Orán (en árabe: وهران, romanizado: Wahrān, en lenguas bereberes: ⵡⴰⵀⵔⴰⵏ /wɑhren/) es una ciudad del noroeste de Argelia, situada en la costa del mar Mediterráneo. Durante el período colonial francés, Orán fue la capital del departamento del Orán. Es un importante puerto y centro comercial, y tiene una universidad. El barrio antiguo de la ciudad posee una alcazaba y una mezquita del siglo XVIII. La población de la ciudad es de 674 273 personas (2009), y la urbana de 1 millón.
La palabra deriva de la raíz bereber para "león" (Tahert y Souk Ahras). El nombre es conocido en múltiples idiomas bereberes, como sinónimos de uharu y ahra. Una leyenda local popular relata que en el periodo del 900 a. C., fueron vistos leones en la zona. Los dos últimos felinos fueron matados en una montaña próxima a Orán, que es conocida hoy en día como La montagne des lions («La montaña de los leones»). De hecho, hay dos estatuas de leones gigantes enfrente de la entrada al ayuntamiento de Orán, siendo así mismo la montaña de los leones el símbolo de Orán.
Orán cuenta con un clima semiárido, con inviernos suaves y húmedos y veranos cálidos y secos. La ciudad tiene influencias en el clima mediterráneo, sin embargo la combinación de una temperatura media anual alta y la precipitación anual relativamente baja le impide caer en esa categoría climática. Oran promedia 326 mm de precipitación al año, la mayor parte de las cuales se sitúa entre diciembre y mayo. Los veranos son calurosos y secos con temperaturas medias en el mes más cálido cerca de los 32 grados centígrados. Los inviernos son suaves con altas temperaturas en el mes más frío con alrededor de 17 °C.
Orán fue fundada en el siglo X por comerciantes musulmanes andalusíes liderados por Mohammed Ibn Abi-Aoun y Mohammed Ibn-Abdoun como centro de intercambio entre el norte de África y Al-Ándalus (Ibn Khaldoun, Histoire des dynasties musulmanes et des tribus árabes et berbères, Alger, 1852. Volumen 1, p. 283).
A finales del siglo XIV, la ciudad recibió un gran número de judíos mallorquines, los cuales contribuyeron a la prosperidad de la población, convertida en el puerto de la también próspera Tremecén, situada más al interior. Esta migración sucedió tras la revuelta antijudía de 1391 en Sevilla cuando, dada la debilidad en que había quedado la comunidad de Mallorca, los judíos optaron por cruzar a África, para poder practicar su religión y evitar que los obligaran a convertirse al cristianismo.
Tras la apertura de las rutas comerciales portuguesas en el Atlántico –que hacían innecesaria la travesía del desierto del Sáhara– y la caída del reino de Granada, en la península ibérica, Orán comenzó su declive, convirtiéndose en guarida de corsarios.
Primera ocupación española (1509-1708)
Dentro de la política expansionista sobre Berbería para asegurar el comercio en el Mediterráneo con los reinos de Nápoles y Sicilia, así como la defensa de costas peninsulares de turcos y moros, en 1509 la ciudad fue tomada por tropas españolas bajo el mando del cardenal Cisneros y de Pedro Navarro. La toma de Orán se produjo tras la ocupación de Mazalquivir, puerto estratégico del reino de Tremecén en el Mediterráneo, capaz de dar cabida a una flota de guerra considerable. Esta característica la compartía únicamente con Melilla, también española, y otro puerto en la actual Túnez. El Rey de Argel aceptó el vasallaje a los monarcas españoles ante su pujanza en el norte de África de la que era ejemplo la sucesiva ocupación de las plazas fuertes.
Los dos presidios de la ciudad de Orán y villa de Mazalquivir eran servidos por cinco compañías de infantería, dos de caballería y una de artillería. Los asuntos militares y políticos de la plaza eran dirigidos por el Consejo Supremo de Guerra.
A lo largo de la presencia española en Orán se edificaron notables las obras de ingeniería militar en torno a la población amurallada y su alcazaba que fueron fuerte de Santa Cruz (1567), el fuerte de San Gregorio (1589), la fortaleza de Rozalcázar (sobre una fortificación del siglo XIV, actual Château-Neuf), el fuerte de San Andrés (1692) y el fuerte de San Felipe, conectados por la muralla conocida como La Barrera. Además, la fortificación de la plaza se complementaba con otros fuertes, corredores, cortaduras y torres extramuros hasta completar hasta cuatro círculos defensivos. Además, al encontrarse la plaza expuesta a las razias y traiciones de las poblaciones vecinas, se mandó dar instrucción militar a los vecinos desde edades muy tempranas, por lo que eran apreciados como soldados de los Tercios. Además tenían encargada la defensa del enclave y las acciones en otras plazas como en el caso de Argel (1541), Mostaganem (1546 y 1550) o cabo Figal (1605). Por otra parte, sufrió sucesivos asedios como el de 1563, que resultaron en victoria española.
Durante este periodo las familias oranesas más notables se emparentaron entre sí, obteniendo los cargos civiles y militares más importantes, así como otras mercedes de los reyes de España. Los gobernantes de Orán, conocida también como la Corte Chica, tenían atribuidos poderes amplísimos en cuanto a la administración de la plaza, al punto de actuar en la práctica como virreyes. Orán fue lugar de destierro de influyentes personas de la nobleza que cayeron en desgracia ante los monarcas españoles por motivos políticos o morales. En estos casos, se les permitía conservar su capital personal y se trasladaban a Orán con todo su séquito para redimir sus penas y recuperar el favor de la Corona con méritos de guerra. Tal fue el caso de Pedro Girón y Velasco (guerra de las Comunidades), Felipe Garcelán de Borja, nombrado después gobernador de Orán, (disputas nobiliarias valencianas de mediados del siglo XVI) o Luis Colón de Toledo (poligamia). En 1581, un año después de ser liberado de su cautiverio en Argel, Miguel de Cervantes fue destinado brevemente a Orán en su condición de militar para proporcionar informes el rey Felipe II.
Mazalquivir y Orán fueron empleados para asegurar las rutas comerciales del Mediterráneo del imperio español. La principal ruta para conectar Orán con la Península era el bergantín de Orán. Además, fueron relevantes, social y económicamente, los comerciantes judíos. También, se puede resaltar la importancia de los mercaderes marselleses, genoveses, y los de Málaga y Cartagena. Aunque por disposición real Orán tenía el monopolio del norte de África, era común la contratación con Vélez de la Gomera por pagarse menores impuestos. Para asegurar este monopolio se había dejado sin relevancia en 1531 el puerto de One. Entre los principales productos del comercio de esta época se encontraban los paños ingleses, bordate francés, seda de Granada, alumbre, tártaro, cera, laca, esclavos, pasas, dátiles, tocino y trigo de Tremecén.
Primera ocupación turca (1708-1732)
Durante la guerra de sucesión española la ciudad fue sometida a un asedio intenso y, la Monarquía Hispánica perdió la plaza de Orán, entre los días 19 y 21 de enero, de 1708. La fortaleza, de Mazalquivir, fue tomada por los argelinos, el 3 de abril de 1708, lo que aprovechó el Imperio otomano para ocuparla entre 1708 y 1732. Ante la pérdida del control español sobre Orán, la piratería en las costas peninsulares se incrementó en este periodo. El litoral peninsular se despobló por temor a las incursiones de saqueo y toma de esclavos en la edad de oro de la piratería en Europa. En este periodo Orán fue empleada en las rutas de comercio marítimo Mediterráneo por los ingleses, cuya base principal se encontraba en Argel, y por los comerciantes marselleses.
Segunda ocupación española (1732-1791)
En 1732, el conde de Montemar, a la orden del secretario de Estado de Felipe V José Patiño Rosales, reconquistó la ciudad al frente de la expedición española. Se trató de una bien planificada y exitosa acción militar que comprendió el empleo de 30.000 efectivos y 500 naves cuya principal base de partida fue la rada de Alicante. Fue clave para retomar el control económico y comercial del Mediterráneo tras el reparto de zonas de influencia en el tratado de Utrecht y el posterior tratado de Sevilla (1729), y para asegurar las negociaciones políticas que lograron la obtención de los reinos de Nápoles y Sicilia para su hijo Carlos, futuro Carlos III.