Miguel Induráin Larraya (Villava, Navarra, 16 de julio de 1964) es un exciclista español, profesional entre 1984 y 1996. Es considerado como el mejor ciclista español de todos los tiempos y uno de los mejores deportistas de la historia del país, destacando «su capacidad de sacrificio y su saber ganar». Ha recibido diversos premios en reconocimiento a su carrera deportiva, destacando el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes en 1992. Su hermano menor, Prudencio Induráin, también fue ciclista profesional.
Fue ganador del Tour de Francia durante cinco años consecutivos (de 1991 a 1995) —el único que lo ha conseguido de forma consecutiva— y del Giro de Italia en dos ocasiones consecutivas (1992 y 1993); además, fue campeón del mundo contrarreloj (1995), campeón olímpico contrarreloj (1996) y poseedor del récord de la hora (1994) durante dos meses.
Por otra parte, sumó a su palmarés varias vueltas por etapas de una semana y clásicas de un día, destacando entre ellas la Volta a Cataluña (1988, 1991 y 1992), la París-Niza (1989 y 1990), la Clásica de San Sebastián (1990), el Campeonato de España en Ruta (1992) y la Dauphiné Libéré (1995 y 1996), destacando sobremanera en las etapas contrarreloj para conseguir esas victorias, siendo simultáneamente uno de los mejores escaladores del panorama ciclista.
Debido a su palmarés formó parte de la Sesión Inaugural del Salón de la Fama de la UCI en el año 2002, y fue considerado el octavo mejor ciclista del Tour de Francia según un jurado compuesto por cinco especialistas franceses seleccionado por la organización del propio Tour. Fue galardonado con dos Bicicletas de Oro.
Segundo de cinco hermanos de una familia de agricultores de Villava (localidad situada a 4 km de Pamplona). Dio sus primeras pedaladas a la edad de nueve años en compañía de tres de sus hermanos. Se inició en el ciclismo al cumplir los diez años, cuando le regalaron una bicicleta de segunda mano para recorrer los 20 km que separan Villava del pueblo de su madre (Alzórriz).
A los once años tuvo su primera bicicleta de carretera, comprada por su padre para compensarle por el robo de la primera bicicleta, robo sufrido mientras le ayudaba en el campo. Con ella, participó en 1975 en una carrera de alevines en Luquin en la que terminó segundo; a la semana siguiente en su segunda carrera, en Elizondo, consiguió su primera victoria. Esas carreras las disputó con el recién fundado Club Ciclista Villavés a modo de prueba, en el que se había inscrito junto a unos amigos de la localidad; a partir de 1976 ingresó en el equipo y empezó a correr con regularidad.
La práctica de deportes de manera competitiva no estaba en su planes de futuro. Esta competitividad comenzó a fraguarse cuando sus padres decidieron que estudiase en Pamplona, en el mismo colegio que sus primos. Como el cambio no fue de su agrado, protestó canalizando sus energías hacia el deporte, practicando multitud de ellos hasta que al fin encontró uno en el cual destacaba, el ciclismo.
Durante su primer año completo de alevín, en 1976, consiguió un total de trece victorias incluyendo el Campeonato de Navarra de la categoría. Su progresión en ningún momento se estancó y ya en los dos años de categoría infantil se hizo con un total de veinte victorias. Durante sus dos años de cadete participó en diversas pruebas del circuito navarro y vasco, aunque con preocupación de sus padres ya que el modesto equipo donde estaba no podía asegurar alojamiento y comida, y dependían de los resultados que obtuviese Miguel. En esa categoría fue considerado uno de los ciclistas con más futuro del ciclismo navarro, consiguiendo un total de catorce victorias en esos dos años, aunque se dijo que no tenía posibilidades de destacar en la alta montaña. En 1981, subió a categoría juvenil, categoría donde los equipos grandes se suelen fijar para seguir a futuras figuras, donde consiguió cinco victorias en su primer año.
Ciclismo amateur: ingreso en el Reynolds
A través de Pepe Barruso, director del Club Ciclista Villavés, el equipo profesional navarro Reynolds se incorporó en sus categorías inferiores. Eusebio Unzué y José Miguel Echávarri director de la sección aficionada del equipo, lo observó en diversas pruebas del circuito navarro, y en 1982, tras obtener otras once victorias en su último año juvenil, ingresó en el equipo filial (de categoría aficionado) dejando definitivamente los estudios para dedicarse al ciclismo. El primer año fue de adaptación, no sin dificultades, a la categoría, ya que no obtuvo ninguna victoria en los pocos meses que corrió para el equipo. En su segundo año en la categoría consiguió sus primeras grandes victorias: el Campeonato de Navarra y España de Ciclismo aficionado. El Campeonato de España lo ganó además «impresionando» a su director, Eusebio Unzué, ya que estuvo presente en todos los cortes que se produjeron en carrera y logrando batir al sprint a Jokin Mujika. El año lo terminó con una victoria en la Vuelta a Salamanca donde además ganó una etapa. Ya era por entonces una de las más firmes promesas del ciclismo español, aunque se le consideraba un buen esprínter y clasicómano por sus cualidades como rodador, pero con ciertas limitaciones en la montaña.
A mediados del año 84 ya sumaba 19 victorias como aficionado. Antes de fichar por su primer equipo profesional fue seleccionado para participar en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles (que por entonces lo disputaban corredores no profesionales), aunque no terminó la prueba.
Debutó como profesional el 7 de septiembre de 1984 con el equipo profesional del Reynolds (cuya estructura pasó posteriormente a formar el equipo Banesto) para disputar el Tour del Porvenir. Estos debuts a finales de temporada son muy habituales en el ciclismo, mediante contratos a las jóvenes promesas desde el 1 de agosto o septiembre (caso de Miguel) para disputar unas pocas carreras, a veces solo una, a modo de prueba, para ver su adaptación al profesionalismo, y para tener una primera toma de contacto con sus posibles futuros compañeros de equipo, situación que se conoce como stagiaire. En esa primera carrera como profesional ya consiguió su primera victoria en la contrarreloj de la décima etapa, pero al igual que en los Juegos Olímpicos no consiguió terminar la carrera.
En 1985, con solo unos pocos meses en el profesionalismo, ya destacó en la Vuelta a España en la que fue líder durante cuatro etapas (hasta la sexta etapa con final en Lagos de Covadonga), siendo desde entonces el ciclista más joven en portar el maillot amarillo en la Vuelta, tras quedar segundo en el prólogo y aprovecharse del alto ritmo que impuso su equipo en la segunda etapa para descolgar al que por entonces era el líder de la general, Bert Oosterbosch. Aunque pudo acabar la Vuelta finalmente no consiguió ninguna victoria y en ningún momento estuvo en los puestos delanteros en las demás etapas debido a su juventud e inexperiencia. Después participó en su primer Tour de Francia, aunque no le fue tan bien como en la Vuelta, ya que se vio obligado a abandonar al cuarto día debido a un proceso vírico. Sus victorias llegaron en el Tour del Porvenir (una contrarreloj y una etapa en línea) aunque de nuevo no acabó la prueba. También subió al pódium con un segundo puesto en la Vuelta a Andalucía-Ruta del Sol y al vencer en la clasificación de las metas volantes de la Vuelta a Burgos.
1986: Tour del Porvenir y pruebas médicas
En 1986 llegaron sus primeros grandes éxitos como profesional al ganar las dos contrarrelojes del Tour del Porvenir (la prólogo y la décima etapa), consiguiendo la victoria en la clasificación final tras resistir en la montaña. Además, consiguió buenos resultados en pruebas no oficiales pero de cierto prestigio como el tercer puesto en el G. P. Zizurkil y el triunfo final en la Vuelta Ciclista a Murcia tras ganar la prólogo contrarreloj. De nuevo acudió al Tour, donde se dejó ver más que en el año anterior, ya que obtuvo el tercer puesto en la séptima etapa, aunque de nuevo abandonó la carrera.