Olga Aleksándrovna Románova (en ruso: О́льга Алекса́ндровна Рома́нова; 1 de juniojul./ 13 de juniogreg. de 1882-24 de noviembre de 1960) fue la última hija del emperador Alejandro III de Rusia y la emperatriz María Fiódorovna Románova (Dagmar de Dinamarca) y hermana menor del emperador Nicolás II.
Criada en el palacio de Gátchina, a las afueras de San Petersburgo, tuvo desde pequeña una relación más cercana con su padre que con su madre. Tenía doce años cuando su padre murió y su hermano Nicolás fue coronado soberano de Rusia. En 1901, con diecinueve años, se casó con el duque Pedro Alexándrovich de Oldemburgo, de quien su familia y amigos murmuraban en privado que era homosexual. El matrimonio duró quince años y no se consumó; ambos llevaron vidas separadas. Al principio, su esposo rechazó su solicitud de divorcio, pero finalmente el matrimonio fue anulado por el zar en 1916. Al mes siguiente, se casó con el coronel Nikolái Kulikovski, su amante desde varios años atrás. Durante la Primera Guerra Mundial, sirvió como enfermera del ejército y le fue concedida una medalla al mérito personal. Con la caída de los Románov en la Revolución rusa de 1917, huyó con su marido e hijos a Crimea, donde vivieron bajo amenazas de muerte. Su hermano Nicolás y su familia fueron asesinados por los revolucionarios.
Junto a su familia logró huir de Rusia en febrero de 1920 para reunirse con su madre, la emperatriz viuda, en Dinamarca. En el exilio, actuó como compañera y secretaria personal de su madre, reuniéndose muchas veces con los impostores Románov que afirmaban ser sus parientes muertos. En 1925 conoció a Anna Anderson, la impostora más conocida, quien afirmaba ser su sobrina la gran duquesa Anastasia. Después de la muerte de la emperatriz viuda en 1928, Olga y su marido compraron una granja en Ballerup, cerca de Copenhague. Allí llevó una vida sencilla: criando a sus dos hijos, trabajando en la granja y pintando. Realizó más de 2,000 obras de arte, que proporcionaron ingresos adicionales tanto para su familia como para causas caritativas que ella apoyaba.
En 1948, sintiéndose amenazada por el régimen de Stalin, ella y su familia emigraron a una granja en Campbellville (Ontario)). A su avanzada edad, se trasladó con su esposo a un bungaló cerca de Cooksville (Ontario). Kulikovski falleció en 1958. Dos años más tarde, mientras su salud se deterioraba, se mudó con unos amigos a un pequeño apartamento en el este de Toronto. Murió a los setenta y ocho años, siete meses después de su hermana mayor Xenia. Al final de su vida fue conocida como la última gran duquesa del Imperio ruso.
Nació en la púrpura el 13 de junio de 1882 en el palacio Peterhof, al oeste de San Petersburgo. Era la hija menor del emperador Alejandro III de Rusia y la emperatriz María Fiódorovna Románova, anteriormente princesa Dagmar de Dinamarca. Su nacimiento fue anunciado con los tradicionales ciento un cañonazos desde la fortaleza de Pedro y Pablo, con igual parecido en todo el Imperio ruso. Por consejo de su tía, la princesa de Gales, su madre la colocó al cuidado de una niñera británica, Elizabeth Franklin.
Dado que la familia imperial rusa había sido frecuente objetivo de atentados —su abuelo, el zar Alejandro II había sido asesinado en 1881—, fue enviada al palacio de Gátchina, a unos 80 km al oeste de San Petersburgo. Allí, Olga y sus hermanos llevaron un estilo de vida austero, incluso espartanas: dormían en duros catres, se levantaban de madrugada, se lavaban con agua fría y desayunaban una simple papilla.
Abandonó por primera vez el palacio en 1888, cuando visitó con la familia imperial el Cáucaso. Cuando el tren que los regresaba a toda velocidad pasaba por el pequeño pueblo de Borki, se sacudió violentamente y se salió de los rieles. Su familia se encontraba en el vagón comedor, que quedó destruido, con el techo de hierro derrumbado y las ruedas y el suelo cortados. Los sobrevivientes afirmaron que el zar en «un esfuerzo hercúleo» tuvo que levantar el pesado techo para que todos pudieran escapar, una historia que posteriormente se consideró inverosímil. Hubo veintiún muertos y la emperatriz María atendió a los heridos haciendo vendajes de su propia ropa. Aunque la investigación oficial llegó a la conclusión de que había sido un accidente, siempre se creyó que se instalaron bombas en los rieles.
Junto a sus hermanos, fue educada por profesores privados en materias como historia, geografía, inglés, francés, dibujo, baile y equitación; esta última era una de sus principales actividades al aire libre. La familia era profundamente religiosa. Si bien la Navidad y la Pascua eran épocas de celebración y extravagancia, la Cuaresma se observaba estrictamente: evitaban la carne, los productos lácteos y cualquier forma de entretenimiento.
La relación entre Olga y la emperatriz María era muy tensa; ya desde que era niña, su madre la trataba de manera reservada y formal. Sin embargo, estaba mucho más unida a su padre y su hermano Miguel. Los tres salían a pasear con frecuencia por los bosques de Gátchina, donde su padre les enseñó sus habilidades de monte. En una ocasión dijo de su padre:
Sus vacaciones familiares las pasaba en verano en el Peterhof y con sus abuelos maternos, los reyes de Dinamarca. En 1894, la nefritis de su padre obligó a la familia imperial a cancelar sus vacaciones en Dinamarca. Su padre murió el 13 de noviembre de ese año; el impacto emocional en Olga, de doce años, fue traumático. Su hermano mayor asumió el trono imperial como Nicolás II; posteriormente Olga comentó que su hermano no estaba preparado.
Debía hacer su entrada en sociedad a los dieciocho años, en el verano de 1899, pero después de la muerte de su hermano Jorge —heredero del Imperio porque el zar aún no tenía hijo varón— a la edad de veintisiete años, su primera aparición pública oficial se retrasó un año, hasta 1900. Odió la experiencia y, más tarde, dijo a su biógrafo oficial Ian Vorres: «Me sentí como si fuera un animal en una jaula, que era expuesta al público por primera vez». Fue nombrada comandante en jefe honorario del 12.º Regimiento de Húsares Ajtirski (Ахтырский 12-й гусарский полк) del Ejército Imperial Ruso. Los húsares de Ajtirski eran famosos por su victoria sobre Napoleón I Bonaparte en la batalla de Kulm en 1813 y portaban un distintivo dolmán marrón.
En 1900, a los dieciocho años, fue escoltada al teatro y la ópera por un primo lejano, el duque Pedro de Oldemburgo, miembro de la rama rusa de la Casa de Oldemburgo. Tenía catorce años más que ella y era conocido por su pasión por la literatura y los juegos de azar. Pedro pidió su mano en matrimonio al año siguiente, una propuesta que la tomó por sorpresa: «Estaba tan sorprendida que todo lo que podía decir era “gracias”», llegó a decir más tarde. El compromiso, anunciado en mayo de 1901, fue inesperado para familiares y amigos, ya que Pedro no había mostrado ningún interés previo hacia las mujeres y los miembros de la alta sociedad creían que era homosexual. A la edad de diecinueve años, el 9 de agosto de 1901, se casó con Pedro, de treinta y tres años. Después de la celebración, los recién casados salieron hacia el palacio de Oldemburgo en el Campo de Marte. La recién casada pasó su noche de bodas llorando, completamente sola, mientras que su marido fue a un club de juegos de azar y regresó a la mañana siguiente. Su matrimonio permaneció sin consumarse y sospechó que Pedro fue empujado a casarse por su ambiciosa madre. Probablemente, ella pudo haber aceptado la propuesta para independizarse de su propia madre o evitar el matrimonio con alguien extranjero. La pareja inicialmente vivió con sus suegros los duques Alejandro y Eugenia de Oldemburgo; esta combinación no era armoniosa ya que los padres de Pedro, ambos conocidos por su trabajo filantrópico, lo reprendían por su pereza. A Olga le disgustaba su suegra, a pesar de que Eugenia, amiga cercana de la emperatriz María, colmó de presentes a su nuera, como una tiara obsequiada por Napoleón a la emperatriz Josefina. Pocas semanas después de la boda, la pareja viajó a Biarritz, desde donde embarcaron hacia Sorrento en un yate prestado por el rey Eduardo VII del Reino Unido.