Miguel I de Rumanía (en rumano: Mihai I; Sinaia, 25 de octubre de 1921-Aubonne, 5 de diciembre de 2017) fue el último rey de Rumanía, quien reinó desde el 20 de julio de 1927 hasta el 8 de junio de 1930 y, nuevamente, desde el 6 de septiembre de 1940 hasta su abdicación forzosa el 30 de diciembre de 1947.
Poco después del nacimiento de Miguel, su padre, el príncipe heredero Carlos de Rumanía, se vio envuelto en una controvertida relación con Magda Lupescu. En 1925, Carlos fue presionado para que renunciara a sus derechos al trono y se trasladó a París en el exilio con Lupescu. En 1927, Miguel ascendió al trono, tras la muerte de su abuelo, el rey Fernando I. Como Miguel aún era menor de edad, se instituyó un consejo de regencia, compuesto por su tío, el príncipe Nicolás, el patriarca Miron Cristea y el presidente de la Corte Suprema, Gheorghe Buzdugan. El consejo resultó ser ineficaz y, en 1930, Carlos regresó a Rumanía y reemplazó a su hijo como monarca, reinando como Carlos II. Como resultado, Miguel volvió a ser el heredero aparente al trono y recibió el título adicional de Gran Voievod de Alba-Iulia.
Carlos II fue depuesto en 1940 y Miguel volvió a ser rey. Bajo el gobierno dirigido por el dictador militar Ion Antonescu, Rumanía se alineó con la Alemania nazi. En 1944, Miguel participó en un golpe de Estado contra Antonescu, nombró a Constantin Sănătescu como su reemplazo y, posteriormente, declaró una alianza con los aliados. En marzo de 1945, las presiones políticas obligaron a Miguel a nombrar un gobierno prosoviético encabezado por Petru Groza. Desde agosto de 1945 hasta enero de 1946, Miguel realizó una "huelga real" y trató sin éxito de oponerse al gobierno de Groza, controlado por los comunistas, negándose a firmar y respaldar sus decretos. En noviembre de 1947, Miguel asistió a la boda de sus primos, la futura reina Isabel II del Reino Unido y el príncipe Felipe de Grecia y Dinamarca en Londres. Poco después, en la mañana del 30 de diciembre de 1947, Groza se reunió con Miguel y lo obligó a abdicar. Miguel fue obligado a exiliarse, sus propiedades confiscadas y su ciudadanía despojada. En 1948, se casó con la princesa Ana de Borbón-Parma (a partir de entonces conocida como la reina Ana de Rumanía), con quien tuvo cinco hijas, y la pareja finalmente se estableció en Suiza.
La dictadura comunista de Nicolae Ceaușescu fue derrocada en 1989 y al año siguiente Miguel intentó regresar a Rumanía, solo para ser arrestado y obligado a irse al llegar. En 1992, a Miguel se le permitió visitar Rumanía para la Pascua, donde fue recibido por una gran multitud; un discurso que pronunció desde la ventana de su hotel atrajo a un millón de personas a Bucarest. Alarmado por la popularidad de Miguel, el gobierno poscomunista de Ion Iliescu se negó a permitirle más visitas. En 1997, después de la derrota de Iliescu por Emil Constantinescu en las elecciones presidenciales del año anterior, se restableció la ciudadanía de Miguel y se le permitió visitar Rumanía nuevamente. Varias propiedades confiscadas, como el castillo de Peleș y el castillo de Săvârșin, finalmente fueron devueltas a su familia.
Miguel era hijo del entonces príncipe heredero Carlos de Rumanía y la princesa Elena de Grecia, y nieto del rey Fernando I de Rumania, que reinaba entonces.
Fue tataranieto de la reina Victoria del Reino Unido y el rey Cristián IX de Dinamarca, primo del rey Constantino II de Grecia, del duque de Edimburgo y de la reina Sofía de España. También era primo en tercer grado de la reina Isabel II, del anterior rey de España, Juan Carlos I, del rey Carlos XVI Gustavo de Suecia, de la reina Margarita II de Dinamarca y del rey Harald V de Noruega.
Cuando Carlos huyó con su amante Elena Magdalena Lupescu —de ascendencia judía, más tarde su esposa— fue obligado por su padre Fernando I a renunciar al trono rumano en enero de 1926 y las autoridades designaron como heredero a Miguel.
A la muerte de su abuelo, el 27 de julio de 1927 y con tan solo 6 años, fue proclamado rey de Rumanía, aunque al frente del país quedaba un consejo de regencia que su abuelo proclamó en su testamento encabezado por su tío, el príncipe Nicolás de Rumanía e integrado además por el patriarca Miron Cristea y Gheorghe Buzdugan, presidente del Tribunal Supremo rumano.
En su corto primer periodo de reinado y bajo el gobierno de la regencia, Rumanía continuó experimentando un crecimiento económico debido básicamente a la exportación de petróleo y recibiendo una gran influencia cultural de Francia. Los efectos de la gran crisis económica mundial de 1929 también hicieron mella en la creciente economía rumana y la situación social se desestabilizó.
En 1930 su padre regresó repentinamente al país con la invitación de políticos descontentos con la regencia, y aprovechando la situación de minoría de edad de su hijo y la complicada situación política en Europa recuperó el trono el 8 de junio de 1930 como Carlos II, designando a Miguel como el príncipe heredero.
En los diez años que duró el reinado de su padre (1930-1940) Miguel I, de nuevo príncipe, aprovechó para recibir una educación adecuada a su futura responsabilidad. En el ámbito internacional Carlos II no pudo evitar la caída de Rumania en el área de influencia germano-italiana. Como resultado del pacto germano soviético Ribbentrop-Molotov Rumanía, según una cláusula secreta, perdió ante la URSS Besarabia (actual República de Moldavia) y Bucovina, que Rusia había ganado en la guerra contra el Imperio Otomano y que le fueron arrebatados aprovechando el descontrol de la Revolución. En el ámbito interno la aparición de la Guardia de Hierro y la violencia que esta desencadenó enturbió la vida social y política rumana ante la impotencia del rey Carlos II. Ante todo esto el rey abdicó en su hijo el 5 de septiembre de 1940 y huyó del país dejando a Miguel I al frente de la monarquía rumana en un momento muy delicado. Miguel fue coronado rey el 6 de septiembre de 1940.
Con solo 19 años Miguel I accedía al trono de nuevo, justo en uno de los momentos de máxima debilidad de Rumanía. Este hecho fue aprovechado por Adolf Hitler y Benito Mussolini para obligar a los rumanos a ceder el norte de Transilvania al régimen proalemán de Hungría el 30 de agosto de 1940.
Ante la necesidad de poner al frente del país un gobierno fuerte que acabara con los desórdenes internos y evitara más disgregaciones territoriales, en septiembre de 1940 Miguel I dio la dirección del gobierno al general Ion Antonescu. Se cedió el sur de Dobrudja a Bulgaria bajo la promesa de que se devolvería el norte de Transilvania. Ion Antonescu se erigió como Conducător y proclamó el «Estado legionario». En enero de 1941, el gobierno de Antonescu decretó la ilegalidad de todos los partidos políticos, mientras la Guardia de Hierro eliminaba a numerosos políticos opositores.
El 12 de junio, el dictador rumano Ion Antonescu fue el primer aliado de Alemania que recibió la noticia de los planes de Hitler de atacar próximamente la Unión Soviética, tras el despliegue de varias divisiones en la frontera soviética a petición alemana a comienzos del mes. Antonescu expresó su deseo de participar desde el comienzo en la invasión; deseaba no solo recuperar los territorios perdidos en junio de 1940, sino participar en lo que consideraba una cruzada cristiana contra el bolchevismo infiel. Prometió por tanto una cooperación militar y económica plena con Berlín.
El 22 de junio de 1941, Rumanía entró en la guerra, al lado de Alemania y sus aliados, atacando a la Unión Soviética, sin declaración de guerra previa. Era el inicio de una guerra considerada en Rumanía «guerra santa, anticomunista, justa y nacional», que causó entusiasmo entre gran parte de la población. Rumanía quería principalmente recuperar las provincias ocupadas por los soviéticos en junio de 1940 y eliminar definitivamente cualquier amenaza soviética. Los dirigentes rumanos y la población confiaban en que la campaña fuese corta gracias a la supuesta superioridad militar alemana.