Níger, oficialmente República del Níger o República de Níger (en hausa: Jamhuriyar Nijar), es un país sin litoral situado en África Occidental. Limita al sur con Nigeria y Benín, al oeste con Burkina Faso y Malí, al norte con Argelia y Libia, y al este con Chad. Gran parte de su territorio se encuentra dentro de las regiones del Sahara y el Sahel, especialmente en las zonas septentrionales y centrales, lo que le confiere un clima predominantemente árido. Su capital y ciudad más poblada es Niamey.
Níger fue una colonia del África Occidental Francesa, que accedió a la independencia en 1960. Su economía es considerada por algunas fuentes como una de las más desfavorecidas de África y se estima que aproximadamente dos tercios de su población viven bajo el umbral de la pobreza. Así, su índice de desarrollo humano en 2016 fue de 0,353 y ocupando el puesto 187, lo convierte en el cuarto país más pobre del mundo. Su democracia es inestable y ha sufrido varios golpes de Estado en las últimas décadas, el último el 26 de julio de 2023, cuando se depuso al presidente Mohamed Bazoum tras 2 años en el poder por parte de las Fuerzas Armadas al mando del nuevo jefe de Estado de la República, Abdourahamane Tchiani, quien también se autoproclamó presidente del Consejo Nacional para la Salvaguardia de la Patria.
Tiene una superficie de 1 267 000 km², y una población de 25 357 000 habitantes (2023), mayoritariamente musulmana, que se concentra en la franja meridional, en particular en la región suroccidental a orillas del río Níger. Está dividido en siete departamentos y el distrito de su ciudad capital, Niamey. Es un país rico en minerales, entre los que se destaca el uranio, un producto valioso cuyo precio sin embargo registra fuertes fluctuaciones. Sin embargo, apenas el 3,9% de su territorio es apto para la agricultura, lo que sumado a las sequías y a la desertificación de su territorio, lo hace vulnerable a las hambrunas. El gobierno asimismo ha iniciado la exploración y los proyectos de explotación de yacimientos de oro y de petróleo.
El territorio nigerino ha estado habitado por homínidos desde hace más de noventa milenios, según la evidencia arqueológica encontrada. La evidencia botánica, climática y geológica indica que en esos tiempos, el proceso de desertificación de toda la región norte del país aún no había comenzado, o era incipiente.
Grupos que vivían del pastoreo dejaron pinturas rupestres de una abundante vida silvestre, animales domésticos y carretas, así como una compleja cultura que se remonta por lo menos al X milenio a. C., que se destacó por sus obras en cerámica, así como por su técnica en el desarrollo de arcos y flechas. De ese periodo quedan asimismo huellas de una activa hidrografía, cuando durante el Neolítico el clima se hizo clemente, y el río Níger y el lago Chad registraron sus máximos niveles.
Aunque hace seis mil años, las regiones septentrionales situadas en el Sahara seguían siendo fértiles, el desierto ya había avanzado notablemente en el actual Níger hacia el siglo XXV a. C.
Desde principios del siglo XII, los tuareg construyeron grandes federaciones, que expandieron su influencia hacia el sur, en las montañas de Air, desplazando a sus antiguos habitantes hacia territorios aún más meridionales. En su momento de mayor poderío, esta entidad controló el actual Níger y ejercía un gran peso en la zona septentrional de Nigeria.
El Imperio songhay se expandió en el actual Níger desde principios del siglo XIV, controlando hasta Agadez antes de su colapso en 1591, entidad de la cual los pueblos zarma y songhai guardan trazas. Tras la caída algunas partes del Imperio y refugiados del actual Malí conformaron una serie de estados Songhai, de los cuales el reino dendi fue el más poderoso.
En el siglo XVII los fulani se desplazaron a la región oriental de Liptako. Los pequeños reinos Zarma y varios estados hausa, que llegaron en el siglo X y se convirtieron al islam en el XIV, chocaron la expansión fulani de Sokoto en el sur. En el siglo XVII controlaban las rutas comerciales entre el Mediterráneo y Ghana y Nigeria. La frontera con Nigeria Británica se basó en parte en la ruptura entre el califato Sokoto al sur, y la dinastía hausa reinante que había abandonado el norte. En el extremo oriental, en la cuenca del lago Chad, la expansión sucesiva de los imperios Imperio Kanem-Bornu difundió étnicamente a los Kanuri y a los Toubou hasta regiones tan occidentales como los oasis de Zinder y Kaouar del siglo X al XVII.
En el siglo XIX el contacto con Occidente comenzó mediante las exploraciones, en particular las del naturalista Mungo Park y el explorador alemán Heinrich Barth, al servicio del Imperio británico. De hecho, los poderes coloniales estaban interesados en conectar sus enclaves orientales y occidentales en el continente africano, por lo que la existencia de una fuente de agua como el lago Chad intensificó aún más el interés por la región.
Los británicos y los franceses se dividieron la región sobre el papel, fijando el límite más al norte de la frontera final, que fue extendida por el oficial Parfait-Louis Monteil en la década de 1890. Aunque los esfuerzos franceses por controlar la región comenzaron antes de 1900, varios grupos no fueron sometidos sino hasta 1922, cuando se consolidó la colonia.
La colonización francesa se realizó a finales del siglo XIX. Las fuerzas coloniales encontraron más oposición de la que esperaban, lanzando la expedición punitiva Voulet-Chanoîne, arrasando el sur del país entre 1898 y 1899, dejando a su paso toda una serie de atrocidades. El límite definitivo entre las colonias francesas y británicas se fijó en 1904, el cual seguía el curso del río Níger, desde Tombuctú hasta el lago Chad.
Durante su dominio colonial, los franceses favorecieron a la etnia zarma así como a los practicantes de la religión musulmana, pues presentaba más concordancias con su sistema que las estructuras indígenas animistas. Algunas prácticas religiosas que fueron percibidas como amenazantes por la administración local fueron en efecto suprimidas.
Aunque las revueltas de los tuaregs continuaron, tras el sitio de Agadez en 1916 y 1917 los franceses controlaron la zona. A partir de entonces el actual territorio de Níger pasó a formar parte del África Occidental Francesa. La capital se encontraba en Dakar, Senegal, con un gobernador local en Niamey. En 1931 decenas de miles de personas murieron debido a una hambruna, que llevó a muchos otros habitantes a huir a Nigeria. Se calcula que entre el 20 y el 25% de la población de la región murió durante la hambruna de 1931. Tras un corto período de prosperidad, las condiciones alimentarias difíciles regresaron en 1937 y 1940.
Tras la Conferencia de Brazzaville de 1944, además de conceder la nacionalidad francesa a los habitantes de esos territorios, en 1946 la Constitución francesa promovió la descentralización. En 1956 el sistema colonial trató una vez más de adaptarse mediante la Ley de Reforma (Loi Cadre) del 23 de julio. Tras el establecimiento de la Quinta República Francesa en 1958, Níger pasó a ser un estado autónomo dentro de la Comunidad Francesa, cuando prefirió esa posibilidad a la independencia en un referendo que, sin embargo, despertó sospechas de fraude.
Dos años después el país obtuvo su independencia. El primer presidente fue Hamani Diori, que logró su reelección en las elecciones de 1965 y 1970. Con la ayuda de Francia comienza la explotación de las minas de uranio, al norte, cerca de la frontera con Argelia.
Sin embargo, las grandes sequías que se sucedieron a partir de 1968 y se intensificaron en la década de 1970 generaron un estado de inquietud social y de inestabilidad de gobierno, que condujeron a un primer golpe de Estado militar en 1974 dirigido por el coronel Seyni Kountché, que derrocó a Diori. Kountché sufrió a su vez varios intentos golpistas frustrados, pero también fue afortunado por los descubrimientos de uranio. La explotación del mineral, sin embargo, también acarreó una fuerte inflación.