Pío Baroja y Nessi (San Sebastián, 28 de diciembre de 1872-Madrid, 30 de octubre de 1956) fue un escritor vasco español de la generación del 98, y considerado como el principal novelista español de su generación. Baroja, que se doctoró en medicina, terminó abandonando dicha profesión en favor de la literatura, actividad en la que cultivó la novela y, en mucha menor medida, el teatro.
En su obra, en la que con frecuencia deja traslucir una actitud pesimista, dejó plasmado su individualismo. Su pensamiento político, no exento de ambigüedades, transitó por las simpatías por el anarquismo de su juventud, la oposición a la Segunda República y la defensa de una dictadura militar, no abandonando nunca su anticlericalismo. Debido a sus ideas antirreligiosas, su obstinada insistencia en el inconformismo y su actitud algo pesimista, las novelas de Baroja nunca alcanzaron gran popularidad. Se dice que su estilo parco y desprovisto de adornos, que se apoyaba fuertemente en la atenuación, tuvo una gran influencia en Ernest Hemingway.
Fue nieto del impresor y editor Pío Baroja, e hijo de José Mauricio Serafín Baroja Zornoza y de Andrea Carmen Francisca Nessi Goñi, española de padre italiano. Fue hermano de los escritores Carmen Baroja y Ricardo Baroja y tío del antropólogo, historiador, lingüista, folklorista y ensayista Julio Caro Baroja y del director de cine y televisión y guionista Pío Caro Baroja. Tío abuelo de
Carmen y Pío Caro-Baroja Jaureguialzo, este último encontró y publicó una novela de su tío abuelo, Los caprichos de la suerte, 65 años después de su muerte.
Pío Baroja creció en el seno de una familia acomodada de San Sebastián, relacionada con el periodismo y los negocios de imprenta. Su bisabuelo paterno, el alavés Rafael Baroja, fue un boticario que se fue a vivir a Oyarzun e imprimió el periódico La Papeleta de Oyarzun y otros textos (proclamas, bandos, cartillas y ordenanzas de franceses y españoles) durante la guerra de la Independencia. Allí se casó con la hermana de otro farmacéutico apellidado Arrieta y, ayudado por sus hijos, trasladó la imprenta a San Sebastián y editó además El Liberal Guipuzcoano y algunos números de La Gaceta de Bayona que dirigía el famoso periodista y escritor Sebastián de Miñano desde Francia.
Su abuelo paterno del mismo nombre, Pío Baroja, aparte de ayudar a su padre a editar en San Sebastián el periódico El Liberal Guipuzcoano (1820-1823) durante el Trienio Liberal, imprimió la Historia de la Revolución francesa de Thiers en doce tomos con traducción del citado Sebastián de Miñano y Bedoya. Él y su hermano Ignacio Ramón continuaron con el negocio de imprenta y un hijo de este último, Ricardo, tío del novelista, será, con el tiempo, editor y factótum del periódico donostiarra El Urumea.
La madre de Pío Baroja, Andrea Carmen Francisca Nessi Goñi, nació en Madrid (1849) y descendía de una familia italiana lombarda originaria de la ciudad de Como, a orillas del lago del mismo nombre, los Nessi, a la que el escritor debe su segundo apellido. Debido a la repentina muerte de su padre, la madre marchó a educarlo a San Sebastián con el tío-abuelo Justo Goñi, y esta rama materna de los Goñi estaba vinculada a la navegación, algo que influyó en la narrativa posterior de Baroja, por ejemplo en su segunda tetralogía novelística, El mar.
El padre, José Mauricio Serafín Baroja Zornoza, fue un ingeniero de minas al servicio del Estado; hombre inquieto y de ideas liberales, ejerció ocasionalmente el periodismo y su posición de ingeniero de minas condujo a su familia a constantes cambios de residencia por toda España. Su primer apellido paterno, Baroja, procede del nombre de la aldea alavesa homónima (citada como Barolha en 1025, y situada en el actual municipio de Peñacerrada), de etimología incierta, aunque puede contener el elemento eusquérico ol(h)a 'cabaña', 'chabola'. En sus Memorias, el propio don Pío aventura una posible etimología del apellido, según la cual «Baroja» sería una aféresis de ibar hotza, que en euskera significa 'valle frío' o 'río frío'. Aunque también podría tratarse de una contracción del apellido castellano Bar(barr)oja.
Baroja fue el tercero de cuatro hermanos: Darío, que nació en Riotinto y murió, joven aún, en 1894 de tisis; Ricardo, que sería en el futuro también escritor y un importante grabador, conocido sobre todo por sus espléndidos aguafuertes, y Pío, el hermano menor, que dejaría la profesión de médico por la de novelista hacia 1896. Ya muy separada de ellos temporalmente, nació la última hermana: Carmen, que habría de ser la inseparable compañera del novelista y la mujer del futuro editor de su hermano, Rafael Caro Raggio, ocasional escritora también. Es posible que naciera un quinto hermano, César, y que falleciera a muy temprana edad. La relación estrecha con sus hermanos se mantuvo hasta el final de sus días.
Baroja nace en la ciudad de San Sebastián el 28 de diciembre de 1872 (día de los Santos Inocentes) en el número seis de la calle de Oquendo. Era la casa que construyó su abuela paterna Concepción Zornoza. Era el tercero de tres hermanos, Darío, que le llevaba tres años y Ricardo, que le llevaba dos. A causa del bombardeo de San Sebastián por el sitio que habían levantado en torno a ellos los carlistas (descrito por Miguel de Unamuno en su novela Paz en la guerra), la familia cambió de domicilio a un chalet del paseo de la Concha. Pero en 1879 se trasladaron todos a Madrid cuando Baroja contaba apenas siete años, a la calle Fuencarral y cerca de la era del Mico, entre la glorieta de Bilbao y la de Quevedo, espacio que marcó su infancia madrileña. El padre trabajaba en el Instituto Geográfico y Estadístico de Madrid y en un par de años volvió a cambiar de domicilio a la vecina calle de Espíritu Santo. Baroja pudo contemplar durante este periodo a los personajes madrileños de la época: los aguadores de origen asturiano, los soldados que llenaban las calles procedentes de la guerra de Cuba, las porteras, viajeros diversos...
El padre frecuentaba por aquel entonces las tertulias de café que proliferaban alrededor de la Puerta del Sol y algunos de los escritores y poetas de la época fueron invitados a la casa de la calle del Espíritu Santo. Pero un nuevo destino del padre obligó a la familia a trasladarse a Pamplona, en Navarra. Baroja y Ricardo tuvieron que acomodarse a un nuevo Instituto; Darío, el mayor, acusó menos los cambios. Ricardo comenzó entonces a mostrar interés por la pintura y Pío se transformó en un lector voraz no ya de la literatura contemporánea, sino de folletines y clásicos juveniles como Robert Louis Stevenson, Julio Verne, Thomas Mayne-Reid y Daniel Defoe. En 1884 nace su hermana menor Carmen, cuando Pío tenía ya doce años. El hecho es importante: Baroja señaló que su «fondo sentimental» se formó entre los doce y los veintidós años. Una mujer entre tres chicos mayores. Ciertamente, el periodo pamplonica dejó huella en él porque el abuelo Justo Goñi abrió una fonda en el piso del mismo edificio donde vivía la familia, de forma que pudo ver pasar por el local a toreros, compañías de títeres, cantantes, escritores... Un abigarrado y heterogéneo paisaje humano que recuerda a las superpobladas novelas que llegará a escribir. El ambiente de Pamplona de final de siglo XIX dio abundantes aventuras a los componentes de la familia Baroja, así como a la adolescencia de Pío.
El gusto de Serafín por la itinerancia lo llevó de nuevo a aceptar un puesto en Bilbao, pero el grueso de la familia regresó de nuevo a Madrid en 1886 por intercesión de la madre, cansada de tanta mudanza. El argumento materno expuesto fue que los hijos podrían desarrollar allí sus futuros estudios universitarios en la capital. Serafín, el padre, visitaría periódicamente Madrid para ver a su familia y San Sebastián para cultivar las amistades de la infancia. En esta segunda etapa madrileña la familia residía en un caserón propiedad de doña Juana Nessi, esposa del empresario aragonés Matías Lacasa, en la calle Misericordia, junto al Monasterio de las Descalzas Reales que fuera «mansión de capellanes». La calle donde residían gracias a la hospitalidad de Juana Nessi poseía solo un único número y se encontraba próxima a la Puerta del Sol y al hoy desaparecido Teatro de Capellanes (también llamado Teatro Cómico) y el Hospital de la Misericordia. La vivienda madrileña de los Baroja se encontraba en este periodo justo en medio de la pujante sociedad madrileña de finales del siglo XIX. Baroja regresaría a esta casa de la calle Capellanes años después, en su etapa prolífica de escritor.