José Pérez Ocaña (Cantillana, Sevilla, 24 de marzo de 1947 - Sevilla, 18 de septiembre de 1983), más conocido como Ocaña, fue un performer, artista, pintor y activista español.
Ocaña fue una de las principales figuras de la contracultura barcelonesa durante la transición española, en un momento de especial vitalidad de la misma. Sus performances y acciones artísticas, así como su propia vida, han sido consideradas un símbolo del desafío a las convenciones sociales del franquismo desde una perspectiva libertaria y de desobediencia sexual y de género. Por ello, han sido revindicadas tanto desde el ámbito del activismo queer como del de la historiografía del arte. Además de por sus performances y figura pública, fue conocido por su pintura e instalaciones y el documental Ocaña, retrato intermitente (Ventura Pons, 1978).
Ocaña nació en Cantillana, un pueblo de la provincia de Sevilla. Su infancia y juventud en él influyó de forma importante en su obra, en la que plasmó y reelaboró elementos de religiosidad popular local como el culto a la Virgen de la Asunción Gloriosa («rival», en el contexto del pueblo, del culto a la Divina Pastora). Desde adolescente vivió su homosexualidad de forma visible y se interesó por la pintura. En 1969 se mudó a Madrid para hacer el servicio militar obligatorio como ascensorista de la Marina. Al año siguiente realizó en Cantillana su primera exposición, centrada en vírgenes y entierros y que seguía la línea academicista de sus obras paisajísticas anteriores. En 1971 abandonó de forma definitiva su localidad natal para trasladarse a Barcelona, donde desarrolló el grueso de su trayectoria artística y subsistió a base de encargos y trabajando como pintor decorativo.
En Barcelona comenzó a ganar notoriedad a raíz de una serie de acciones públicas que combinaban la provocación, lo lúdico y la reapropiación de elementos de la tradición andaluza (saetas, mantones, iconografía religiosa). Gran parte de ellas tuvieron lugar en las Ramblas, donde paseaba travestido y realizaba happenings junto a amigos y colaboradores como Camilo y Nazario. Sus actuaciones y paseos tenían un carácter disruptivo de las convenciones sociales y los estereotipos de género del tardofranquismo, alterando las expectativas de lo tradicional y lo rupturista y sobre las figuras del «mariquita» y la «loca». Asimismo, a menudo vestía con un bombín al estilo de Chaplin y botas labriegas. En su entremezclamiento de arte, provocación y activismo, se declaró en distintas ocasiones «La Pasionaria de los mariquitas». Estos elementos ha llevado a que sea considerado un precedente del arte y activismo queer.
Ocaña se consideraba anarquista no adscrito, y realizó una de sus actuaciones más populares en las Jornadas Libertarias Internacionales de 1977, celebradas en el parc Güell. En colaboración con Nazario y Camilo, realizó una pieza con numerosos elementos sexuales, satíricos y del folclore andaluz, que se enmarcaba en el contexto contracultural, ácrata y de liberación sexual de parte de los movimientos culturales del momento. La actuación fue condenada por la dirección estatal de la CNT, a lo que los organizadores respondieron amenazando con dimitir si no se les autorizaba a repetirla el resto de días. Ocaña se definió a menudo como «libertataria» para distanciarse de la ortodoxia anarcosindicalista.
En 1977 participó también en la primera manifestación del Orgullo en Barcelona, donde la aparición de «locas» fue criticada por sectores del FAGC, la organización convocante. El año siguiente realizó en el Canet Rock otra de sus actuaciones más conocidas, y se estrenó en el Festival de Cannes la película Ocaña, retrato intermitente (Ventura Pons, 1978), que consolidó su popularidad ante un público más amplio. En una de sus performances en las Ramblas de ese mismo año fue detenido junto a Nazario y otros y posteriormente apaleado, desencadenando una manifestación por su liberación y la de los demás compañeros.
Además de sus populares performances, desarrolló una obra extensa que abarcó principalmente la pintura, la artesanía y la instalación. Su pintura en Barcelona se distanció enormemente de la obra más academicista de Cantillana, incorporando influencias del fauvismo, el expresionismo y el arte naíf. En ella abundaron elementos de religiosidad popular andaluza con escenas costumbristas y simbolistas, así como ocasionalmente de denuncia social.
La disolución de la frontera entre intimidad y espacio público fue una de las constantes en su obra tanto performática como pictórica y de instalación. Su primera exposición de calado, Un poco de Andalucía (Galería Mec-Mec, 1977), incluía recreaciones de su propia habitación y estancias de su vida en Cantillana con muebles originales. Su segunda y última exposición mayor, La Primavera (Antiguo Hospital de la Santa Creu, 1982), ahondó en su visión de la dimensión popular de la religión recreando en movimiento la Ascensión de la Virgen con diferentes amigos caracterizados para la ocasión, en lo que ha sido vinculado con prácticas del arte relacional.
Además de Ocaña, retrato intermitente (1978), Ocaña realizó algunas incursiones en el cine. En 1979 rodó la performance Ocaña, der Engel, der in der Qual singt, dirigida por Gérard Courant y en la que declamaba un texto improvisado ante una Marilyn Monroe de papel maché frente al Muro de Berlín. En los años siguientes coprotagonizó la película Manderley (1981) y el cortometraje Silencis (1982). El documental póstumo Ocaña, la memoria del sol (2009) analizó su figura a partir de material de archivo, imágenes y testimonios inéditos.
En septiembre de 1983 regresó a Cantillana para celebrar unas fiestas infantiles de la Semana de la Juventud y reunirse con su familia. Allí confeccionó y vistió un disfraz elaborado con papel y tela, que incluía un sol elaborado de papel maché con bengalas adosadas. Este prendió y sufrió quemaduras graves. Aunque las quemaduras fueron curándose progresivamente, el debilitamiento general de su organismo provocó un recrudecimiento de su antigua hepatitis, falleciendo por esta causa el 18 de septiembre de 1983.
En el ámbito artístico, Ocaña ha sido objeto de diferentes homenajes por parte de artistas contemporáneos y de generaciones posteriores. El historietista Nazario le rindió homenaje en el cómic Alí Babá y los 40 maricones. Carlos Cano le dedicó la canción "Romance a Ocaña" (1985), posteriormente versionada por María Dolores Pradera.
En el ámbito del teatro, en 1986 se publicó Ocaña, el fuego infinito, de Andrés Ruiz, que se representó en La Habana y obtuvo el Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca. Marc Rosich le dedicó la obra Copi i Ocaña al Purgatori (2015), y Unai Izquierdo, Ocaña (2017).En 2019 se estrenó en la ópera de Neukölln la pieza musical Ocaña, Königin der Ramblas, dirigida por Rosich.Desde 2010 el Museo Reina Sofía acoge el Archivo José Pérez Ocaña.
En el ámbito institucional le fue concedido en 2014 el Premio Honorífico Adriano Antinoo en reconocimiento de su activismo.
En 2018 se inauguró el Centro de Interpretación Ocaña de Cantillana en su localidad natal,que acoge 54 pinturas del artista, fotografías, esculturas y carteles, objetos personales y vídeos con las obras e instalaciones. Buena parte de sus fotos son de la fotógrafa Colita, que donó en 2020 al museo. En 2019 el Ayuntamiento de la localidad creó el Premio Nacional de Pintura Ocaña.
El pleno del Ayuntamiento de Sevilla, del 15 de octubre de 2020, acordó concederle una calle en la capital andaluza, en la que instaló un monolito en homenaje a su figura.
En 2024 se estrenó en TVE, Yo, Ocaña, documental sobre su vida y su obra, dirigido por Gemma Soriano y Pilar Granero, con datos no conocidos hasta ahora. Participan, entre otros, los hermanos del artista, Jesús y Rafael Pérez Ocaña, Nazario Luque, la fotógrafa Marta Sentís y la galerista francesa y también amiga Annick Jaccard-Beugnet, que aporta al largometraje unas grabaciones sonoras inéditas de Ocaña, para un libro de memorias que nunca vio la luz.