Max Scheler (Múnich, 22 de agosto de 1874-Fráncfort del Meno, 19 de mayo de 1928) fue un filósofo alemán conocido por sus trabajos sobre fenomenología, ética y antropología filosófica. Considerado en vida uno de los filósofos alemanes más destacados, Scheler desarrolló el método filosófico de Edmund Husserl, fundador de la fenomenología. Dadas las ambiciones utópicas de esa escuela de refundar todo el conocimiento humano, Scheler fue apodado el «Adán del paraíso filosófico» por José Ortega y Gasset. Tras la muerte de Scheler en 1928, Martin Heidegger afirmó, con Ortega y Gasset, que todos los filósofos del siglo estaban en deuda con Scheler y lo elogió como «la fuerza filosófica más fuerte de la Alemania moderna, es más, de la Europa contemporánea y de la filosofía contemporánea como tal».
El 22 de agosto de 1874 nace en Múnich Max Scheler, hijo de padre luterano y de madre judía. Tuvo «una educación bastante típica de finales del siglo XIX en un hogar judío inclinado a la asimilación y el agnosticismo».
Se bautiza en la Iglesia católica durante sus estudios secundarios, en 1889. Fue, en su juventud, dirigente estudiantil por lo que pudo percibir directamente la problemática de la universidad Alemana y Europea de su época. Al finalizar esos estudios se matrícula en la facultad de Medicina de la Universidad de Múnich, pero el año siguiente se traslada a la Universidad de Berlín para estudiar filosofía y sociología, bajo el magisterio de Simmel, Dilthey y Stumpf, entre otros. En 1894 celebra una boda civil con Amelie von Dewittz. Apenas pasa otro año cuando Scheler se vuelve a mudar, esta vez a Jena, en cuya universidad enseñan los conocidos Häckel y Eucken (Rudolf Eucken había sido galardonado en 1908 con el Premio Nobel de Literatura). En 1897 presenta ya su tesis doctoral, dirigida por Eucken y titulada Contribuciones a la determinación de las relaciones entre los principios lógicos y éticos. Dos años después culmina su escrito de habilitación El método trascendental y el psicológico, que en 1900 le mereció la autorización para la actividad docente privada (Privatdozent) en la Universidad de Jena.
En 1902 Scheler conoció en Halle a Edmund Husserl. A partir de este encuentro quedó marcado por el método fenomenológico. En 1907 Husserl le apoya para que se traslade a la Universidad de Múnich. Pero en 1911 se ve obligado a abandonar esta ciudad debido a un escándalo promovido por su esposa —que le acusó públicamente de conducta inmoral por sus presuntos entendimientos amorosos con otras mujeres, y con quien rompe definitivamente— a resultas del cual la Universidad le retiró la venia docendi (autorización académica de carácter administrativo necesaria para impartir docencia regular en títulos oficiales). Desde ese momento, viviendo primero en Gotinga y luego en Berlín, Scheler goza de un periodo de tranquilidad, aun viviendo casi en penuria económica en su apartamiento de la universidad. La ayuda de sus amigos fenomenólogos y su infatigable capacidad de trabajo hacen posible que afloren las intuiciones que barruntaba en su ciudad natal, fructificando en la mayoría de sus mejores y más importantes obras (algunas publicadas solo póstumamente): El resentimiento en la moral (1912), Los ídolos del conocimiento de sí mismo (1912), El formalismo en la ética y la ética material de los valores (1913-1916), Rehabilitación de la virtud (1913), Muerte y supervivencia (1911-1914), Sobre el pudor y el sentimiento de vergüenza (1913), Fenomenología y metafísica de la verdad (1912-1914), Ordo amoris (1914-1916), Modelos y jefes (1911-1921), Fenomenología y teoría del conocimiento (1913-1914), La idea del hombre (1914), Esencia y formas de la simpatía (1913-1922), De lo eterno en el hombre (1921), etc. También en ese periodo su vida privada se estabiliza contrayendo matrimonio católico con Märit Furtwängler. En 1915 apareció su libro El genio de la guerra y la guerra alemana en el que Scheler presentaba la guerra como una oportunidad para el renacimiento del hombre, como un principio dinámico en la historia, ideas de un cierto militarismo que empezó a abandonar a raíz de su estancia en la abadía de Beuron en 1916 y que ya no aparecerán en sus obras posteriores.
A partir de 1921 se desvinculó en público de la enseñanza católica e incluso del Dios judeocristiano-islámico, apostando por el panteísmo y la antropología filosófica.
Pasada la guerra, la genialidad y el espíritu católico de Scheler resonaban ya en toda Alemania. Hasta tal punto que Konrad Adenauer, siendo alcalde de Colonia y en su afán por reconstruir esa universidad, le restituye la venia docendi y le llama a ocupar la cátedra de filosofía y sociología, y a dirigir asimismo el reciente Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales. De esta última labor resultó su trabajo Problemas de una Sociología del conocimiento (1926).
En 1924 se divorcia de su esposa y contrae matrimonio civil con su alumna María Scheu. Por otro lado, en 1927 y 1928 ven la luz escritos donde la idea de Dios aparece lejana de la concepción personal del teísmo cristiano. Lo incómodo de su situación en Colonia —donde los creyentes lo consideraban apóstata y los no creyentes cristiano disimulado— le mueve a aceptar una oferta en la Universidad de Fráncfort. Pero al llegar allí, sin comenzar siquiera su docencia, fallece de un repentino ataque cardíaco, el 19 de mayo de 1928. Es enterrado en Colonia, y poco después se publicaría su conferencia El puesto del hombre en el cosmos. Sus proyectos inmediatos se encaminaban a la definición de un sistema de Antropología filosófica y de Metafísica.
Scheler utilizó la fenomenología para estudiar los fenómenos emocionales y sus respectivas intencionalidades (los valores) y a partir de ellos elaboró una muy sólida y original fundamentación personalista de la ética: la realización de los valores se concretiza en modelos humanos que invitan a su seguimiento. Dichos modelos serían el héroe para los valores vitales, el genio para los valores espirituales y el santo para los valores religiosos.
Scheler distingue tres clases de saberes: el inductivo, el de la estructura esencial o fenomenológico y el metafísico.
El saber inductivo es el de las ciencias positivas. La intención de este saber es el dominio del mundo circundante. Su objeto de estudio es la realidad (Scheler entiende por la realidad aquello que se percibe por nuestros sentidos como que nos presenta resistencia. La muralla no podemos traspasarla, un viento fuerte puede impedir nuestro avance, etc.). Este saber tiene como finalidad utilizar el saber como una técnica, un procedimiento para vencer esa resistencia. Y una vez vencida la resistencia se la puede utilizar en provecho del ser humano. Es el saber de dominio. Ejemplo de ello es la ciencia que se ha desarrollado en Occidente desde la filosofía griega.
El saber de la estructura esencial es el saber que nos permite captar de un modo inmediato el qué de las cosas.
Está de acuerdo con Immanuel Kant en que existe el conocimiento de lo a priori, y que este carácter lo tienen las proposiciones ideales que refieren a una estructura trascendental del sujeto. Dicha estructura trascendental antecede a todo conocimiento objetivo o basado en la experiencia del sujeto, mostrando así la disposición natural con que cuenta la sensibilidad, el entendimiento y la razón, como dimensiones de la conciencia humana. A cambio de esta coincidencia parcial con Kant, mantiene cinco diferencias:
No son los juicios elaborados por el entendimiento sino las esencias percibidas las que constituyen primordialmente lo a priori.
La región de lo a priori no coincide con la región de lo formal, como pensó Kant, sino que hay también un a priori material o con contenido: el valor.
En el lugar de la cuestión: ¿cómo es posible que se dé algo?, la cuestión fundamental, dice Scheler, es más bien esta otra: ¿qué es lo que se da?
Scheler considera falsa la teoría kantiana según la cual todo lo que es ha tenido que ser producido por el entendimiento, pues la percepción del valor es por sí misma objetiva o intencional.