Louis Octave Uzanne (Auxerre, 14 de septiembre de 1851 - Saint-Cloud, 31 de octubre de 1931) fue un periodista, editor y escritor francés.
Se destacó por sus investigaciones bibliográficas en torno a los autores del siglo xviii. Publicó trabajos inéditos, sobre la base de registros biobibliográficos, de muchos autores, como Paradis de Moncrif y Benserade, Caylus y Besenval, el marqués de Sade y Baudelaire. Fundó la Société des Bibliophiles Contemporaines, de la que fue presidente. Escribió varias obras literarias y colaboró en periódicos como L'Écho, La Plume, La Dépêche de Toulouse, Le Mercure de France, Le Gaulois y Le Figaro de París. Otro de sus temas fue la discusión de la moda y la feminidad en el fin-de-siècle francés, en monografías y obras como Son Altesse la femme, Féminies y La Française du siècle. Sus obras personales también incluyen novelas y libros de fantasía, como Surprises du Caur (1882) y Contes pour les bibliophiles (1895).
Hijo del comerciante Charles-Auguste Omer Uzanne y Elisabeth Laurence Octavie, nació en Auxerre, en el seno de una familia burguesa originaria de Saboya; su hermano mayor, Joseph, había nacido el año anterior. Fue enviado a París luego de la muerte de su padre. Aunque sus estudios clásicos comenzaron en su pueblo natal, tras su traslado a París entró al Collège Rollin, un internado para los hijos de la clase alta francesa, pero durante la guerra franco-prusiana de 1870-1871 se incorporó a una escuela en Richmond (Inglaterra). Dejó inconclusos sus estudios en Jurisprudencia ya que abandonó esta carrera cuando obtuvo una herencia en 1872, la cual le permitiría en adelante costear sus intereses literarios.
Se convirtió en un asiduo visitante de la Biblioteca del Arsenal, donde formó parte de un grupo de seguidores de su antiguo bibliotecario Charles Nodier, junto con el periodista Charles Monselet, el escritor Loredan Larchey y el bibliófilo Paul Lacroix (curador de manuscritos de la biblioteca). También se unió a la Société des Amis des Livres (Sociedad de Amigos de los Libros), la primera asociación de bibliófilos fundada en París desde la época de Bibliophiles François.
Después de abandonar la Société des Amis des Livres, que consideraba demasiado conservadora y muy preocupada por la reedición de las obras antiguas, fundó y presidió una nueva sociedad bibliográfica, la Société des bibliophiles contemporains (Sociedad de Bibliófilos Contemporáneos, 1889-1894), formada por 160 miembros, entre los que figuraron Georges Vicaire, los artistas Albert Robida y Paul Avril, o los escritores Jules Claretie y Jean Richepin; reconvertida en la Société des Bibliophiles Indépendants (Sociedad de Bibliófilos Independientes, 1896-1901). Uzanne también editó dos revistas, Conseiller du bibliophile (1876-1877) y Les Miscellanées Bibliographiques (1878-1880), y luego tres publicaciones periódicas centradas en la bibliografía: Le Livre: Bibliographie Moderne (1880–1889), Le Livre Moderne: Revue du Monde Littéraire et des Bibliophiles Contemporaines (1890–1891), y L'Art et l'Idée: Revue Contemporaine du Dilettantisme Littéraire et de la Curiosité (1892–1893). A principios de la década de 1890, fue considerado «[...] la mejor autoridad que los amantes de los libros conocen sobre temas especialmente interesantes para los amantes de los libros». No obstante, libros como Le Miroir du Monde o L'ombrelle – le gant – le manchon tuvieron críticas negativas en algunos periódicos debido a las ilustraciones de Avril.
A diferencia de los bibliófilos comunes de su tiempo, estaba más interesado en la creación de nuevas obras bibliófilas de lujo, para lo que colaboró estrechamente con impresores, encuadernadores, tipógrafos y artistas, especialmente los simbolistas y artistas del temprano modernismo. Entre ellos estaban los pintores James McNeill Whistler y Jules Barbey d'Aurevilly —quien escribió el prólogo de Le Bric-à-Brac de l'amour (1879)—, el escritor Jean Lorrain, y artistas de la joyería y el japonismo como Henri Vever. El grabador Félicien Rops también colaboró con él en muchos trabajos: ilustró algunos de sus libros y diseñó la portada de Le Livre Moderne; posteriormente lo llamaría «el sueño del bibliófilo». Otras obras de arte simbólico fueron Féminies (1896), en la que Rops ilustró muchas escenas de la vida mundana, o Son Altesse la femme (1885), en el que dibujó una bruja desnuda en el capítulo sobre la mujer medieval. La calidad de los libros de Uzanne fue comentada en el New York Times en una revisión de su trabajo La Femme à Paris – nos contemporaines (1894): «El libro es un logro sumamente artístico en un sentido tipográfico [...] Este elemento artístico y el estilo del autor [...] elevan la obra desde su ámbito de utilidad hacia la esfera de la literatura pura. Seguirá siendo útil dentro de un siglo a partir de ahora a quienes estudien nuestra civilización». En la obra exploró las vidas de las mujeres en todos los niveles de la sociedad francesa de su época. Pero también, según Silverman, asoció el feminismo con un peligroso desenfreno de inversiones sexuales y sociales, sirviéndose para ello de una serie de fuentes médicas y filosóficas, con la pretensión de probar la incapacidad de la mujer para incorporarse a la vida pública y al mercado de trabajo, debido a su temperamento. Además indicó que la figura y los adornos femeninos eran esenciales en las artes decorativas francesas, algo que se iba perdiendo a principios del siglo xx.
La actividad bibliófica de Uzanne a principios de la década de 1880 coincidió con el gradual abandono de los métodos manuales de impresión de ilustraciones por métodos fotomecanizados. Su colección de libros bibliófilos contemporáneos fue vendida en 1894 por Hôtel Drouot. Contenía algunos de los mejores ejemplos de encuadernación francesa del siglo xix, realizada por encuadernadores como Charles Meunier, Lucien Magnin, Pétrus Ruban, Camille Martin, René Wiener y Victor Prouvé.
Como periodista, y empleando en ocasiones el seudónimo de «la Cagoule», escribió para L'Écho de Paris y otros periódicos. Colaboró además en el periódico antisemita La Libre Parole, dirigido por Édouard Drumont: en el artículo describió a Drumont como «el creador de uno de los mayores movimientos intelectuales en Francia». También en otras revistas francesas y extranjeras como The Studio, Magazine of Art y Scribner's Magazine, para la que escribió en 1894 el relato “The End of Books”, una profecía futurista donde planteaba que los libros quedarían obsoletos por la reciente invención del fonógrafo y predecía la aparición de la radio y la televisión. Estaba fascinado por la tecnología moderna y las posibilidades que ofrecía para la reproducción y difusión de palabras, sonidos e imágenes, que no solo puso de manifiesto en este artículo o en su pionera obra en la edición de libros, sino también en un artículo que escribió en 1893 para el diario francés Le Figaro, sobre una entrevista que hizo al presidente de los Estados Unidos Grover Cleveland, y al inventor Thomas Alva Edison en la Exposición Mundial Colombina de Chicago, donde fue testigo del funcionamiento del quinetoscopio poco antes de su salida al mercado.
Como crítico de arte, hizo varias reseñas sobre aguafuertes, como en una crítica al pintor e ilustrador francés Félix Buhot (1847-1898): «Buhot es un visionario obsesionado con el pintoresquismo de la vida moderna; nervioso en exceso, y torturado por una multitud de impresiones fugaces e ideas extrañas, sufría de una cruel incapacidad para reproducirlos a su antojo. [...]».
Su estilo se caracterizaba por el uso de anglicismos y neologismos excéntricos.
Otro de sus intereses fue la moda femenina, sobre la que escribió una serie de libros y artículos —que también se tradujeron al inglés—; en particular, se centró en la apariencia ideal de «la Parisienne». En Uzanne se podía percibir un ansia por revivir el orgullo nacional francés, que compartía el resto de miembros de la generación posterior, que habían vivido de jóvenes la derrota contra Prusia en 1870, y que se reflejó en sus esfuerzos por promocionar una renovación de las artes decorativas. Uzanne opinó que «las mujeres burguesas casadas no solo debían decorar las paredes de sus casas, sino también cultivar el lujo y el arte en un adorno ignorado por sus predecesoras aristocráticas: sus prendas interiores». Creía que el erotismo del ambiente teatral ya no era el de antaño y que este se había vuelto «más moral, más burgués». Su primer libro sobre moda fue L'Éventail (1882), una historia ilustrada sobre los abanicos. Admitió que su libro «no es de ninguna manera una obra de la poderosa sabiduría y erudición», sino simplemente el primero de una serie proyectada de «pequeños libros de tocador».