Michoacán, oficialmente Estado Libre y Soberano de Michoacán de Ocampo, es uno de los treinta y un estados que, junto con la Ciudad de México, conforman México. Su capital y su ciudad más poblada es Morelia (antiguamente llamada «Valladolid»), que lleva su nombre actual en honor a José María Morelos. Está dividido en 113 municipios, agrupados en 10 regiones.
Está ubicado en la región occidente del país, limitando al norte con Jalisco y Guanajuato, al noreste con Querétaro, al este con el Estado de México, al suroeste con Colima y al sur con el río Balsas que lo separa de Guerrero, y al oeste con el océano Pacífico.
Con 4 748 846 habitantes, en el año 2020 fue el noveno estado más poblado, por detrás del Estado de México, la Ciudad de México, Veracruz, Jalisco, Puebla, Guanajuato, Chiapas y Nuevo León.
Fue erigido el 22 de diciembre de 1823 como uno de los estados fundadores de la federación.
Además de su capital, otras localidades importantes son Zamora, Lázaro Cárdenas, Uruapan, La Piedad, Apatzingán, Pátzcuaro, Sahuayo, Zitácuaro, entre otras.
El término «Michoacán» es de origen náhuatl, y con este los aztecas o mexicas denominaban al territorio ubicado en el occidente de México en el que se asentó el Imperio purépecha o michuaque.
El vocablo Mich-huah-can se forma con la raíz o radical del vocablo michin ‘pescado’, que en la escritura fonética se señala con un pescado; la partícula -huah, posesivo calificativo de lugar, y la terminación -can ‘lugar’ (en la escritura fonética, se señala con un cerro). La regla general de la lectura o interpretación de las palabras nahuas compuestas es en sentido inverso a como están escritas; por tanto, Michhuahcan significa simplemente ‘lugar de los que poseen el pescado’, de -can ‘lugar de’; -huah-, posesivo del anterior, y michin ‘pescado’, de la que solo pasa su radical mich-.
En el idioma mazahua, se denomina Animaxe.
Existen diferentes zonas arqueológicas que se han encontrado en el estado, y que han ayudado a esclarecer la historia del nacimiento y desarrollo de los pueblos que dieron herencia y esencia a la configuración cultural de Michoacán. Entre ellos se encuentran El Opeño, el Curutarán, La Villita, Tepalcatepec, Apatzingán, Zinapécuaro, Coalcomán, San Felipe de los Alzati, Tzintzuntzan, Tingambato, Pátzcuaro, Zacapu, Uruapan y Tzitzio.
Gran parte del territorio michoacano estuvo habitado por los purépechas que se desarrollaron como una cultura dominante e impusieron su hegemonía económica, religiosa, militar y cultural a los demás que también habitaban la región, como los nahuas, otomíes, matlatzincas o pirindas y tecos.
El pueblo purépecha llegó desde el norte a tierras michoacanas durante diferentes migraciones a partir del siglo IX, dirigidos por el chichimeca Hireti Ticátame. Se fueron trasladando durante dos siglos por lo que hoy es el estado hasta que asentaron su capital a las orillas del lago, en Pátzcuaro.
En el siglo XIV el irecha (‘señor de innumerables pueblos’; caltzontzin en náhuatl) Tariácuri (‘sacerdote del viento’) sometió a los distintos grupos en nombre del dios Curicaueri y logró consolidar la situación política, social y religiosa del señorío. A su muerte dividió sus dominios en tres señoríos:
Patzcuarhu (Pátzcuaro, el nombre con el que aparece en la Relación de Michoacán es Tzacapu-Hamucutin-Pasquaro, ‘el lugar donde están las piedras a la entrada de donde se hace la negrura’, por lo que se le conoce mitológicamente como «La Puerta del Cielo»), que recibió su hijo Hiquíngare;
Ihuatzio (Coyohuahcan en náhuatl: ‘lugar de coyotes’) para su sobrino Hiripan; y
Tzintzuntzan (Huitzitzillan en náhuatl: ‘lugar donde está el templo del dios colibrí mensajero’), para otro de sus sobrinos, Tangáxoan.
En la mitad del siglo XV el imperio quedó bajó el poder del señor de Tzintzuntzan, Tzitzispandácuare, hijo de Tangáxoan. Este cazonci es reconocido por derrotar a los mexicas, al mando de Axayácatl, después de que destruyeran Taximaroa. Le sucedió su hijo Zuangua, quien impulsó las conquistas.
Tras la caída de Tenochtitlan Cristóbal de Olid fue el primer español en llegar a Michoacán, y consiguió que Tangáxoan II, hijo de Zuanga aceptara a Carlos I, manteniendo el cargo de rey de los purépechas. Tzintzuntzan, capital del imperio, recibió el título de ciudad, un escudo de armas y una sede episcopal. Poco después, Nuño de Guzmán, integrante de la Primera Audiencia, desconoció estos reales acuerdos, supuestamente porque Tangáxoan II los había violado; a razón de ello, lo llevó a juicio y finalmente lo condenó a muerte el 14 de febrero de 1530, situación que levantó en armas al indignado pueblo.
Enterado Carlos I, comisionó al abogado y humanista Vasco de Quiroga como miembro de la Segunda Audiencia, y este y los misioneros franciscanos y agustinos lograron calmar la situación. En el año 1538, fue nombrado obispo.