La ortografía del español es el conjunto de normas prescriptivas que rigen la forma escrita de la lengua española o castellana. La lengua española emplea una variante ampliada del alfabeto latino, que consta de 27 letras, incluida la «ñ». Además, se emplean cinco dígrafos (ch, ll, rr, gu y qu) para representar otros fonemas, considerándose los dos últimos variantes posicionales de los fonemas /g/ y /k/. El conjunto de reglas de ortografía más prestigioso y más utilizado como referencia es el regulado por la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), de la que forma parte la Real Academia Española (RAE), cuyo objetivo es promover la unidad, la integridad y el desarrollo de este idioma.
Los dígrafos «ch» y «ll» se trataban como letras separadas del abecedario español en la Ortografía de la lengua española de 1754. Posteriormente, en la cuarta edición del Diccionario de la lengua española de 1803, se ordenaron separadas de la «c» y la «l». Sin embargo, en 1994 se decidió reordenar estos dígrafos según el alfabeto latino universal, sin dejar de considerarlos parte del alfabeto. En la Ortografía de la lengua española de 2010, tanto la ch como la ll dejaron de considerarse letras individuales, y el alfabeto español ya no las incluye más. Esto no supone, de ninguna manera, que desaparezcan de la escritura: simplemente, dejan de contarse entre las letras del abecedario.
La ortografía española también incluye el uso de acentos agudos o tildes (´) en las vocales (a, e, i, o, u) —ocasionalmente la «y» cuando representa el fonema vocálico /i/— para indicar la sílaba acentuada en situaciones excepcionales. La vocal «u» también puede aceptar la diéresis o crema (¨) para indicar su sonoridad en las sílabas «güe» y «güi».
El desarrollo de la ortografía española, iniciado en época alfonsina, se normalizó definitivamente bajo la dirección de la Real Academia Española con la publicación de la Ortografía de la lengua española de 1854. Este sistema, que ha sufrido pocas modificaciones desde entonces, es un híbrido de criterios fonológicos y etimológicos. Mientras que la ortografía de las palabras españolas permite predecir su pronunciación estándar, lo contrario no siempre es cierto debido a que hay fonemas con distintas representaciones gráficas.
A pesar de las numerosas propuestas, que se remontan al siglo XVII, de reformar la ortografía para lograr una correspondencia biunívoca, todas han sido rechazadas. La divergencia fonológica entre los distintos dialectos españoles hace imposible crear una ortografía puramente fonémica que refleje adecuadamente la variedad de la lengua. La mayoría de las propuestas actuales se centran en simplificar los símbolos homófonos, que se conservan por razones de tradición.
El alfabeto español consta de 27 letras:
En 1754, con la publicación de la Ortografía de la lengua española de ese mismo año, los dígrafos ch y ll comenzaron a ser considerados como letras del alfabeto español, y entre 1803 y 1994 recibían encabezados separados en los diccionarios y a la hora de ordenar alfabéticamente las palabras. Nunca, sin embargo, se los consideró unidades estrictas; cuando la ortografía exige inicial mayúscula, en las palabras que comienzan con uno de estos dígrafos, se escribe en mayúscula solo el primero de los grafemas que lo componen. A partir del año 2010, con la publicación de la nueva Ortografía de la lengua española, los dígrafos ch y ll dejan de ser considerados letras del abecedario español, pero seguirán utilizándose como hasta ahora en la escritura de las palabras españolas.
El dígrafo rr, llamado erre doble o doble erre, nunca se consideró por separado como una letra del alfabeto español, probablemente por no aparecer nunca en posición inicial de las palabras.
La w y la k aparecen solo raramente en palabras españolas e indican invariablemente términos adoptados por préstamo o cultismo en el curso de los últimos dos siglos.
Varios de los grafemas reciben más de un nombre. La b se conoce como be a secas, be alta (en Cataluña y Cuba), be grande (en México, Colombia, Venezuela y Perú) o be larga (en Argentina, Chile, Colombia, Paraguay, República Dominicana y Uruguay); por haber representado en latín el fonema consonante bilabial sonoro (que tiene como alófonos la consonante oclusiva bilabial sonora [b] y la fricativa bilabial sonora [β]), se la llama a veces b labial en Colombia, aunque la pronunciación de la v es en la inmensa mayoría de los dialectos también labial e idéntica. A su vez, esta última se conoce como uve (en España y Puerto Rico), ve, ve baja, ve chica (en Perú),ve bajita (en Cuba), ve pequeña (en Colombia y Venezuela) o ve corta (en Argentina, Chile, Colombia, República Dominicana y Uruguay); por el mismo afán de precisión histórica en algunos manuales se designa como v dental, aunque la pronunciación dental desapareció hace siglos del sistema de la lengua.
La letra w es llamada uve doble en España, doble u en México, Colombia, Costa Rica y República Dominicana; doble ve en otros países de Centroamérica y algunos países de Sudamérica, como Argentina, Chile, Ecuador, Uruguay o Venezuela, y ve doble en otros como Perú.
Ll y rr se designan indistintamente como elle y doble erre o como doble ele y erre doble. Son de las pocas consonantes que se presentan duplicadas en la grafía actual, junto con la c y excepcionalmente la n, y las únicas con pronunciaciones distintivas.
La i se llama a veces i latina para distinguirla de la y, y griega (o i griega). En algunos lugares, se prefiere el nombre de ye para esta última.
Antiguamente se empleaba a veces zeda como nombre para z, una práctica hoy en desuso y desechada por la RAE. De aquí sale el término “cedilla” para ç, por lo que es una pequeña zeta o “zeda”, como se conocía anteriormente.
La Ortografía de 2010 propone unificar los nombres de las letras: elige be para b, i (no i latina), uve para v, uve doble para w, ye para y y zeta para z, y desecha definitivamente los nombres arcaicos ere para la r, y ceta, ceda y zeda para la z.
Regularidad e irregularidad ortográfica
La afirmación de que la ortografía del castellano es puramente fonográfica (o fonética) es extendida pero errónea. Una ortografía fonográfica tiende a respetar el principio fonémico según el cual el conjunto de fonemas de una lengua y el conjunto de letras con las que esta se escribe deben corresponderse biunívocamente, es decir, para cada letra debe haber un solo fonema y para cada fonema debe haber una sola letra.
Si bien, efectivamente, en comparación con otras lenguas europeas, casi se respeta la regularidad del principio fonético, existe una serie de desviaciones de la misma que rompen notablemente con dicha regularidad. Destacan entre estas los fenómenos de la poligrafía (distintas representaciones gráficas para un mismo fonema) y la polifonía (distintos fonemas representados por una misma letra).