Monturque es un municipio español de la provincia de Córdoba, Andalucía. Es denominado el centro de Andalucía. En el año 2019 contaba con 1958 habitantes. Su extensión superficial es de 32,83 km² y tiene una densidad de 60,34 hab/km². Se encuentra situado en la comarca de la Campiña Sur, a una altitud de 395 metros y a 61 kilómetros de la capital de provincia, Córdoba.
Limita al norte con Montilla, al noroeste con Aguilar de la Frontera, al oeste con Moriles, al sur con Lucena y al este con Cabra. El nombre del municipio deriva de los vocablos mons (monte) y urk (o ruqa, roca), cuyo significado es "Monte de Roca" o "Monte de la Roca". Esto queda plenamente justificado ya que el pueblo se asienta sobre una gran roca caliza. Otra teoría afirma que el nombre procede del conquistador bereber Tariq Ibn Ziyad (monte de Tariq, Monturque), del mismo modo que Gibraltar (Yabal Táriq, Monte de Táriq).
El terreno es completamente ondulado, con cerros no muy elevados; donde predomina un suelo rico de piedras calizas creando un suelo que solo puede crecer matorrales y algunas que otras encinas. Este suelo, denominado rendzina; hace que todo el entorno natural este formado por pastizales semisecos; El olivar es actualmente el cultivo predominante.Usando el agua del río Cabra que atraviesa el lugar para poder cultivar algo. Lo único bueno de esto, es que estos prados son ricos en sal; que ayuda a poder cultivar papatas y viñas. Geologicamente hablando; la zona estuvo bajo el mar; las antiguas presiones marítimas y los corales que abundaban en eso entonces; da origen a los campos calizos y los montes ondulados que se formaron a partir de sedimentos marinos, dando origen a las magras y a las areniscas. Todo esto, se repite en la mayor parte de la cuenca del Guadalquivir; a la que fue en su día un mar interior.
Centro geográfico de Andalucía
Según un informe oficial del el Centro Nacional de Información Geográfica, el centro geográfico de Andalucía está en la localidad cordobesa de Monturque. Ese centro geográfico de Andalucía está al sur de la provincia de Córdoba, exactamente en el punto con longitud 4°34′32.3328″ O y latitud 37°27′48.0594″ N, que son las coordenadas exactas del centro de gravedad o centro geográfico de Andalucía. Dichas coordenadas corresponden a un punto muy cercano a la salida 49 de la autovía Córdoba-Málaga, dentro del término municipal de Monturque. La conclusión no deja margen a la duda, se ha realizado en la unidad del Sistema de Información Geográfica Nacional (SIGNA) contando con los datos oficiales más fiables y precisos y comprobando el resultado con el software SIG (Sistema de Información Geográfica) más avanzado.
El río Cabra, atraviesa el municipio de Monturque, donde riega los campos que rodean. En este término hay periódicamente pequeñas crecidas por el mismo río o afluentes que desembocan en él, como el arroyo Hondo y el arroyo Santa María, que afectan a la parte baja conocida como Los Llanos.
Las excavaciones arqueológicas realizadas de forma sistemática en el recinto interior del castillo de Monturque en la década de los 80 por el profesor Luis Alberto López Palomo, pusieron de manifiesto que los orígenes del primer asentamiento humano en el cerro del pueblo se remontan a los años finales del tercer milenio a. C., en la época prehistórica conocida como Calcolítico o Edad del Cobre. Correspondía este primer asentamiento, al parecer, a unas comunidades agro-ganaderas, con una residual actividad cinegética, que fijaron aquí su residencia, formando una especie de poblado con cabañas circulares con zócalo de piedra sobre el cual se levantarían las paredes de adobe y ramaje trabado con barro, comenzando de esta forma a desarrollar los rudimentos de una vida urbana en común y que debieron alcanzar cierto grado de desarrollo a juzgar por los abundantes hallazgos de diversos materiales y útiles relacionados con ese período. Entre esos descubrimientos, destaca la aparición de gran cantidad de fragmentos de cerámica del tipo "Vaso Campaniforme", lo que convierte a este yacimiento en uno de los focos decisivos en el estudio del final de la Prehistoria andaluza.
A esta fase inicial de ocupación se superpuso un poblamiento de plena Edad del Bronce, que se desarrolló entre el segundo y el primer milenio a. C., a lo largo del cual continuó el hábitat ocupacional, correspondiéndose precisamente el final de este período con uno de los momentos estelares de la vida del poblado monturqueño, relacionado de alguna manera con la cultura tartésica del extremo occidental de Andalucía. En esta fase se confirma la dedicación esencialmente agrícola de la comunidad, debido al hallazgo de algunos hornos de panificación y otros signos evidentes de la existencia de alguna forma de explotación del cultivo del acebuche, así como la aparición de un amplio repertorio de cerámica, todavía de elaboración a mano y de superficie bruñida.
Posteriormente, se dio una ocupación ininterrumpida del lugar hasta llegar a la Cultura ibérica, con la característica existencia en ese período de un poblado con una situación totalmente estratégica en lo alto de un cerro-testigo, con su acrópolis, sus murallas defensivas, sus escarpes, y un río discurriendo por su falda que le serviría como especie de foso. La típica cerámica ibérica hecha a torno y con decoración lineal roja y negra se encuentra dispersa por toda la cima del cerro.
Durante la dominación romana la población debió alcanzar gran importancia, como lo atestigua la gran cantidad de restos arqueológicos encontrados en todo el término municipal y las edificaciones de aquella época que todavía se conservan, lo que avala la hipótesis de la existencia en Monturque y sus alrededores de un prominente y numeroso asentamiento humano. Desde su ubicación se controlaba el cruce de la importante [vía Anticaria], con las procedentes de Iponuba (Baena), Ucubi (Espejo) y Ategua (Teba la vieja, al este de Santa Cruz, Córdoba). Sin embargo, aún no ha sido posible determinar cuál fue su verdadero nombre durante ese período, habiéndose identificado con diferentes ciudades como: Meruera, Tucci-Vetus, Spalis, Soricaria, e incluso algunos historiadores la consideran como la propia Munda romana, pero por el momento no pasan de ser meras conjeturas.
Entre las edificaciones de este periodo que se conservan destaca sobre todo la Gran Cisterna por su importancia, estado de conservación y magnitud. Por las características que podemos apreciar, estas Cisternas presentan una gran similitud con otras conocidas en el mundo romano, como el "Cisternone" de Albano en Castelgandolfo (Roma, Italia), las de Cherchell (Argelia), Bordj Djedid (Túnez) y las más cercanas de Itálica (Santiponce, Sevilla) y Almuñécar (Granada). Además de la Gran Cisterna, sin duda una obra de carácter público, se conservan en Monturque otras ocho de pequeño tamaño y características similares entre sí que debieron pertenecer a viviendas privadas. También encontramos un posible distribuidor de aguas y otros edificios públicos como el Criptopórtico y los restos de unas Termas públicas, en el lugar conocido como "Los Paseíllos", en lo más alto de la población.
Si situamos todos estos edificios y restos en un plano de la ciudad que dichas obras no están distribuidas arbitrariamente, sino que presenta una alineación entre ellos que parece obedecer a una cuidada ordenación urbanística de la ciudad.
A unos 50 m al norte del pueblo, a orillas de su escarpe, localizamos el yacimiento denominado "la pedriza de Las Pozas", o simplemente "Las Pozas". En este lugar afloraron en 1948 una serie de restos materiales de época romana correspondientes a una Necrópolis, que estaría ubicada extramuros del antiguo Monturque. Entre los numerosos objetos encontrados en este yacimiento destaca una cama de freno con representación de un caballo realizado en bronce y que actualmente se conserva en el Museo Arqueológico de Córdoba.
De entre los vestigios de época romana encontrados en el actual término municipal, destaca el busto-hermes doble, procedente de una finca próxima a "El Cañuelo" que también se conserva en dicho Museo, ocupando un lugar privilegiado en sus vitrinas. Muestra esta escultura de mármol blanco una cabeza de Júpiter-Ammon por un lado, y una cabeza juvenil imberbe por el otro, cuya identificación resulta problemática. Esta obra está fechada entre el siglo I y la primera mitad del siglo II d. C..