Mohammad Najibulá Ahmadzai (pastún: محمد نجیبالله, también escrito Najibullah o Nayibulá; Gardez, 6 de agosto de 1947-Kabul, 27 de septiembre de 1996), también conocido como Dr. Najib, fue un médico y político afgano, gobernante de la República Democrática de Afganistán entre 1986 a 1987, de la República de Afganistán entre 1986 a 1992 y secretario general del Partido Democrático Popular de Afganistán.
Durante la guerra de Afganistán (1978-1992) fue promovido a director del JAD, equivalente afgano del KGB, en 1986 se convirtió en secretario del Partido, y poco después en presidente de la República (1987-1992).
Durante su mandato los soviéticos retiraron sus tropas de ocupación, si bien continuaron apoyando económica y militarmente su régimen. Por ello su política se orientó a la llamada «Reconciliación Nacional», que buscaba poner fin a la Guerra Civil mediante negociaciones y concesiones a los muyahidines, a los que concedió amnistías por sus crímenes. De igual modo, la nueva Constitución de 1990 convirtió el país en un Estado islámico, borrando toda referencia al comunismo, hasta entonces imperante.
Sin embargo, la disolución de la URSS, de cuyo apoyo dependía totalmente su gobierno, así como el apoyo de Estados Unidos a los fundamentalistas islámicos, provocó el colapso del régimen y su derrocamiento. Desde entonces, vivió asilado en la sede de la ONU en Kabul hasta que en 1996 los talibanes irrumpieron en la capital afgana, castrándolo y asesinándolo públicamente.
Nació el 6 de agosto de 1947 en el pueblo de Gardīz, provincia de Paktia, hijo del funcionario público pastún Muhammad Akhtar, cónsul en Peshawar. Su abuelo era un jefe tribal. Najibulá pasó la mayor parte de su infancia en la frontera afgano-pakistaní, cerca de Peshawar.
Después de graduarse en la escuela secundaria Habibi de Kabul, en 1965, Najibulá ingresó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Kabul. Ese mismo año se incorporó al Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA) a través de la entonces ilegal Unión Democrática de Estudiantes, donde se hizo famoso tanto por su oratoria como por destacar en el levantamiento de pesas y la lucha libre (que le hizo ganarse el apodo El Toro).
En 1969 fue arrestado por primera vez. En el juicio se le acusó de «perturbar y tensionar la seguridad pública», «participar en huelgas y manifestaciones ilegales», «provocar disturbios y enfrentamientos con la policía» y «crear las condiciones para llamar al pueblo a la rebelión». En enero del año siguiente fue nuevamente detenido durante una manifestación antiestadounidense, en la cual manifestantes arrojaron huevos al automóvil del vicepresidente de los Estados Unidos, Spiro Agnew. En esta ocasión fue acusado de insultar a EE. UU. y su bandera, así como de acciones «contrarias a su política de neutralidad en el Afganistán». Najibulá usó el juicio para difundir sus ideas acerca de la eliminación del feudalismo, la reducción del papel de la religión, la igualdad de derechos para las mujeres y para las etnias y por la liberación de los más de trece mil presos políticos que había entonces.
En una entrevista concedida a Izvestia, periódico oficial del Gobierno soviético, el 29 de diciembre de 1989, Najib recordó aquellos años:
Después de la división del PDPA en 1967, Najibulá se unió a la facción moderada Parcham y se convirtió en discípulo de uno de sus principales dirigentes, Mir Akbar Kaibar, cuyo asesinato desencadenaría la Revolución en 1978. En 1975 se graduó y comenzó a trabajar en hospitales. También se dedicó al trabajo en el partido: fue jefe del Comité del PDPA en Kabul y en 1977 se convirtió en miembro del Comité Central del partido.
Después del triunfo de la Revolución de Saur en 1978, se convirtió en miembro del Consejo Revolucionario de la República Democrática de Afganistán. Pero como resultado de las luchas internas del partido, en junio fue enviado como embajador a Irán, cargo en que duró poco; en octubre fue acusado junto con otros líderes de Parcham de conspiración contra el gobierno, por lo que fue destituido de su cargo y privado de la ciudadanía afgana. Najibulá se vio obligado a refugiarse en Moscú, donde permaneció hasta la entrada del Ejército Soviético en la guerra de Afganistán.
En diciembre de 1979 regresó, al igual que otros exiliados, y en enero de 1980 fue nombrado director del Servicio de Información del Gobierno (el servicio de inteligencia), cargo que desempeñó durante seis años. Durante este tiempo, el personal de inteligencia aumentó de 120 empleados a aproximadamente 25 000, controlados por 1500 oficiales del KGB, y su presupuesto se incrementó en un 1000 %, aportado directamente por la Unión Soviética, ante la cual respondía directamente, sin pasar por el gobierno afgano.
Los empleados del JAD estaban entre los mejor pagados del Afganistán comunista, y, debido a ello, su adoctrinamiento político fue una prioridad. Durante una conferencia del PDPA, Najibulá declaró -en relación con este adoctrinamiento-que los oficiales de la inteligencia afgana tenían «un arma en una mano y un libro en la otra».
Las actividades terroristas del JAD alcanzaron su ápice bajo el mandato de Najibulá, protagonizando numerosas violaciones a los derechos humanos (torturas y ejecuciones extrajudiciales). En 1986 había más de 100 000 presos políticos y se habían producido más de 16 500 ejecuciones extrajudiciales. Sus principales objetivos fueron los opositores al comunismo y las clases más instruidas de la sociedad. Debido a sus servicios obtuvo el rango de General de División.
Sin embargo, en el seno del Partido había oposición a que Najibulá reemplazara a Babrak Karmal, ya que era público y notorio que se aprovechaba de su posición en beneficio propio. Además, para cimentar su poder alentó un florecimiento del enchufismo, el saqueo de los fondos públicos, el soborno y la corrupción a una escala inaudita, que se convertiría en norma en Afganistán hasta la actualidad. A pesar de las luchas de poder, Karmal mantuvo considerables apoyos y se mantuvo al frente del Partido durante más de un lustro.
Debido al deterioro de la situación militar en Afganistán, los soviéticos decidieron retirarse. Mijaíl Gorbachov quería que Karmal renunciara y fuera sustituido por Najibulá, a fin de asegurar que el país permancía leal a los intereses de Moscú. Yuri Andrópov, Borís Ponomariov y Dmitri Ustínov tenían un alto concepto de su persona. Las negociaciones para lograr que sucediera a Karmal comenzaron ya en 1983.
En noviembre de 1985 fue promovido al Secretariado del PDPA, aumentando su poder e influencia al convertir el JAD en un ministerio en enero del 86.
A pesar de todo, Najibulá no era la única carta de la que disponían los soviéticos. Un informe del GRU, la inteligencia militar opuesta al KGB, lo consideraba inapropiado por su condición de nacionalista pastún, lo cual podría hundir aún más la escasa popularidad del régimen. El GRU consideraba que Asadulá Sarvari, jefe del ASGA, la policía secreta que precedió al JAD, era un candidato superior, capaz de lograr el equilibrio entre pastunes, tayikos y uzbekos. Otro candidato viable fue el líder revolucionario Abdul Qadir.
Líder de Afganistán: 1986-1992