Tal Día como Hoy

Mary Wigman

Bailarina y coreógrafa alemana

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Mary Wigman, nombre artístico de Karoline Sophie Marie Wiegmann (Hannover, 13 de noviembre de 1886-Berlín Occidental, 19 de septiembre de 1973) fue una bailarina y coreógrafa alemana, principal precursora de la danza expresionista tanto en su país natal como en el extranjero, que influyó en una extensa generación de bailarines.

Karoline Sophie Marie Wiegmann nació el 13 de noviembre de 1886 en Hannover en el seno de una familia acomodada. Fue la mayor de tres hermanos (dos mujeres y un varón). Era hija de Heinrich Friedrich Wiegmann (1837-1896), un comerciante de bicicletas, máquinas de coser y productos coloniales, y de Amalie Wiegmann (1857-1936), de soltera Jacobs, quien, además de ayudar en el negocio familiar, se ocupó de los hijos y del hogar. La tienda de los Wiegmann estaba situada en el bajo de un edificio de apartamentos, mientras que la familia vivía en el último piso del bloque. Cuatro años después del nacimiento de la primogénita nació Heinrich (1890-1970), inválido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), seguido cuatro años más tarde de la hija menor, Elisabeth (1894-1981), quien de 1920 a 1935 fue profesora de danza en la escuela abierta por su hermana en Dresde y en 1936 abrió su propia escuela de gimnasia rítmica en Leipzig. En 1896, cuando Marie contaba con nueve años de edad, murió su padre, un suceso que golpeó duramente a la familia.​ El tío Dietrich Wiegmann (1837-1918), hermano gemelo de su padre, se casó con la madre en 1898 y se hizo cargo de la familia.​​ A pesar de la muerte prematura del padre, su juventud es descrita como un periodo feliz: «Ella es una niña vivaz, siempre ávida de aventuras, que disfruta enormemente de los numerosos viajes de vacaciones».​

En la casa familiar, en Hannover, se leía y se cantaba mucho. Marie compaginó hasta los catorce años sus estudios en el liceo femenino con la formación musical (piano y canto) en el conservatorio de Hannover. Según sus propias palabras, «tenía talento musical y una buena voz», sin embargo, sus padres se opusieron a que emprendiera una carrera como cantante.​ Posteriormente asistió a internados en Inglaterra y Suiza para mejorar su nivel en lenguas extranjeras.​​ Cuando vio por primera vez a Émile Jaques-Dalcroze (1865-1950) tenía 22 años. La utilización del cuerpo como instrumento musical fascinó a Marie: «Y entonces vi a Jaques-Dalcroze. Ahí supe que quería hacer lo mismo, ¡pero mi madre dijo que no!».​

En 1910, a pesar de la negativa de su madre, Marie se trasladó a Hellerau, a las afueras de Dresde, donde asistió a la escuela que acababa de fundar el mencionado compositor y pedagogo suizo. En Hellerau, Mary Wigman, como se hacía llamar, conoció al artista expresionista Emil Nolde (1867-1956), quien más tarde pintó muchos de sus bailes, así como los de Gret Palucca (1902-1993), alumna de Wigman. En aquella época, Wigman tuvo estrechos contactos con el grupo expresionista Die Brücke, mientras que, durante la Primera Guerra Mundial, se relacionó con el grupo dadaísta de Zúrich.​

Tras diplomarse en gimnasia rítmica, en 1912, pasó un año en Roma. Durante su estancia en Italia estudió, entre otras cosas, las imágenes de bailarinas que aparecen en la cerámica ática, cuyos cuerpos parecían «vivos», según Wigman.​ Asombrada por ello y en oposición a la rígidez del ballet, Wigman empezó a experimentar con la danza, bailando de forma improvisada y sin música.

En 1913, Wigman continuó formándose bajo la guía de Rudolf von Laban (1879-1958), quien tenía una escuela de verano de expresión corporal en la localidad suiza de Ascona, a orillas del lago Mayor y a los pies del monte Verità. En aquel lugar y hasta 1919, Wigman fue no solo su alumna, sino también su asistente.​​​​ El espacio, en la escuela de Laban, tenía un papel preponderante y la música, a veces, era sustituida por la percusión o por la palabra.​​

Primeros trabajos como artista

El debut en solitario de Mary Wigman con su propia coreografía tuvo lugar el 14 de febrero de 1914 en el palacio Porcia de Múnich.​ Wigman, con un vestido largo de seda y sin acompañamiento musical (una novedad en Europa), presentó un solo de danza titulado Lento y la demoníaca y expresiva Hexentanz (baile de brujas), cuyas formas corporales distorsionadas y su intensidad dramática configuraron su estilo personal y extremadamente rompedor.​ El arte de Mary Wiman tuvo una gran relevancia para el compositor y director Carl Orff y su trabajo posterior: «Todas sus danzas estaban animadas por una musicalidad inaudita, incluso la famosa danza sin música Hexentanz. Ella podía hacer música con su cuerpo y convertir la música en algo físico. Su danza me parecía elemental. Yo también buscaba lo elemental, la música elemental».​

Finalizada la Primera Guerra Mundial, Wigman se emancipó de la escuela de Laban y emprendió una gira por la recién instaurada República de Weimar (1919-1933). Sus actuaciones en Hamburgo y Dresde (1919) fueron bien acogidas por el público y fue precisamente en esta última ciudad donde decidió fundar su famosa escuela en 1920.​ Entre su alumnado, tan numeroso como internacional, cabe destacar grandes talentos de la danza como Gret Palucca, Yvonne George, Hanya Holm, Margarete Wallman, Vera Skoronell, Berthe Trümpy, Max Terpis, Pola Nireńska y Harald Kreutzberg, quienes a su vez tuvieron una exitosa carrera artística y fundaron sus propias escuelas.​​​

Wigman coreografió muchos solos y grupos de danza con los que emprendió giras célebres por Europa y América (debutó en Londres en 1928, en Nueva York en 1930), exhibiéndose incluso en las Olimpiadas de Berlín (1936) con su obra Die Totenklage (canto fúnebre).​​​​ La danza expresionista o nueva danza (Ausdruckstanz o Neuer Tanz en alemán) se popularizó de tal forma que Wigman abrió academias por toda Alemania y una en Nueva York, bajo la dirección de Holm.​​​

Durante el nazismo (1933-1945), la actividad de la escuela de Dresde fue de más a menos. Si bien actuó en las Olimpiadas de Berlín, Wigman se negó, un año más tarde, a participar en un homenaje a Hitler.​​ En 1942, el Ministerio de Propaganda del Reich, después de todo, prohibió trabajar a Mary Wigman porque su danza era considerada «arte degenerado». Wigman se vio obligada a cerrar su escuela y el edificio pasó a ser propiedad de la ciudad.​​

Pese a la destrucción de su academia de danza y a que tuvo que abandonar su casa de Dresde, la bailarina siguió enseñando y presentando sus obras en otros lugares de Europa. También colaboró con otros artistas y coreógrafos y en 1949, Wigman se instaló en Berlín Occidental, donde fundó una nueva escuela de danza expresiva, el Mary Wigman Studio. Wigman permaneció activa hasta su muerte en 1973, primero como bailarina y profesora, y posteriormente se dedicó a dar conferencias en su país y en el extranjero. Hoy en día se celebra como una figura importante en la historia de la danza moderna y del expresionismo alemán.

Para Mary Wigman, la danza era una expresión del interior del individuo, haciendo especial hincapié en la expresividad frente a la forma. Así otorgaba especial importancia a la gestualidad, ligada a menudo a la improvisación, así como al uso de máscaras para acentuar la expresividad del rostro. Sus movimientos eran libres, espontáneos, probando nuevas formas de moverse por el escenario, arrastrándose o deslizándose, o moviendo partes del cuerpo en actitud estática, como en la danza oriental. Se basaba en un principio de tensión-relajación, lo que procuraba mayor dinamismo al movimiento. Además utilizó las nociones de caída-recuperación para diagramar las posibilidades entre estos dos polos, que ella consideraba como «muertes» (uno de los motivos por los cuales sus exploraciones en el movimiento la anclaron no en un periodo de la historia de la danza formalista, sino de la expresionista). Fue concretamente Wigman quien comenzó a utilizar la quietud como potencial en el movimiento, no como sinónimo de silencio ni vacío. Creó coreografías realizadas enteramente sin música, a la vez que se liberaba de las ataduras del espacio, que en vez de envolver y atrapar al bailarín se convirtió en una proyección de su movimiento, persiguiendo aquel viejo anhelo romántico de fundirse con el universo.​ Siempre sostuvo que el movimiento vale más que muchas palabras, y denominó a su producción como «danza absoluta», alegando que la danza simplemente es.

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