La masacre de Nankín (chino: 南京大屠殺, pinyin: Nánjīng Dàtúshā; japonés: 南京大虐殺, Nankin Daigyakusatsu), o la violación de Nankín, se refiere a los crímenes cometidos entre finales de 1937 e inicios de 1938 por el Ejército Imperial Japonés en la ciudad de Nankín, entonces capital de la República de China, durante la segunda guerra sino-japonesa.
Luego de capturar Shanghái en octubre de 1937, el Ejército japonés se trasladó aguas arriba de Río Yangtsé, hacia el noroeste, y conquistaron Nankín en la batalla de Nankín, el 13 de diciembre de 1937. El Gobierno chino, encabezado por Chiang Kai-shek y la mayor parte de los comandantes del Ejército nacionalista chino (Kuomintang), se retiraron de la ciudad antes de la entrada del ejército del Japón, dejaron un mínimo de fuerzas para realizar una resistencia simbólica. La desordenada retirada dejó a miles de soldados atrapados en la ciudad amurallada. Muchos se quitaron sus uniformes y buscaron refugio, al igual que miles de mujeres, en la llamada Zona de Seguridad, preparada por los residentes extranjeros de Nankín. La masacre ocurrió durante un período de seis semanas posteriores a la ocupación de la ciudad. Este episodio histórico es un tema político polémico en Japón, y supone un obstáculo para las relaciones diplomáticas entre ese país y China, así como con otras naciones de Asia Oriental, como Corea del Sur.
Los crímenes de guerra cometidos durante este episodio incluyen la violación masiva de mujeres, la matanza de civiles y prisioneros de guerra y el pillaje. Se estima que murieron entre 100 000 y más de 300 000 chinos.
Tales crímenes fueron juzgados por el Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente y por el Tribunal de Crímenes de Guerra de Nankín. En el primer caso fue condenado a muerte Iwane Matsui; en el segundo caso fueron sentenciados a muerte Hisao Tani, Rensuke Isogai, Gunkichi Tanaka, Toshiaki Mukai y Tsuyoshi Noda, en tanto que diez personas fueron condenadas a cadena perpetua y doce recibieron penas de duración determinada.
Con respecto a las estimaciones de la cantidad de víctimas el Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente la estimó en "más de 100 000" asesinatos, y 20 000 violaciones, mientras que el Tribunal de Nankín la estimó en "más de 300 000" asesinatos. En diciembre de 2007, algunos documentos del Gobierno de Estados Unidos recién publicados, que hasta entonces habían sido un secreto de Estado, consideraron el número total de muertos en 500 000, teniendo en cuenta lo que pasó alrededor de la ciudad antes de su captura. La historiografía china sostiene de manera general que durante la masacre fueron asesinadas más de 300 000 personas. En Japón, la opinión pública está dividida, en especial entre conservadores, militaristas y grupos de derecha, que niegan la masacre.
La masacre sucedió tras la caída ante el Ejército Imperial Japonés el 13 de diciembre de 1937. Su duración no está definida, aunque la violencia se prolongó hasta bien entradas las seis semanas llegando a principios de febrero de 1938.
El ejército japonés cometió numerosas atrocidades, como la violación, el saqueo, el incendio y la ejecución de prisioneros de guerra y civiles. Aunque las ejecuciones comenzaron con el pretexto de eliminar los soldados chinos disfrazados de civiles, se afirma que gran número de inocentes fueron señalados como combatientes y ejecutados. Mujeres y niños también fueron asesinados, al ir extendiéndose las violaciones y los asesinatos.
La masacre fue parte de la segunda guerra sino-japonesa (1937-1945), parte a su vez de la Segunda Guerra Mundial que culminó el mismo año.
En 1910 Japón había invadido Corea y en 1931 invadió Manchuria. El 7 de julio de 1937, luego del Incidente del Puente de Marco Polo, se inició la segunda guerra sino-japonesa. Durante los primeros meses de la guerra las fuerzas japonesas ocuparon gran parte de la región noreste de China, entre ellas la ciudad de Pekín.
En agosto el Ejército Imperial Japonés se encontró con una fuerte resistencia y sufrió grandes bajas en la batalla de Shanghái. La ofensiva fue cruenta, y ambos lados terminaron desgastados en un combate cuerpo a cuerpo.
El 5 de agosto de 1937, Hirohito ratificó en persona la propuesta de su ejército de eliminar las restricciones de la ley internacional para el trato de prisioneros chinos. Esta directiva obligó a los oficiales del Estado mayor a dejar de utilizar el término «prisionero de guerra».
En el camino de Shanghái a Nankín, los soldados japoneses cometieron atrocidades, por lo que la masacre de Nankín no fue un incidente aislado. El evento más famoso fue el «concurso para matar a 100 personas utilizando una katana».
A mediados de noviembre, los japoneses habían capturado Shanghái con la ayuda de bombardeos aéreos y navales. El Cuartel General de Estado Mayor en Tokio decidió no expandir la guerra, debido a las graves bajas incurridas y al abatido estado anímico de las tropas.
Mientras el Ejército japonés se acercaba a Nankín, los civiles chinos dejaban la ciudad en masa, y la milicia del país llevaba a cabo una campaña de tierra quemada, enfocada a destruir cualquier cosa que pudiera ser de valor para el ejército japonés invasor. Los objetivos, dentro y fuera de las murallas de la ciudad, como cuarteles militares, residencias privadas, oficinas gubernamentales, como el Ministerio Chino de Comunicación, bosques e incluso pueblos enteros, fueron reducidos a cenizas, a un valor estimado de 20 a 30 millones de dólares (1937).
El 2 de diciembre, el emperador Shōwa designó a uno de sus tíos, el príncipe Yasuhiko Asaka, como comandante de la invasión. Es difícil establecer si, como miembro de la familia imperial, Asaka tenía un estatus superior al del general Iwane Matsui, quien era comandante en jefe, pero está claro que, como oficial de rango superior, tenía autoridad sobre todos, comandantes, tenientes generales como Kesago Nakajima y Heisuke Yanagawa. El 8 de diciembre, Chiang Kai-shek abandonó la ciudad, encargando la defensa a Tang Shengzi.
Numerosos occidentales se encontraban viviendo en la ciudad por razones comerciales o bien en viajes misioneros con distintos grupos religiosos. En el momento en que el ejército japonés comenzó a lanzar ataques aéreos sobre Nankín, la mayoría de los occidentales y todos los periodistas regresaron a sus respectivos países, exceptuando a 22 personas. El empresario alemán de Siemens John Rabe prefirió permanecer en la ciudad y formó el Comité Internacional para la Zona de Seguridad de Nankín. Fue elegido como su líder (se presume que por su condición de nazi y gracias al Pacto Antikomintern firmado entre Japón y Alemania). Este comité estableció la Zona de Seguridad de Nankín en la zona oeste de la ciudad. El Gobierno japonés había acordado no atacar aquellas partes de la ciudad que no tuvieran milicia china. Por esa razón, los miembros del Comité Internacional para la Zona de Seguridad de Nankín convencieron al gobierno del país de sacar todas sus tropas del área.
Los nipones respetaron hasta cierto punto la Zona de Seguridad; ningún proyectil impactó aquella parte de la ciudad, salvo algunos tiros perdidos. Durante el caos que siguió al ataque de la ciudad, algunas personas fueron asesinadas en la Zona de Seguridad, pero las atrocidades cometidas en el resto de la ciudad resultaron mucho peores.
John Rabe es conocido como el «Oskar Schindler de Nankín» quien, con sus acciones humanitarias, logró salvar a unos 200 000 chinos. En 1997 se publicaron los diarios escritos por Rabe sobre los hechos de Nankín, que confirman la masacre.