Oviedo (en asturiano: Uviéu) es una ciudad española, capital del Principado de Asturias. Su origen se remonta a la Alta Edad Media —siglo VIII—, o incluso a antes, denominada en origen Ovetum. La ciudad es la capital del concejo homónimo (el equivalente asturiano del municipio) y forma parte de la parroquia de Oviedo.
Es el centro geográfico, universitario, religioso, político y administrativo de Asturias, sede de la Junta General del Principado, de sus instituciones, de la Universidad de Oviedo, del Museo de Bellas Artes de Asturias, de los Premios Princesa de Asturias así como de la archidiócesis de Oviedo. Es reconocida como una de las ciudades con mayor calidad de vida de Europa según la Comisión Europea.[cita requerida]
El concejo de Oviedo tiene una población de 223 968 habitantes (INE 2025) lo cual lo colocaba en el puesto número 25 entre los municipios más poblados de España, siendo el segundo de Asturias tras Gijón, del que se encuentra situado a unos 28 km; además está a 27 km de Avilés, formando junto a ambos concejos el área metropolitana central de Asturias que engloba a 800 000 personas y el denominado ocho asturiano.
Ostenta los títulos de «muy noble, muy leal, benemérita, invicta, heroica y buena» que figuran en el escudo del municipio y así lo recoge una placa situada en la fachada de la casa consistorial.
El concejo está regido por el Ayuntamiento de Oviedo, que cuenta con un pleno conformado por 27 concejales y es presidido por el alcalde de Oviedo, que desde 2019 es Alfredo Canteli (PP).
Uviéu o Uvieo es el nombre que recibe la ciudad en asturiano. La denominación en castellano es Oviedo, siendo desde marzo de 2019 la denominación bilingüe «Oviedo / Uviéu» la oficial para la ciudad. En las crónicas medievales del Reino de Asturias se la denomina alternativamente Ovetao u Oveto. Así, en el Testamento de Alfonso II se la denomina Ovetdao, Ovetao en la Crónica Albeldense y Oveto en el Pacto monástico de San Vicente y en las Crónicas de Alfonso III, tanto en su versión rotense, como sebastianense.
Etimológicamente no está claro el origen del nombre de la ciudad. Ramón Menéndez-Pidal le atribuyó al topónimo un origen celta. También se le han atribuido diversos significados en lengua vasca. Algunas teorías apuntan a que proviene del latín medieval Urbs Vetus, que significa 'ciudad vieja'. Para otros el origen se trataría de la unión de Ovis con el sufijo -etum, que significa 'lugar abundante en ovejas', aunque esto no parece muy fundamentado. Otras explicaciones consideran que iovetano es adjetivo de Iove (que significa Júpiter, por lo que el lugar podría haber sido un lugar de veneración a Júpiter), o que proviene del idioma celta. Joaquín Manzanares propuso la explicación de que el nombre de la ciudad proviene del latín Albetum (blanquecino), debido al color del montículo donde se asentaba el núcleo original de la ciudad; esto coincide con la descripción que hizo del lugar el Padre Carvallo. Así, surge otra posible interpretación del origen del nombre de la ciudad, que indica que Oviedo proviene de Alvietum (de la unión de Alveum y la terminación -etum), que significa 'lugar abundante en arroyos' y que también coincidiría con la descripción dada por Padre Carvallo. Pese a todo, aún no se tiene claro el origen etimológico de 'Oviedo' y ninguna teoría es plenamente aceptada.
Existen otras ciudades con el mismo nombre, todas ellas en el continente americano: en Baja California, en Veracruz (México), en Paraguay, en la República Dominicana y en Florida (Estados Unidos).
El gentilicio de los habitantes de Oviedo es ovetense, aunque popularmente también se les conoce como carbayones o carbayonas en recuerdo de un árbol que fue durante muchos siglos símbolo de la ciudad. Un carbayu es un roble en asturiano, un árbol que era sagrado para los antiguos astures y cántabros.
Uno de ellos, varias veces centenario, era conocido con el nombre de «el Carbayón» y estaba plantado en lo que hasta mediados del siglo XIX eran las afueras de la ciudad. La necesidad de conectar el casco antiguo de la ciudad con la nueva Estación del Norte, a la que llegaban los trenes provenientes de la Meseta Central, llevó a la corporación municipal a impulsar un ensanche que obligó a talarlo, pues su presencia impedía que la que hoy es calle de Uría tuviese el trazado rectilíneo que pretendían los impulsores de esta ordenación del extrarradio de la ciudad. Pese a la oposición de gran parte de los ciudadanos, el roble fue finalmente talado en 1879.
En 1950 el municipio plantó otro roble cerca del Teatro Campoamor al que se apodó cariñosamente «el Carbayín», pero se secó pocos años después. En 1970 fue sustituido por otro, traído de San Lázaro de Paniceres (concejo de Oviedo), que aún hoy en día se levanta en la parte trasera del citado teatro dando nombre a la plaza que lo acoge. Además, en el lugar donde estaba «el Carbayón» original se colocó sobre la acera una placa conmemorativa en marzo de 1949.
Los símbolos del concejo de Oviedo son el escudo, en el que figuran los títulos que ostenta la ciudad alrededor de la Cruz de los Ángeles y timbrado por una corona real, y la bandera, que es de color azul con el escudo en el centro.
Antes de la fundación altomedieval de Oviedo en el siglo VIII, la zona estaba habitada por los Astures, en particular por el pueblo de los Luggones, que establecieron poblados fortificados (castros) en el Monte Naranco y en su entorno.
Durante la época romana, aunque el solar de Oviedo no se convirtió en un núcleo urbano destacado, se han hallado vestigios arqueológicos —cerámica, monedas, columnas, capiteles e inscripciones— que evidencian la existencia de población dispersa, posibles villae rurales y estelas funerarias en sus alrededores.
Aunque históricamente se ha considerado que la fundación de la ciudad se remonta al siglo VIII, se ha venido especulando desde mediados del siglo XX con la posibilidad de la existencia de algún poblamiento del lugar durante el periodo romano, deduciéndolo fundamentalmente a partir de una lectura crítica del antedicho Pacto monástico de San Vicente. Esta suposición ha ido cobrando cada vez más fuerza con recientes descubrimientos arqueológicos:
Uno de los hallazgos más relevantes que dan soporte a la teoría de un pasado fundacional romano es el descubrimiento de la fuente romana descubierta en las excavaciones de la calle de la Rúa, en el solar del actual Museo de Bellas Artes de Asturias durante una ampliación en 2008, datada mediante carbono-14 entre los años 240 y 420 d. C., es decir, entre los imperios de Diocleciano y Constantino I. Por sus dimensiones y características técnicas —mortero hidráulico, canales de desagüe y cajeado en roca— no parece una construcción aislada, lo que sugiere la existencia de un núcleo de población organizado en la zona en época del Imperio romano.
Otro hallazgo importante es la villa romana de Las Murias de Paraxuga, un yacimiento arqueológico situado en el actual barrio de El Cristo, descubierto en los años cincuenta durante las obras de construcción de la Facultad de Medicina, que se interpretó como una posible villa rural o establecimiento residencial de época tardo-romana (siglos IV-V). En el lugar se hallaron restos de muros, cerámicas, monedas —entre ellas una del emperador Constantino— y objetos metálicos, lo que sugiere una ocupación prolongada e incluso una reutilización posterior con fines funerarios o metalúrgicos. El yacimiento fue destruido parcialmente en 1974 con la ampliación del campus universitario, aunque su hallazgo reforzó la hipótesis de una ocupación romana previa en el entorno de Oviedo, anterior a su fundación altomedieval.
La disponibilidad de materiales de construcción, como piedra de cantería, y su localización estratégica respecto a las antiguas vías de comunicación, los convertían en lugares idóneos para el poblamiento. La ubicación de la ciudad, sobre una colina de forma casi circular y fácilmente defendible, con acceso a agua y buena visibilidad del entorno, habría resultado especialmente ventajosa para un asentamiento anterior al romano. Las estructuras castreñas del monte Naranco se interpretan actualmente como posibles torres de vigilancia o defensa de época romana, aunque no se descarta que la zona fuera valorada por sus condiciones estratégicas en periodos anteriores. Estos asentamientos rurales dieron paso, ya en la Alta Edad Media, a la fundación del monasterio de Máximo y Fromestano, considerado el origen histórico de la ciudad de Oviedo aunque habría que suponer la existencia de un poblamiento estable y estructurado en la zona durante la Antigüedad.