Tal Día como Hoy

Mutualismo (teoría económica)

Corriente del anarquismo

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El mutualismo (del latín mutuum, mutuo o intercambio)​ es una corriente del pensamiento anarquista que puede ser atribuida a los escritos de Pierre-Joseph Proudhon y que propone una sociedad futura sin Estado,​ donde la propiedad de los medios de producción pueda ser individual o colectiva siempre que el intercambio de bienes y servicios represente montos equivalentes de trabajo.​

A partir de este esquema se construiría la sociedad mutualista que funcionaría asociando de forma libre a los productores en federaciones de industria que organicen la cooperación y reemplacen a los empleadores. Una idea común sobre el mutualismo de Proudhon es que intercambios de trabajo implican certificados de trabajo, cosa que podría ser una confusión de la teoría de la explotación de Proudhon.​ Sobre las notas, el crédito y préstamos a los miembros que ofrecería, aun así se concuerda en que las diferentes versiones del mutualismo promueven que se hagan cargo de los productos finalizados, pacten servicios de policía, intercambien con otros grupos de comercio para su beneficio mutuo a través de una federación de segundo grado habilitando a sus miembros para utilizar su crédito, y asimismo asegurarlos frente a las posibles pérdidas.​​

El mutualismo está basado generalmente en la teoría del valor-trabajo, que sostiene que cuando el trabajo o lo que este produce es vendido, en intercambio, este debe recibir bienes y servicios que abarquen «el monto de trabajo necesario para producir un artículo exactamente similar e igual utilidad».​​ Recibir menos (o más) se consideraría explotación, robo de trabajo, o usura.

El mutualismo también es crítico con la intervención económica del Estado y con la propiedad privada de bienes naturales y se le ha identificado muchas veces como una ideología económica sintetizadora entre el liberalismo y el socialismo.​​​ Debido a estos puntos mencionados previamente, la teoría político-económica mutualista ocupa un sitio poco habitual en el espectro político que en ocasiones se ha caracterizado como un punto intermedio entre anarcoindividualismo y anarcocolectivismo.​ El mismo Proudhon describió la libertad que él pretendía como «la síntesis del comunismo y la propiedad».​

El término «mutualismo» aquí explicado como una teoría económica para una hipotética sociedad anarquista no debe confundirse con el mismo término usado por otros autores en otros contextos como el concepto biológico de mutualismo o reciprocidad, que es lo contrario a parasitismo en biología, ni debe confundirse con el mutualismo o movimiento de mutualidades o de auxilios mutuos gremiales o cooperativistas, un movimiento social cronológicamente anterior y políticamente neutral que se encuentra plenamente integrado a la sociedad presente.

Un concepto clave del mutualismo es concretar una economía basada en intercambios mutuamente benéficos. Para ello, tradicionalmente se han basado en alguna interpretación de la teoría del valor-trabajo. Así que sostienen una ética donde los precios estén basados en el costo (gastos más trabajo aplicado). Un intercambio o acuerdo desigual, según ellos, representaría explotación o usura.​ En este sentido, los mutualistas trascienden la idea de individuos recibiendo algún beneficio (en intercambios), renta (en alquileres) o interés (en préstamos) que son considerados en uno u otro nivel acuerdos económicos «injustos», ya que consideran que estos individuos no están trabajando.​ Por otro lado, muchos de ellos sostienen que el Estado ejerce una distorsión estructural —directa o indirecta— sobre el mercado, lo que privilegia a unos individuos a costa de otros, alterando así la posibilidad de realizar intercambios equivalentes.​ Por lo tanto, argumentan que si los privilegios estatales cesan, los ingresos tenderían a igualarse al incrementarse la competencia en capital y los individuos recibirían no más ingresos que aquellos en proporción al monto de trabajo que ellos ejercen,​​ viendo la ausencia de lucro como algo deseable.​ Sin embargo, como el mutualismo es una teoría no compulsiva, las actividades lucrativas se mantendrían como opcionales,​ aunque consideran que fuertemente debilitadas.​​

En la medida que aseguran el derecho de los trabajadores al producto completo de su trabajo, los mutualistas respaldan conceptos que ciertos autores han estimado compatibles con la economía de mercado y el derecho de propiedad,​ alejándose así del modelo tradicional de estatización de los medios de producción propuesto en modelos de socialismo de Estado para superar la sociedad capitalista. De todos modos, rechazan la propiedad privada de la tierra, y abogan por títulos condicionales del suelo, donde el dominio privado es legitimado solo en tanto provenga del uso u ocupación (denominado «posesión» por Proudhon).​​ Mientras que para bienes de capital (medios de producción hechos por el ser humano, bienes que no sean suelo) las opiniones mutualistas difieren sobre si estos deben ser bienes administrados asociativamente o propiedades privadas.

En La capacidad política de la clase obrera Proudhon lo reseña así:​

El socialismo planteado por los mutualistas, en general, prefiere la pequeña escala productiva; sin embargo, el propio Proudhon aceptó la producción a gran escala cuando esta sea necesaria, pero debería darse de manera autogestionada.​​ Así, el mutualismo, para algunos autores, tiene paralelismos con el ideario más radical del cooperativismo​ por afirmaciones como esta: «No necesitamos dudar [cuando sea necesaria la gran escala], porque no tenemos otra opción... es necesario formar una asociación entre los trabajadores... porque sin ella, estaremos relacionados como subordinados y superiores en dos... castas de los capitanes y los trabajadores-salariados, lo que repugna a una sociedad libre y democrática» y así «se hace necesario para los trabajadores el formar en sí mismos sociedades democráticas, con igualdad de condiciones para todos los miembros, bajo pena de una recaída en el feudalismo».​ No obstante, el mutualista moderno Kevin Carson sostiene que a medida que se internalicen sistemáticamente los costos que el Estado subsidia directa o indirectamente, las deseconomías de escalas empezarían a incrementar, haciendo que la economía y la tecnología tienda a una escala más pequeña y localizada.​

Por otro lado, según Daniel Guérin, no era claro si para Proudhon las empresas autogestionadas debían seguir coexistiendo con empresas privadas o debían reemplazarlas completamente.​ Pero para Clarence Lee Swartz —un declarado mutualista— el mutualismo coexistiría con otras formas económicas incluyendo la propiedad privada.​ Por su parte, Piotr Kropotkin aseguró que Proudhon «en su sistema mutualista trató de hacer que el capital fuera menos ofensivo, a pesar del mantenimiento de la propiedad privada, que detestaba desde el fondo de su corazón, pero que él creía necesario para garantizar a las personas contra el Estado».​

En otro orden de ideas, los mutualistas decimonónicos, siguiendo a Proudhon, originalmente se consideraban a sí mismos «socialistas», aunque en un modo diferente al de otras tradiciones socialistas debido, entre otras cosas, a que no abogaron por la socialización compulsiva sobre los medios de producción.​ Benjamin Tucker dijo de Proudhon, que «aunque se opuso a la socialización [forzada] de la propiedad del capital, [Proudhon] encaminó no obstante, a socializar sus efectos haciendo su uso beneficioso para todos en lugar de un medio de empobrecimiento de muchos para enriquecer a los pocos... sometiendo el capital a la ley natural de la competencia, obteniendo que el precio de su propio uso baje al coste».​ De esta manera, para el mutualista contemporáneo Kevin Carson «es la intervención del Estado lo que distingue el capitalismo del libre mercado»​ y «la consecuencia natural de la competencia de mercado sin bozal es el socialismo».​ Por su parte, Daniel Guérin afirmó que «la competencia soñada por Proudhon no es, empero, la de la economía capitalista, carente de principios rectores, sino una competencia orientada por un ideal superior, que la «socializa», basada en un intercambio leal y movida por un espíritu de solidaridad; una competencia que, sin restringir la iniciativa individual, devolvería a la colectividad las riquezas de las cuales la priva actualmente la apropiación capitalista».​

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