Tal Día como Hoy

Matanza de los Inocentes

Episodio del Nuevo Testamento

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La matanza de los Inocentes es un episodio relatado en el Nuevo Testamento con carácter singular: de los cuatro evangelios canónicos, el único que lo relata es el Evangelio de Mateo (Mt 2, 16-18). Si bien se presenta nuevamente en los evangelios apócrifos, como el Protoevangelio de Santiago y en el Evangelio armenio de la infancia.​

El relato trata sobre la orden dada por Herodes I el Grande de ejecutar a los niños nacidos en Belén menores de dos años. Según el pasaje de Mateo, Herodes dio esta orden al verse engañado por los sabios del oriente que habían prometido proporcionarle el lugar exacto del nacimiento de Jesús. Mateo dice que este acontecimiento cumple con la profecía de Jeremías (Jer 31, 15).

En el Protoevangelio de Santiago se narra que Herodes buscaba al hijo del sacerdote Zacarías, al que suponía el potencial rey. Pero el niño había sido escondido por su madre Isabel en una cueva. Según este libro apócrifo, el futuro Juan el Bautista habría sido la causa real de la inquina de Herodes.

El relato evangélico inspiró numerosas obras artísticas, en particular en la pintura y escultura, y su difusión en la cultura universal tornó la figura de Herodes en el arquetipo de los opresores, que no dudan en cometer crímenes —incluso el asesinato múltiple de víctimas indefensas— por miedo a perder el poder.

La historicidad del relato de Mateo no es aceptada por la mayoría de los estudiosos modernos.​​​ La historia de la masacre no se encuentra en ningún evangelio aparte del de Mateo, ni se menciona en las obras conservadas de Nicolao de Damasco (quien fue amigo personal de Herodes el Grande), ni en las ‘’Antigüedades judías’’ de Flavio Josefo, a pesar de que este registró muchos de los delitos de Herodes, incluyendo el asesinato de tres de sus propios hijos.​ El relato del siglo V de Macrobio —según el cual «al oír que el hijo de Herodes, rey de los judíos, había sido asesinado cuando Herodes ordenó matar a todos los niños menores de dos años en Siria, [Augusto] dijo: “es mejor ser el cerdo de Herodes que su hijo”»— ha sido descartado como evidencia extrabíblica del evento, debido a su autoría tardía, la posible influencia del relato evangélico y la naturaleza confusa de la narración.​ Ante la falta de confirmación independiente de que el hecho haya ocurrido, la historia actúa como una especie de folclore inspirado en la reputación de Herodes.​ En cuanto a la intención del mito, su falta de historicidad no resulta sorprendente, dado que los evangelios fueron escritos principalmente como documentos teológicos y no como cronologías históricas.​​​​

El autor parece haber basado el episodio en la historia bíblica del intento del faraón de matar a los niños israelitas en el Libro del Éxodo, según una versión ampliada que circulaba en el siglo I.​ En esa versión, el faraón mata a los niños hebreos después de que sus escribas le advierten del inminente nacimiento de una amenaza para su corona (es decir, Moisés), pero el padre y la madre de Moisés son advertidos en un sueño de que la vida del niño corre peligro y actúan para salvarlo.​ Más tarde, cuando Moisés debe huir —al igual que Jesús—, regresa cuando aquellos que buscaban su muerte ya habían muerto.​

Paul L. Maier​ y el clérigo anglicano Richard T. France​ han propuesto argumentos apologéticos en favor de una posible historicidad del relato, pero dichos argumentos no son aceptados por los estudiosos seculares.​​ James Dunn considera que la historia de la masacre es coherente con el carácter conocido de Herodes.​ Joan E. Taylor y Anthony Le Donne observan que Herodes fue un gobernante vengativo y duro, y que en esa época era común que los judíos tuvieran que convertirse en refugiados, con frecuencia en Egipto.​ Taylor argumenta que el Jesús histórico pudo haber sido efectivamente un refugiado, cuya experiencia vital influyó en sus enseñanzas.​

Análisis de su historicidad y significado

Interpretación de la Iglesia católica

El episodio de los inocentes refleja la brutalidad de Herodes. El relato encaja perfectamente en la larga lista de crueldades de Herodes.​ La Iglesia católica venera a los niños inocentes como mártires de Cristo:

En continuidad con la acción de los inocentes que proclamaron la gloria del Señor, no de palabra sino con la muerte —non loquendo, sed moriendo—, la oración de la Iglesia invita a «testimoniar con nuestra vida la fe que confesamos de palabra»​. Raquel era la esposa predilecta del patriarca Jacob​ y madre de Benjamín y de José; éste, a su vez, era el padre de Efraím y Manasés. Según el libro del Génesis, Raquel murió cerca de Belén y allí la enterró Jacob. Jeremías, citado por Mateo, se refiere a los cautivos de Efraím y Manasés, que, tras la destrucción de Jerusalén el 587 a.C., esperan en los campos de concentración de Ramá la marcha a sus lugares de destierro. Pero el texto entero de Jeremías es un oráculo de consuelo: anuncia que, detrás de la desgracia del destierro, se esconde un nuevo favor de Dios, que restaurará al pueblo y hará con él una Nueva Alianza, interior y definitiva.​​

De modo semejante, Mateo ve detrás de la desgracia de la persecución del Niño y la muerte de los inocentes el cumplimiento del designio de Dios en la formación del nuevo pueblo a través de Jesús.​

El trágico episodio de los inocentes no se menciona en ningún otro escrito, canónico o profano; esto suscita serios problemas sobre el carácter histórico del incidente. Raymond Edward Brown indicó que el historiador judío Josefo no aludió a la matanza de niños en Belén, a pesar de haber documentado minuciosamente los hechos brutales cometidos por Herodes I el Grande en los últimos años de su vida. Si se tratase de un hecho histórico, la matanza no fue lo bastante notoria como para que llegara a oídos de Josefo quien, si la hubiera conocido, la habría mencionado dado su interés por denigrar a Herodes.​

La brutalidad del episodio está en armonía con el carácter de Herodes, tal como Josefo lo describió (Antigüedades judías, 15.3, 3 § 53-56). Josefo presentó a Herodes como un ser patológicamente celoso de su poder: varios de sus familiares fueron asesinados por orden suya, ya que sospechaba que trataban de suplantarlo. No cabe duda de que Josefo quiso describir a Herodes con los tintes más oscuros que le fue posible, y resulta difícil de explicar la ausencia de la matanza de Belén en Josefo, excepto suponiendo que no tuviera noticia alguna de ella.​ En consecuencia, habría que tomar en consideración la posibilidad de que los incidentes del capítulo 2 del Evangelio de Mateo sean una presentación simbólica de la mesianidad regia de Jesús, a la que se oponen los poderes seculares. La oposición a Jesús terminaría por lograr sus fines con su pasión y muerte.

Antonio Piñero señaló que muchos estudiosos dudan de la «historicidad» del relato en el sentido moderno del término, y que se suele considerar una reelaboración de otras narraciones del Antiguo Testamento.​

En el Nuevo Comentario Bíblico San Jerónimo se señala que, si bien existe la posibilidad de que el relato no sea histórico, posee cierta verosimilitud y recuerda el decreto del faraón de matar a todos los primogénitos varones israelitas (Éxodo 1, 16), un clásico ejemplo del genocida abuso del poder.​ En el caso de que el relato sea histórico, el número de niños asesinados se puede estimar en unos veinte.​​

José María Cabodevilla sugirió el significado que este crimen pudo tener para Herodes I el Grande:

En el relato evangélico, Herodes I el Grande es «el arquetipo de todos los sanguinarios» que no dudan en sacrificar a los indefensos.​ De allí proviene el sobrenombre por antonomasia de «inocentes».

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