1750 a España haciendo uso de una autorización que parecía concedida por el rey.
Olavide llegó en barco a la Ciudad de Panamá. Cruzó el istmo por el Camino de las Cruces hasta llegar a Portobelo, en el Caribe. De allí pasó a Cartagena de Indias, donde le robaron el poco dinero que llevaba y contrajo unas tercianas. Olavide se tuvo que alojar en el hospital de pobres de Cartagena, de donde salió tres meses después. Se encontró con un viejo conocido de su padre, que le ayudó en su recuperación. Decidió ir luego a Caracas, donde vivía un hombre que había hecho negocios con su padre. Como no podía pagar el viaje por mar, viajó en una caravana de mulas. Sin embargo, el camino estaba cortado en Sierra Nevada por los indios guajiros y fue entonces hacia la costa, a Riohacha. Allí se embarcó en una balandra holandesa. El capitán de la balandra le dijo que iba a Caracas pero se dedicó a realizar contrabando en Curazao, Pitiguao y las Islas Vírgenes. Finalmente, llegó a Caracas y se reunió con ese amigo de su padre. Debió de hacer negocios con mercancías que traía porque emprendió su viaje a España con algún dinero.[¿cuándo?]