Miklós Jancsó ([ˈmikloːʃ ˈjɒntʃoː] Vác, Pest, 27 de septiembre de 1921 - Budapest, 31 de enero de 2014) fue un guionista y director de cine húngaro.
Miklós Jancsó estudió Derecho en Pécs, graduándose en Kolozsvár en 1944. Se registró en el colegio de abogados, pero nunca llegó a ejercer. En 1946 se trasladó a Budapest; tres años más tarde, se casó con Katalin Wowesznyi, con la que tuvo dos hijos. En 1950 obtuvo su diploma en Dirección Cinematográfica por la Academia de Teatro y Cine de Budapest, dedicándose desde ese momento al cine. Tras divorciarse de Katalin Wowesznyi, contrajo matrimonio de nuevo con la directora Márta Mészáros en 1958. Al año siguiente conoció al escritor Gyula Hernádi, con quién colaboraría en muchas de sus películas hasta su muerte en 2005.
Jancsó alcanzó notoriedad durante los años 60, con películas como La ronda de reconocimiento (Szegénylegények, 1965), Los rojos y los blancos (Csillagosok, katonák, 1967) o El salmo rojo (Még kér a nép, 1971). Sus obras más famosas se caracterizan por su estilización visual, la elegante coreografía, las tomas largas, y el trasfondo histórico y rural. Entre sus temas preferidos está el poder y sus abusos. Muchas de sus obras históricas pueden leerse de hecho como alegorías de la Hungría de su época bajo el régimen comunista, sin perjuicio de su valor más universal como críticas a toda forma de opresión.
Durante la década siguiente, el cine de Jancsó fue tendiendo cada vez más hacia el simbolismo y la estilización visual. En los 80, su obra perdió parte del favor de la crítica, que consideró que se limitaba a imitar su estilo anterior. Tras la caída del comunismo, Jancsó logró triunfar con una serie de películas de bajo presupuesto, ingeniosas y poco autocomplacientes, que recibieron buenos resultados en la taquilla húngara.
En 1968, Jancsó conoció a la periodista y guionista italiana Giovanna Gagliardo en Budapest. Se trasladaron a Roma, donde Jancsó trabajo durante toda la década, alternando con breves estancias en Budapest. En 1980 se separó de Gagliardo y volvió a casarse un año más tarde, esta vez con la editora Zsuzsa Csákány, con quien tuvo un hijo en 1982.
Miklós Jancsó fue miembro honorario de la Universidad de Teatro y Cine de Budapest desde 1988 y profesor adjunto en Harvard entre 1990 y 1992.
Además de largometrajes, Jancsó hizo una serie de cortos y documentales a lo largo de su carrera. Entre 1971 y 1980 se dedicó asimismo al teatro.
Jancsó nació de padre húngaro y madre rumana.
Los críticos suelen estructurar su carrera cinematográfica por décadas:
Jancsó empezó su carrera haciendo documentales. Aunque estas películas ofrecen poco interés a la hora de comprender su desarrollo posterior, le dieron la oportunidad de aprender los aspectos técnicos del cine, a la vez que le permitieron viajar por la Hungría estalinista, conociendo de primera mano la realidad que llevaría a la rebelión de 1956.
En 1958, completó su primer largometraje, Las campanas se han ido a Roma. Jancsó rechazaba en parte sus primeras obras.
Cantata (Oldás es kötés, 1962)
Mi camino a casa (Így jöttem, 1964)
La ronda de reconocimiento (Szegénylegények, 1965)
La ronda de reconocimiento supuso el primer gran éxito de Jancsó, tanto nacional como internacionalmente. Ambientada en la fallida rebelión de Lajos Kossuth contra el dominio Habsburgo en 1848, la película se centra en la represión de las autoridades. Filmada en blanco y negro, con una opresiva puesta en escena, la película ha sido vista como un alegato velado contra la represión tras los sucesos de 1956. Para poder presentarla en el Festival de Cannes, Jancsó se vio forzado a desmentir públicamente que ese fuese el sentido de la película. Años más tarde, con más libertad, se retractaría de esta afirmación.
Los rojos y los blancos (Csillagosok, katonák, 1967)
Esta coproducción soviético-húngara se enmarcaba dentro de la celebración del 50 aniversario de la Revolución rusa. Durante la guerra civil subsiguiente, un grupo de bolcheviques y voluntarios húngaros son capturados por las tropas zaristas. Entre los heridos, ingresados en un hospital, se fragua la resistencia, mientras se espera la llegada de refuerzos.
La película presenta una visión absurda y poco heroica de la guerra. Consecuentemente, las autoridades soviéticas la modificaron para tratar de resaltar los aspectos más épicos, y finalmente optaron por prohibirla. Recibió la aclamación de la crítica occidental.