Tal Día como Hoy

Musical

Género teatral, cinematográfico y a veces televisivo con secciones cantadas y bailadas

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Un musical es una forma de expresión de arte escénico en el que la acción se desenvuelve con secciones cantadas y generalmente, bailadas justo después de un diálogo no muy extenso. Es un género que combina la música, canciones, diálogo y baile, y que suele representarse en grandes escenarios, tal como los teatros de West End de Londres o Broadway, en Nueva York, principales sedes del teatro musical, seguidos de Argentina, Australia, Brasil, Canadá, España, Francia y México.

El musical remonta sus orígenes a varias fuentes teatrales del siglo XIX, incluida la opereta, la ópera cómica, la comedia musical, la pantomima, el minstrel show, el vodevil y el género burlesco.

Existen diversas variedades de musicales, dependiendo de la manera en la que hayan sido escritos. Una de las formas más básicas (con la que se escribieron los primeros musicales) consiste en tomar canciones preexistentes y escribir una historia alrededor de ellas (denominado un musical "jukebox", haciendo alusión a las antiguas máquinas reproductoras de discos de vinilo, que compilaban canciones de diversos artistas para ser elegidas por el cliente a cambio de una moneda).

Sin embargo, para muchos esta forma de escribir se volvió un tanto limitada ya que, en muchas ocasiones, se añadían canciones por el simple hecho de ser populares. Esto quitaba profundidad a la obra, por lo que muchos tomaron las riendas y comenzaron a componer canciones originales para sus musicales. Esto permitió que las obras adquirieran tonos que nunca podrían haberse adquirido con canciones de radio y emociones mucho más fuertes. A partir de esto la comedia musical comenzó a nutrirse de la ópera, donde los diálogos de los personajes eran completamente cantados (un ejemplo de esto es [RENT], musical/ópera rock, escrito y compuesto por Jonathan Larson, donde los diálogos son cantados casi en la totalidad de la obra).

Sin embargo, esto no quiere decir que esa sea la norma para escribir musicales. Otra forma, más común hoy en día, es una mixtura entre ambas formas: canciones originales, pero con segmentos en bloques, donde la estructura tiene forma de canción>escena>canción>escena. El orden puede variarse, pero en síntesis, los diálogos son recitados como en una obra teatral tradicional, pero en ciertos momentos, una canción comienza de imprevisto para ahondar más en los sentimientos de los personajes o para narrar un hecho (libre de diálogos).

Un ejemplo de esta forma es el musical Despertar de Primavera, adaptación de la obra teatral homónima.

El musical es una producción en la que se integran en una trama emocional canciones y bailes, acompañamientos instrumentales e interludios y, a menudo, también danzas. Este género renació como se conoce hoy en día en la Europa del siglo XIX como una variante de la opereta, aunque en los diferentes países existía teatro musical con diferentes estilos: zarzuela, género chico y comedia musical en España, opera cómica y music hall en Inglaterra u operette en Francia. Mucho después, durante la primera mitad del siglo XX, se desarrolló en Estados Unidos, país donde ha registrado el máximo desarrollo.

Se puede decir que el musical nació el 12 de septiembre de 1866, el día en el que en Estados Unidos se pone en escena por primera vez una ópera (The Black Crook), que surge de la unión entre una compañía de danza y baile europea con una compañía de teatro.​ Esta colaboración surge del hecho de que la primera se encontraba sin un recinto donde actuar mientras que la segunda estaba montando una producción que resultaba ser mucho más cara de lo esperado. Superadas las dificultades económicas y de organización el 12 de septiembre se estrenaba la pieza en el Niblo's Garden de Nueva York.

Por tanto, el musical se desarrolla como una forma de teatro dirigido a las masas y para un público muy diverso. Su estructura y estilo permite que el espectador sea capaz de seguir el espectáculo como en un vodevil (teatro de variedades), dando como resultado una representación más simple y fácil de entender que la prosa tradicional.

La comedia musical nace en los Estados Unidos en un contexto histórico de fortísima inmigración con una población urbana compleja y de muy distintos orígenes étnicos y culturales, que a menudo ni siquiera hablan inglés; estos colectivos representan una vasta audiencia potencial para el musical, porque esta forma de entretenimiento es capaz de atraer con facilidad el interés del público con una historia que es claramente evidente en el desarrollo del espectáculo, sin necesidad de tener un profundo conocimiento del idioma, y que es al mismo tiempo visualmente atractiva.

A partir de Nueva York (Broadway), la cultura del musical se va extendiendo por el resto del territorio estadounidense. Comienzan a estrenarse obras que pasarían a la historia de esta modalidad de espectáculo: Así, A Trip to Chinatown (1891), de Percy Gaunt; Wang, de Woolson Morse; The Belle of New York (1897), de Gustave Kerker, con Edna May, o The Wizard of Oz (1902), de Paul Tietjens.

Por su parte, en Europa el centro del fenómeno de los musicales se sitúa en la ciudad de Londres, donde en 1893 se estrenaba A Gaiety Girl, de Sidney Jones, y un año más tarde lo hacía The Shop Girl, de Ivan Caryll con Seymour Hicks y Ellaline Terriss, que llegó a alcanzar las 546 representaciones. En 1896 destaca The Geisha, de Sidney Jones, con 760 representaciones y The Circus Girl, de Caryll. En años sucesivos, fueron destacables The French Maid (1897), de Walter Slaughter, con Herbert Standing; A Runaway Girl (1898), de Caryll; A Chinese Honeymoon, (1901), de Howard Talbot; The Girl from Kays (1903), de Caryll y Owen Hall, con Willie Edouin; The Catch of the Season (1904) de Herbert Haines y Evelyn Baker; The Arcadians (1909), de Monckton y Talbot; o Our Miss Gibbs de Caryll y Monckton, con Gladys Cooper.

A lo largo de la década de 1910, se afianzan estos espectáculos a ambos lados del Atlántico. Destacaron Adele (1913), de Adolf Philipp; Watch Your Step (1914) de Irving Berlin; Very Good Eddie (1915), de Jerome Kern, con Ernest Truex; Chu Chin Chow (1916), de Frederic Norton, con Lily Brayton y Oscar Asche, estrenado en el Her Majesty's Theatre, de Londres, que alcanzó las 2.238 representaciones y llegó a Broadway un año más tarde a Nueva York, donde fue interpretado por Tyrone Power, Sr., Henry E. Dixey y Tessa Kosta; Theodore & Co (1916) de Ivor Novello y Kern con Leslie Henson; Oh Boy! (1917), de Kern, con Tom Powers, Edna May Oliver, Marion Davies y Justine Johnstone; Maytime (1917), de Romberg con Peggy Wood; Going Up (1917), de Louis Hirsch con Ed Begley; The Better 'Ole (1917), de Herman Darewski con Charles Coburn; Yes, Uncle! (1917), de Nat D. Ayer con Cyril Ritchard; o Sinbad (1918), de Romberg, con Al Jolson.

Los musicales de los años veinte, con influencias del vodevil, music hall y otros espectáculos ligeros, tendían a enfatizar los actores y actrices, coreografías espectaculares y canciones populares, a expensas de la trama. Típicas de la década fueron producciones ligeras como Sally; Lady Be Good; Sunny; No, No, Nanette; Oh, Kay! y Funny Face. Pese a que los libretos de estos espectáculos careciesen de consistencia, permitieron el lucimiento de estrellas como Marilyn Miller y Fred Astaire y generaron decenas de canciones populares que pasaron a la historia del musical, en composiciones de Jerome Kern, los hermanos Gershwin, Irving Berlin, Cole Porter, Vincent Youmans, y el equipo de Richard Rodgers y Lorenz Hart. A lo largo de la primera mitad del siglo XX, la música popular fue dominado por los compositores de teatro musical y letristas. Incluyen temas como Fascinating Rhythm, Tea for Two y Someone to Watch Over Me, populares a ambos lados del océano Atlántico.

Muchos de los espectáculos eran revistas o sucesiones de sketches y canciones con poca o ninguna conexión entre ellos. El más conocido de estos fue el Ziegfeld Follies anual, revistas espectaculares de canto y baile en Broadway con conjuntos extravagantes, trajes elaborados y hermosas coristas. Todo ello, además, provocó un encarecimiento de los costes. Shuffle Along, un espectáculo exclusivamente de afroamericanos fue todo un éxito en Broadway.​ En Londres, estrellas como Ivor Novello y Noël Coward ganaban popularidad. Mientras tanto, las operetas, que habían estado casi ausentes de la escena de habla inglesa desde la I Guerra Mundial, tuvieron un último estallido de popularidad; obras de compositores europeos continentales tuvieron éxito, como por ejemplo las de Sigmund Romberg y Rudolf Friml en Estados Unidos, incluyendo Rose-Marie (1924), The Student Prince (1926) o The New Moon (1928).​

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