Imam Al-Bujari (810-870 DC) es considerado como uno de los más grandes compiladores y eruditos de los hadices. Su principal obra, denominada Sahih al-Bujari, se ha convertido en uno de los textos canónicos dentro de la tradición islámica y, junto con el Corán y Sahih Muslim, forma parte de las fuentes primarias dentro de la fiqh (jurisprudencia islámica).
Su nombre completo es "Abū 'Abdallāh Muḥammad Ibn Ismā'īl Ibn Ibrāhīm Ibn al-Mughīra Ibn Bardizbeh al-Yu'fī al-Bujārī" (en árabe محمد بن اسماعيل بن ابراهيم بن المغيرة بن بردزبه البخاري).
Nació el viernes 14, después de la oración de Yumu’ah, en el mes de Shawal del año 194 después de la Hégira (que concuerda con el 810 DC.) en la ciudad de Bujará, actualmente Uzbekistán. Fue criado en el seno de una adinerada familia dehqān (terrateniente), de origen persa (debido al nombre Bardizbeh, último ancestro conocido del imām).
Luego de la muerte de su padre, Isma’īl, un eminente erudito de los hadices y estudiante del imām Mālik, el pequeño al-Bujari quedó bajo el cuidado exclusivo de su madre. En el futuro, al-Bujari seguiría los pasos de su padre e iniciaría su propio viaje en la búsqueda de cómo vivir de acuerdo con la voluntad de Alá, revelada en el Corán y enseñada por el profeta Mahoma. Una interrogante que no sólo estaba siendo discutida dentro de la tradición islámica, sino que se encontraba en el núcleo del debate sobre hadiz contra ra’yy; en el cual los defensores de los hadices argumentaban que estos eran el mejor instrumento para la preservación prístina del islam.
Narra Al-Alkâi (418 dh.) y otros fuera de él que Al-Bujâri era ciego en su infancia, y que una noche su madre vio al profeta Abraham, que le dijo: «En verdad Alá le ha regresado la vista a tu hijo debido a tus numerosas súplicas»; después al amanecer el niño ya veía.
A los dieciséis años, el joven al-Bujari, acompañado de su madre y su hermano, dejó su ciudad natal para realizar el hach (peregrinaje a La Meca). Diversas fuentes del siglo cuarto/décimo tales como Ibn Abī Ḥātim al-Rāzī (m. 327 H/983 DC), Ibn Ḥibbān (m. 354 H/965 DC) e Ibn al-Nadīm (m. 385 H/ 965 DC) han descrito sus estadías en las ciudades de Balj, Merv, Nishapur, Ray, Basora, Wasit, Kufa, Medina y Meca durante su trayecto, gracias al cual tuvo acceso a las enseñanzas de los eruditos de los hadices más prestigiosos de su época.
Gracias a las rentas mensuales y anuales de las propiedades de su familia (de acuerdo con una cita de al-Dhahabī donde el propio al-Bukhārī asegura: “yo solía adquirir (astaghillu) cada mes 500 dirhams, y luego gastarlo todo en la búsqueda por el conocimiento"), al-Bujari recorrió los principales centros de conocimiento islámico de su tiempo, habló con eruditos e intercambió información sobre el hadiz. Se registra que permaneció en Basora por cuatro o cinco años, y en Hiyaz por seis; viajó a Egipto dos veces y a Kufa y a Bagdad muchas veces.
Estudió con eminentes sabios, entre ellos hubo quienes tenían el rango más alto, por ser quienes relataban hadices directamente de los tabain (la generación que viene inmediatamente después de la generación de los compañeros de Mahoma), como Abul-Mugîrah, así como narradores de Az-Zauri y Malik; también fue alumno de Ahmad bin Hanbal, Ishâq ibn Rahauaiy tomó conocimiento de gente más joven que él como Husain Ibn Muhammad Al-Qabani.
En la ciudad de Bagdad, Al-Bujarí estudió la tutela de Ahmad Ibn Hanbal (m. 241 H/855 DC), quien ejerció una gran influencia en la misión del imām al-Bujari de contribuir a la recolección de los reportes de la temprana comunidad musulmana. Para Ibn Hanbal, la compilación de los dichos y actos del Profeta Muhammed eran esenciales para que los creyentes pudieran determinar la voluntad de Dios y apegarse a dichos lineamientos para un mejor entendimiento de su fe y la ley; en una marcada oposición al uso de la ra'yy para la comprensión de la fe. Esta postura puede resumirse con la declaración de Ibn Ḥanbal: “Casi no ves a nadie aplicando razón (ra’yy) [a algún tema de religión o ley] a menos que yazca, en su corazón, un resentimiento profundamente arraigado (ghill). Por lo tanto, una narración débil [del Profeta] es más querida para mí que el uso de la razón.”
Al-Bujarí se encargaría de perfeccionar el método de recopilación a través de un mayor rigor en la isnād (cadenas de transmisión) y de su clasificación de textos primarios y secundarios. Jonathan Brown describe como la decisión de al-Bujari de concentrarse en la compilación de aquellas fuentes consideradas como ṣaḥīḥ (auténticas) rompía con las prácticas de la escuela basada en la transmisión. Esto desató una fuerte desaprobación pero en los años venideros se convirtió en apreciación al encontrarles una utilidad normativa que contribuyó al establecimiento de nuevos estándares para medir la autenticidad de otras colecciones de hadices. La nueva escala para la medición de la autenticidad fue desarrollada por el erudito al-Ḥākim al- Nīshābūrī (m. 405 H/1014 DC), quien a través del compendio de musnad y muṣannaf de al-Sahihayn (nombre por el cual se denomina al trabajo colectivo de al-Bukhārī y al-Muslim) logró dar mayor certeza al poder garantizar que las isnād fueran sólidas.
Aunque pudiera parecer un proceso bastante natural e inclusive orgánico, la sofisticación de la ciencia de los hadices (tal y como lo advierte Jonathan Brown) en realidad poseía un elitismo inherente que chocaba con la visión más popular y ampliamente aceptada: ver la transmisión de los hadices como una forma para el musulmán común y corriente de unirse a la autoridad popularizada del profeta Mohammed e incorporar este elemento carismático a su vida diaria. Sin embargo, a finales del califato omeya e inicios del abasida, los esfuerzos por lograr la sofisticación de la ley islámica llevaron a la nueva clase erudita a crear una división entre el resto de las masas -de lo general (‘āmm)- y los especialistas eruditos -de aquello restringido (khāṣṣ)-.
Desafortunadamente, el Imam al-Bujari no dejó constancia de la metodología aplicada a sus compilaciones de hadices; por lo que fue trabajo de sus estudiantes analizar su obra determinar el mismo.
Al-Firbiri dice: «Noventa mil personas escucharon a Sahîh Bujâri directamente y no queda de ellos quien lo narre excepto yo».
Entre sus alumnos más notables están Muslim bin Al-Hayyaay (autor de Sahih Muslim), ´Abdu Ar-Rahmân An-Nasaî, el autor de Sunan Nasâi y Abu Isa At-Tirmîdhi, el autor de Tirmîdhi.
Con el paso del tiempo, y gracias a la ardua labor de los pupilos del imām al-Bujari, su obra llegó a ser reverenciada como sagrada o como lo denominan algunos académicos: fue canonizada; adquiriendo este estatus luego de ser “liberada” de cualquier interrogante por el reconocido sistematizador de las ciencias del hadiz, Ibn al-Ṣalāḥ (m. 643 H/1245 DC), quien declaró que la comunidad musulmana (umma) había reconocido decisivamente la autenticidad incuestionable del libro y no se toleraría crítica alguna al Sahihayn.
Estas son sólo algunas de sus obras:
Sahih Al Bujari. Aquí presenta 7275 hadices y tardó en escribirlo dieciséis años.
Tarij al-Kabîr La Gran Historia, contiene biografías de los narradores, y sus rangos.