Tal Día como Hoy

Pablo VI

262.º papa de la Iglesia católica

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Pablo VI o Paulo VI (en latín: Paulus PP. VI),​​ de nombre secular Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini (Concesio, 26 de septiembre de 1897-Castel Gandolfo, 6 de agosto de 1978), fue el 262.º papa de la Iglesia católica y el cuarto soberano de la Ciudad del Vaticano. Tras la muerte de su predecesor Juan XXIII presidió el Concilio Vaticano II. Fue canonizado en 2018, durante el pontificado del papa Francisco.

Sucediendo a Juan XXIII, decidió continuar con el Concilio Vaticano II, gran obra del pontífice anterior. Asimismo, fomentó las relaciones ecuménicas con las iglesias ortodoxas, anglicanas y protestantes, dando lugar a muchas reuniones y acuerdos históricos.

Entre 1922 y 1954 trabajó en la secretaría de Estado de la Santa Sede. Durante su estadía allí, Montini, junto a Domenico Tardini fueron considerados como los más cercanos e influyentes colaboradores de Pío XII, quien en 1954 lo nombró arzobispo de Milán, la diócesis más grande de Italia, por lo que se convertía automáticamente en secretario de la Conferencia Episcopal Italiana. Allí fue conocido pronto como el «arzobispo de los pobres», por su amistad con los trabajadores de las fábricas a los que visitaba.​​ Juan XXIII lo elevó al cardenalato en 1958, y después de la muerte de Juan XXIII, Montini fue considerado uno de los más probables sucesores.​

Tomó el nombre de Pablo para indicar su misión renovadora en todo el mundo de la difusión del mensaje de Cristo. Reabrió el Concilio Vaticano II, dándole prioridad y dirección. Después de que el Concilio hubiera finalizado su labor, Pablo VI se hizo cargo de la interpretación y aplicación de sus mandatos, a menudo caminando por una delgada línea entre las expectativas contrapuestas de los distintos grupos dentro de la Iglesia católica. La magnitud y la profundidad de las reformas afectaron a todas las áreas de la Iglesia, superando durante su pontificado las políticas similares de reforma de sus predecesores y sucesores.

Pablo VI fue un gran devoto mariano, por lo que constantemente habló en congresos marianos y reuniones mariológicas, visitó varios santuarios y publicó tres encíclicas marianas. Citando las enseñanzas de Ambrosio de Milán, nombró a María como la Madre de la Iglesia durante el Concilio Vaticano II. Pablo VI buscó el diálogo con el mundo, con otras religiones y no creyentes. Se vio como un humilde servidor de la humanidad y exigió cambios significativos de los acaudalados de Estados Unidos y Europa a favor de los pobres en el Tercer Mundo.​

Sus posiciones opuestas al control de la natalidad (véase Humanae vitae) y otros temas fueron controvertidas en algunos sectores de Europa Occidental y América del Norte, pero fueron aplaudidos en Europa Oriental y América Latina. Durante su pontificado se llevaron a cabo muchos cambios en el mundo, revueltas estudiantiles, la guerra de Vietnam y otros trastornos mundiales. Pablo VI trató de entenderlos a todos, pero al mismo tiempo, de defender el «depósito de la fe», que se le había confiado.

El 24 de diciembre de 1974 presidió la apertura de la Puerta Santa de la basílica de San Pedro, dando inicio al Jubileo de 1975, que fue seguido por aproximadamente mil millones de personas en todo el mundo.

De entre los cardenales que creó, tres llegarían a ser sus sucesores como papa: Albino Luciani el 15 de agosto de 1973, quien se convertiría en Juan Pablo I el 26 de agosto de 1978; Karol Wojtyła el 26 de junio de 1967, quien tomaría el nombre de Juan Pablo II el 16 de octubre de 1978; y Joseph Ratzinger el 27 de junio de 1977, electo papa el 19 de abril de 2005 bajo el nombre de Benedicto XVI.

Su proceso de beatificación comenzó el 11 de mayo de 1993.​ El 7 de mayo de 2014 se aprobó un milagro por el cual el papa Pablo VI, sería declarado beato. El cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, se reunió con el papa Francisco para acordar la fecha de beatificación, que finalmente se fijó para el 19 de octubre de 2014.​ La beatificación tuvo lugar en la misa de clausura del Sínodo extraordinario de obispos sobre la familia realizada en la plaza de San Pedro.​​ En 2017, fue aprobado un segundo milagro atribuido a la intercesión de Pablo VI,​ cuya canonización fue presidida por el papa Francisco en la plaza de San Pedro el 14 de octubre de 2018.​​

Giovanni Battista Montini nació en el año 1897 en Concesio, una población de la provincia de Brescia, en Lombardía. Fue el segundo de los tres hijos de Giorgio Montini, que era abogado, periodista, director de la Acción Católica y miembro del Parlamento de Italia, y de Giudetta Alghisi, perteneciente a una familia de la nobleza rural. Tuvo dos hermanos: Francesco Montini, que sería médico, y Ludovico Montini, que sería abogado y político.​ El 30 de septiembre de 1897 fue bautizado con el nombre de Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini.​

Asistió a la escuela Cesare Arici ―dirigida por jesuitas― y en 1916 recibió un diploma de la escuela pública Arnaldo da Brescia. Su educación fue interrumpida a menudo por episodios de enfermedad. En 1916, entró en el Seminario de Brescia para cursar sus estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote el 29 de mayo de 1920, celebrando su primera Misa en su pueblo natal, en la iglesia de la Madonna delle Grazie, que estaba cerca de la casa de sus padres.​

Una vez ordenado sacerdote, su obispo le envió a Roma para que continuase allí sus estudios. Profundizó en sus estudios de teología y de derecho canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana, y en los de filosofía en la Universidad de La Sapienza.​ En 1921 ingresó en la Academia de Nobles Eclesiásticos (actual Pontificia Academia Eclesiástica), obteniendo poco después el doctorado in utroque iure, es decir, en Derecho y en Derecho canónico.​

Fue completamente bilingüe, hablando con la misma soltura italiano y latín.​

En 1922 a la edad de veinticinco años, y a petición de Giuseppe Pizzardo, Montini entró a la Secretaría de Estado de la Santa Sede, donde trabajó junto con Francesco Borgongini Duca, Alfredo Ottaviani, Carlo Grano, Domenico Tardini y Francis Spellman.​ A principios de esa misma década de 1920 fue capellán de la organización internacional Pax Romana, en su sede de Italia.​

La única experiencia diplomática en el extranjero de Montini fue durante su estadía en la nunciatura apostólica en Polonia, situada en Varsovia, en 1923. Al igual que Achille Ratti antes que él,​ sentía fuertemente el enorme problema, que no solo se limitaba a Polonia, del excesivo nacionalismo.

Cuando fue llamado a Roma, se encontraba feliz de ello: «Llega a la conclusión este episodio de mi vida, que me han proporcionado experiencias útiles aunque no siempre alegres».​ Más tarde, ya papa, intentaría volver a Polonia en una peregrinación mariana, pero no le fue permitido por el gobierno comunista, una petición que luego no se le pudo negar al papa Juan Pablo II, que era de origen polaco.

Su capacidad de organización lo llevó a una carrera en la Curia Romana. En 1931, el cardenal Eugenio Pacelli le nombró profesor de historia en la Academia Pontificia para diplomáticos. En 1937, después de que su mentor Giuseppe Pizzardo fuera nombrado cardenal, Montini fue nombrado «sustituto de relaciones ordinarias» por el cardenal Pacelli, que era secretario de Estado de Pío XI. Desde su estadía con Pío XI adoptó el punto de vista de que «el aprendizaje es un proceso de larga vida, y que la historia era la mágister vítae, la maestra de la vida».​ Su supervisor inmediato en la Santa Sede fue Domenico Tardini, con el que tenía una buena relación. La elección de Pacelli como papa en 1939, era prevista por todos y abiertamente promovida por el fallecido Pío XI en sus últimos años. Esto era un buen augurio para Montini, cuya posición dentro de la Santa Sede fue confirmada por el nuevo secretario de Estado Luigi Maglione. Todas las mañanas hasta 1954, Montini se reunía con Pío XII, desarrollando una relación cercana y estrecha:

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Maglione, Tardini y Montini fueron las principales figuras de la Secretaría de Estado de la Santa Sede. Montini fue el encargado de velar por los «asuntos comunes» de dicha Secretaría de Estado, en la que ocupaba gran parte de la mañana de cada día de trabajo. Por la tarde se trasladaba al tercer piso, donde estaba la oficina del Secretario Privado del Pontífice. Pío XII tenía una secretaria personal. Al igual que varios papas antes que él, delegó las funciones de secretaría a la Secretaría de Estado.​

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