Pío IX (en latín: Pius PP. IX), de nombre secular Giovanni Maria Battista Pellegrino Isidoro Mastai-Ferretti (Senigallia, 13 de mayo de 1792-Roma, 7 de febrero de 1878) fue el 255.° papa de la Iglesia católica y el último soberano de los Estados Pontificios.
Su pontificado de 31 años, 7 meses y 22 días—desde el 16 de junio de 1846 hasta su muerte—, ha sido el segundo más largo de la historia de la Iglesia, o el más largo si se descarta el de Simón Pedro, cuya duración exacta es difícil de determinar. Es recordado por convocar el Concilio Vaticano I en 1868, que definió el dogma de la infalibilidad papal antes de suspender sus sesiones en el verano de 1870. El concilio nunca volvió a reunirse. Al mismo tiempo, Francia inició la guerra franco-prusiana y retiró las tropas que protegían los Estados Pontificios, lo que permitió la toma de Roma por parte del Reino de Italia el 20 de septiembre de 1870. A partir de entonces, se negó a abandonar la Ciudad del Vaticano, declarándose «prisionero en el Vaticano».
En el momento de su elección, era un reformista liberal y, durante los primeros años de su papado, suavizó notablemente las restricciones a la libertad de movimiento de los judíos y concedió una amnistía a revolucionarios; sin embargo, su postura cambió radicalmente tras las revoluciones de 1848. Cuando su primer ministro, Pellegrino Rossi, fue asesinado y el propio Pío fue hecho prisionero en su propio palacio, huyó de Roma y excomulgó a todos los participantes en la efímera República Romana. Tras la supresión de ésta por parte del ejército francés y su regreso en 1850, sus políticas y pronunciamientos doctrinales se volvieron cada vez más conservadores. Fue responsable del secuestro de Edgardo Mortara, un niño de seis años arrebatado por la fuerza a su familia judía, quien acabó convirtiéndose en sacerdote católico por derecho propio e intentó sin éxito convertir a sus padres judíos.
En su encíclica Ubi primum de 1849, destacó el papel de María en la salvación. En 1854, promulgó el dogma de la Inmaculada Concepción, articulando una creencia católica de larga data según la cual María, la madre de Dios, fue concebida sin pecado original. Su Syllabus de los Errores de 1864 fue una fuerte condena del liberalismo, el modernismo, el relativismo moral, la secularización, la separación de Iglesia y Estado y otras ideas de la Ilustración.
Su llamamiento a la ayuda económica reactivó las donaciones mundiales conocidas como el Óbolo de San Pedro. Fortaleció el poder central de la Santa Sede y la Curia romana sobre la Iglesia católica mundial, al tiempo que formalizó la autoridad doctrinal suprema del papa (el dogma de la infalibilidad papal, definido en 1870). Fue beatificado por el papa Juan Pablo II el 3 de septiembre de 2000 junto a Juan XXIII y su causa de canonización sigue abierta hasta la fecha.
Nació el 13 de mayo de 1792 en Senigallia, una localidad del territorio de la Marca de Ancona, perteneciente a los Estados Pontificios (actualmente, Italia), con el nombre de Giovanni Maria Battista Pellegrino Isidoro Mastai Ferretti. Fue el noveno hijo de Girolamo (miembro de la noble familia del conde Mastai Ferretti) y de su esposa Caterina Solazzi.
Fue bautizado el mismo día de su nacimiento en el Duomo de la ciudad. Recibió la confirmación el 9 de junio de 1799 del cardenal Bernardino Honorati, obispo de Senigallia, y la primera comunión el 2 de febrero de 1803.
Cursó sus primeros estudios entre 1802 y 1808 en el Colegio de Nobles de Volterra, dirigido por los padres escolapios; sus estudios fueron interrumpidos de improviso por un repentino ataque epiléptico, como consecuencia de un traumatismo en el cráneo causado por un grave accidente, al caer al cauce de un torrente en octubre de 1797.
De joven, para dar gusto a los deseos de su padre, intentó hacer carrera en la Guardia Noble de la Santa Sede; sin embargo, al no conseguir ser admitido a causa de su epilepsia, decidió seguir sus propias inclinaciones y secundar los deseos de su madre, por lo que se trasladó al Seminario Romano (actual Pontificia Universidad Gregoriana) para cursar sus estudios eclesiásticos (1814-1818); tuvo que interrumpirlos en 1818 por un nuevo ataque epiléptico, del que se recuperó completamente en 1819, año en el que pudo retomar sus estudios y ser ordenado sacerdote (10 de abril de 1819).
En un principio, trabajó como rector del Instituto Tata Giovanni de Roma hasta que fue enviado a Chile como parte de la representación apostólica del nuncio monseñor Giovanni Muzi, la primera misión en la América del Sur postrevolucionaria. La misión llegó a Montevideo el 1 de enero de 1824 y a Buenos Aires el 3 de enero, recorriendo luego las Provincias Unidas del Río de la Plata en dirección a Chile, donde permaneció entre el 7 de marzo de 1824 y junio de 1825 en Santiago con los dominicos. Fue auditor asesor del secretario de Estado, el cardenal Ercole Consalvi.
Regresó a Roma para dirigir el hospital de San Michele (1825-1827) y para ocupar el oficio de canónigo de Santa Maria in Via Lata.
El 21 de mayo de 1827 fue nombrado arzobispo de Spoleto a los 35 años de edad y consagrado el 3 de junio siguiente por el cardenal Francesco Saverio Castiglioni, —futuro papa Pío VIII—. De esta etapa destaca la amnistía que logró para los que participaron en una fallida revolución que, en 1831, se había extendido a aquella ciudad. Este hecho y sus simpatías por la causa italiana le hicieron ganar fama de liberal. Al año siguiente de ese suceso, fue trasladado al prestigioso obispado de Imola manteniendo el cargo de arzobispo ad personam. Fue nombrado cardenal in pectore el 23 de diciembre de 1839 y hecho público el 14 de diciembre del año siguiente con el título de cardenal presbítero de los Santos Pedro y Marcelino.
El cónclave que siguió a la muerte de Gregorio XVI en 1846 tuvo lugar en un momento de ambiente político inestable en Italia. Esto motivó que varios cardenales extranjeros decidieran no asistir a él. A su comienzo, solo estaban presentes 46 de los 62 cardenales.
Este cónclave se celebró en el palacio del Quirinal de Roma, que entonces era la residencia pontificia, y fue escenario de una división entre conservadores y liberales. Los conservadores apoyaban a Luigi Lambruschini, cardenal obispo de Sabina y secretario de Estado del papa Gregorio XVI. Los liberales, en cambio, apoyaban alternativamente a dos candidatos: a Tommaso Pasquale Gizzi, cardenal del título de Santa Pudenziana y antiguo nuncio apostólico en el reino de Cerdeña, y al cardenal Mastai Ferretti. En la primera votación, Mastai Ferretti obtuvo quince votos y los demás votos fueron para Lambruschini y Gizzi. Muchos pensaban que si Lambruschini no resultaba elegido, lo sería Gizzi con toda probabilidad.
Llegado el cónclave a un punto muerto a causa del desacuerdo, los liberales y moderados decidieron votar por Mastai Ferretti, una decisión que fue contraria al sentir de buena parte de los gobiernos de Europa. El segundo día del cónclave, el 16 de junio de 1846, Mastai Ferretti fue elegido papa con una mayoría de 36 votos, mientras que Lambruschini solo obtuvo diez; Gizzi no recibió ningún voto. Dado que era de noche, no se realizó ningún anuncio formal, exceptuando la fumata blanca. Muchos católicos asumieron que Gizzi había sido escogido como sucesor de san Pedro. De hecho, empezó a haber celebraciones en su ciudad natal, Ceccano, y sus ayudantes, de acuerdo con una antigua tradición, quemaron sus vestiduras cardenalicias.
A la mañana siguiente, se anunció la elección del cardenal Mastai Ferretti ante lo que debió ser una sorprendida multitud de católicos. Cuando el nuevo papa apareció en el balcón, el clima fue de júbilo. Mastai Ferretti escogió el nombre de Pío IX en honor de Pío VII. A las pocas horas de su elección llegó a Roma Carlo Gaetano von Gaisruck, cardenal del título de San Marco y arzobispo de Milán, que llevaba el veto del emperador Fernando I de Austria a la elección de Mastai Ferretti, pero los hechos ya se habían consumado.