Ocaña es un municipio colombiano ubicado en el departamento de Norte de Santander, al nororiente del país. Se encuentra dentro de la Subregión de Occidente en la región del Catatumbo, conocida coloquialmente como la Provincia de Ocaña. El municipio cuenta con una extensión de 672,27 km² y una altitud media de 1202 m s. n. m. Está ubicado al occidente del departamento, sobre la cordillera oriental y se encuentra atravesado por dos ríos: el Algodonal (nombre que recibe el río Catatumbo en el municipio) y el Tejo, además de varias quebradas.
Es conocido en la historia de Colombia por la Convención de Ocaña, así como su gastronomía y la Virgen de Torcoroma.
Con 135.990 habitantes en 2025, es la segunda ciudad más poblada de Norte de Santander, tras Cúcuta. Es uno de los municipios de Colombia que ha recibido la constante recepción de migrantes venezolanos en el marco de la Crisis de refugiados venezolana, por lo que la anterior cifra podría ser mayor.
Como buena parte de las ciudades fundadas por los españoles, Ocaña recibió el nombre de su homónima ibérica. La razón por la cual este nombre se debió a que la Villa de Ocaña en Toledo (Castilla) era la patria de Pedro Fernández del Busto, gobernador de la Provincia de Santa Marta, de la cual hizo parte la recién fundada ciudad hasta el periodo republicano, La toponiamia de la Ocaña ibérica es incierta, no obstante, se presume que tiene la base olca- de origen celtibérico con el significado de «campo fértil, vega», con la probable evolución siguiente: Olcania > Ocania > Ocaña. Existen no obstante otras teorías, como la de Nieto Ballester, quien afirma que «Ocaña» es un término prerromano, de aspecto indoeuropeo, pero no celta.
El topónimo indígena que recibía Ocaña es especulativo, ya que si bien la zona estuvo habitada por los indígenas carates, Ocaña es una fundación española sin continuidad jurídica con los cacicazgos indígenas. No obstante, pervive el topónimo Argutacaca en algunos documentos coloniales, sin embargo, como expone la historiadora colombiana, Martha Herrera Ángel en Ordenar para controlar, las reducciones de los nativos a pueblos de indios cambió radicalmente la identidad de los mismos, pasando a identificarse con el nombre asignado por los españoles a dichos pueblos. Como consecuencia, buena parte de los topónimos de origen indígena tienen influencia española, por ejemplo los nombres de los corregimientos y municipios de la región (Brotaré, Hacarí, Teorama).
El nombre de Ocaña por su parte recibió ciertas modificaciones temporales, como Santa Ana de Ocaña, Nueva Madrid o combinaciones de estos (Santa Ana de Ocaña de la Nueva Madrid). No era extraño que las villas y ciudades fundadas por los españoles estuvieran compuestos por el nombre de un santo más el nombre propiamente dicho; a su vez, los nombres de las mismas podían cambiar en función de los intereses de las autoridades civiles.
Periodo prehispánico (Hasta 1570)
La ciudad de Ocaña y su área circundante estaba habitada por los indígenas carates, un pueblo de lengua chibcha y emparentado con los barí. Érroneamente se les conoce como hacaritamas pese a que no existe constancia de dicho nombre en ningún documento colonial, siendo más bien un producto literario popularizado por Alejo Amaya en su obra Los Genitores.
Así pues, los hacaritamas son un mito historiográfico perpetuado hasta el presente, los carates por su parte están documentados y se les menciona durante buena parte del periodo colonial. Los carates dejan de aparecer en los documentos en la medida que los motilones (nombre que los españoles les dieron a los barí) adquieren importancia. Esto es producto de la expansión hacia el Catatumbo, región que fue colonizada paulatinamente desde Ocaña, Silos y Salazar de las Palmas.
A su vez, desaparecen a medida que se concreta en proceso de cosmogénesis, el cual consistía en que los pueblos indígenas reducidos a pueblos sedentarios, abandonan su identidad previa y adoptan la impuesta por las autoridades coloniales. Así pues, las distintas tribus mencionadas por la historiografía local corresponden a las que habitaban los pueblos de indios (Brotaré, Taqueorama, La Loma de González) creados por los españoles en lugar de etnias antiquísimas, emperentadas o no, con los carates.
La Cultura Mosquito (una tribu indígena de filiación caribe) por su parte habitaba el sur del departamento del Cesar, región que durante todo el periodo colonial estuvo bajo la jurisdicción del cabildo de Ocaña. Por tal motivo, algunos autores confunden a los carates con los mosquitos, confusión que ha llevado a incluir a los actuales barí como un pueblo de lengua caribe.
Ocaña fue fundada el 14 de diciembre de 1570 por el capitán Francisco Fernández de Contreras (también llamado Hernández). La fundación fue precedida por la pacificación (conquista contra los indígenas que incluía su sedentarización en pueblos) de los carates por el mismo Fernández, que se venía realizando durante la década de 1560, pero que no contaba con la autorización de la Real Audiencia para la fundación jurídica. La fecha fue durante mucho tiempo controvertida, empero, esta se realizó bajo el mandato de Pedro Fernández del Busto, gobernador de Santa Marta entre septiembre de 1570 y enero de 1571 y que era natural de Ocaña (Toledo).
La fundación, más que el poblamiento y construcción de viviendas, implicaba la creación de un cabildo, entidad jurídica que rigió las ciudades hispanoamericanas durante todo el periodo colonial. Esto implica que las fundaciones son ante todo, un ritual jurídico y que para la sociedad española del momento, pesaba más la instauración de instituciones visibles y fijas por sobre el poblamiento del territorio. Este ritual implicaba también, que en torno a la ciudad recién fundada, se construyeran pueblos de indios, que serían habitados por los indígenas recién conquistados, que pasarían a ser evangelizados y sedentarizados.
La sociedad virreinal ocañera giraba en torno al modelo aristotélico-tomista heredado de España, el cual reemplazó los sistemas de pensamiento indígenas, adoptando no obstante algunos de sus elementos. Este proceso recibe el nombre de transculturación y permitió el mestizaje.
En cuanto al funcionamiento del modelo, este tenía como centro la religión y el derecho. Por tal motivo, tanto la iglesia principal como el edificio del cabildo se ubicaban en la Plaza Mayor; participar en la sociedad colonial era, por tanto, participar activamente de los ritos católicos como de la política local. Y si bien nadie estaba excluido de la Iglesia, la participación del cabildo estuvo restringida a hombres libres y cabezas de familia, excluyendo cualquier tipo de representación individual o de los esclavos.
Período Independentista (1810-1821)I
Como parte de la Provincia de Santa Marta, Ocaña se mantuvo en el bando realista, permitiendo así la creación de guerrillas realistas y secesionistas, según los intereses de los frentes. Los criollos y clases altas prefirieron el bando secesionista, viendo una oportunidad para recuperar el poder perdido durante el reformismo borbónico. Las clases bajas por su parte eligieron el bando realista por el escepticismo al proceso revolucionario, el cual lo excluía por su condición poco ilustrada.
Existía la presencia de grupos que se oponían a la independencia en todo el territorio neogranadino, en la región de Ocaña para el 14 de noviembre de 1817 se creó un cuerpo franco en defensa del rey, al que se llamó Los Colorados nombre que les fue puesto debido al pantalón rojo que usaban sus soldados, quienes a pesar de haber sido creada La Gran Colombia como nación desde el 17 de diciembre de 1819, las fuerzas guerrilleras realistas no daban por terminada su confrontación.