Tal Día como Hoy

Martín de Tours

Santo cristiano

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San Martín de Tours (Sanctus Martinus Turonensis en latín), San Martín Caballero o San Martín de Loba (Sabaria, Panonia; actual Szombathely, Hungría, 316-Candes, actual Candes-Saint-Martin, Francia, 397) fue un obispo católico de Tours elevado a santo y patrono de numerosas localidades. Se convirtió al cristianismo a una temprana edad. Se hizo soldado en la caballería romana en la Galia, pero abandonó el servicio militar en algún momento antes del año 361, cuando se convirtió en discípulo de Hilario de Poitiers, estableciendo el monasterio en Ligugé. Fue consagrado como obispo de Caesarodunum (antiguo nombre de Tours) en 371. Como obispo, fue importante en la supresión de los restos de la religión galorromana, si bien se opuso a la persecución violenta contra la secta ascética priscilianista.

Su vida fue narrada por un hagiógrafo contemporáneo, Sulpicio Severo. Es posible que algunas narraciones sobre sus viajes se hayan interpolado en su biografía con el objeto de validar sitios tempranos de su culto. Se le recuerda particularmente por el relato según el cual usó su espada para cortar su capa en dos para darle la mitad a un mendigo que vestía solo trapos en medio del invierno. Su santuario en la ciudad de Tours se convirtió en un punto de parada famoso para los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela en España. El culto a Martín de Tours fue revivido en el nacionalismo francés durante la Guerra francoprusiana de 1870 y 1871, y en consecuencia se le consideró un santo patrono de Francia durante la Tercera República francesa.

Se trata de un santo enormemente popular, puesto que desde muy antiguo existen por todo el mundo cristiano numerosas iglesias y basílicas (véase iglesia de San Martín y basílica de San Martín) colocadas bajo su advocación, siendo una de las más destacadas la propia basílica situada en su ciudad original. La misma palabra «capilla» procede de la popular leyenda que acompaña siempre a este santo en toda su iconografía.​

Los primeros años de vida de Martín fueron descritos por Sulpicio Severo, un escritor cristiano contemporáneo, quien lo conoció personalmente. Esta biografía expresa, entre otras cosas, la inmediatez que el cristiano del siglo IV sentía respecto al diablo en todos sus disfraces, y contiene algunas narraciones de milagros tales como expulsar demonios, curar paralíticos o resucitar muertos, tradicionales en muchas hagiografías, además de otros como apagar las llamas de una casa vecina a un templo romano que Martín quemaba, desviar el camino de un pino sagrado caído o el poder sanador de una carta enviada por él.

Nació en el año 316 en la actual Szombathely, Hungría, en el seno de la familia pagana, de un oficial militar (tribuno) del ejército romano. Unos años después del nacimiento de Martín, su padre recibió el estatus de veterano y se le concedieron tierras en Ticinum (actual Pavía) en el norte de Italia, donde Martín creció y recibió su educación.​

A la edad de 10 años empezó a asistir a la iglesia cristiana, contrariando los deseos de sus padres, y se hizo catecúmeno. El cristianismo había sido autorizado en el 313, teniendo para entonces más fieles en el Imperio oriental, de donde había surgido, y concentrándose en las ciudades, a donde había sido llevado a través de las rutas comerciales por judíos y griegos conversos. Para entonces, el cristianismo estaba lejos de ser aceptado en los círculos más elevados de la sociedad, en tanto que el culto a Mitra era probablemente el favorito entre los miembros del ejército. Si bien la conversión al cristianismo del emperador Constantino y el subsiguiente programa de construcción de templos le dieron un impulso aún mayor a la expansión de la religión, para la época de Martín el cristianismo era todavía una fe minoritaria. Fue bautizado probablemente en el año 334.​

Como hijo de un tribuno, Martín estaba obligado a unirse a una ala de caballería.​ A los 18 años de edad (alrededor del 334 o 354), fue apostado en Ambianensium civitas o Samarobriva en la Galia (actual Amiens, Francia). Es probable que se haya unido a la Equites catafractarii Ambianenses, una unidad de caballería pesada que aparece mencionada en el Notitia dignitatum. En tanto la unidad estuvo apostada en Milán y también se le menciona en Trier, es probable que haya sido parte de la escolta de caballería del emperador, que le acompañaba en sus viajes alrededor de Europa.

Sulpicio Severo no incluyó fechas en su cronología, de manera que si bien indicó que Martín estuvo en el ejército por casi dos años después de su bautismo, es difícil determinar exactamente cuándo abandonó el ejército. El historiador Andre Mertens ha afirmado que «[Martín] estuvo en el ejército bajo el mando del emperador romano Constantino II (r. 337-361) y después bajo el mando del emperador Juliano (r. 355-360)».​

La leyenda más famosa en torno a su vida sucedería hacia el año 337. Estando Martín en Amiens, encontró cerca de la puerta de la ciudad a un mendigo tiritando de frío; enseguida, sacó la espada, rasgó su capa de soldado y le dio la mitad para que se abrigara, declarándole que no podía dársela entera porque la capa pertenecía al ejército romano, en el que servía, gesto que dejó atónitos a los oficiales romanos que presenciaron el acto, pues los oficiales jamás debían mostrar compasión o piedad por nadie, menos hacia los débiles, de donde deriva la frase «caridad a capa y espada».​ Esa misma noche soñó con Jesucristo vestido con la media capa y diciéndole a una multitud de ángeles que le rodeaba: «Martín, siendo todavía catecúmeno, me ha cubierto con este vestido».​ Esta es la escena que iconográficamente se ha preferido para representar a San Martín. Además, a partir de las numerosas iglesias que después reclamarían guardar una reliquia de este trozo de capa, se acabó por popularizar el término capilla en todo el mundo occidental para denominar a los mismos lugares de culto cristiano.​ Este suceso provocó un cambio profundo en Martín. En el arte, óleos y frescos lo han representado innumerables veces, pero especial mención merece la pintura que hizo El Greco representando a San Martín sobre su caballo, cortando su capa para dársela a un hombre desnudo.

Independientemente de las dificultades cronológicas, Sulpicio escribe que justo antes de una batalla en las provincias gálicas en Borbetomagus (actual Worms, Alemania),​ Martín decidió cambiar lealtades (rehusándose a obedecer al anticristiano emperador Juliano) y rechazó su justo pago por salir del ejército, afirmando que «Soy soldado de Cristo, y no me es legal librar batalla». Fue acusado de cobardía y encarcelado, pero para responder a los cargos se ofreció marchar desarmado por delante de las tropas. Sus superiores planeaban aceptar su oferta, pero antes de que pudieran hacerlo los invasores pidieron la paz; la batalla nunca tuvo lugar, y Martín fue dado de baja del ejército, posiblemente alrededor del año 356,​ para «defender al otro Señor y extender su Reino en la tierra» y dedicar el resto de su vida a servir exclusivamente a Cristo.​

Martín declaró su vocación y se unió entonces a los discípulos del obispo Hilario en la ciudad de Poitiers, en la provincia romana de la Galia (actual Francia).​ Hilario y sus discípulos se oponían al arrianismo de la corte imperial. Cuando Hilario fue exiliado de Pictavium (actual Poitiers),​ Martín emprendió un largo viaje. De acuerdo con Sulpicio, logró convertir a un bandido en los Alpes y confrontó al diablo mismo. Tras un sueño en el que escuchó una voz que le pedía volver a su hogar, cruzó los Alpes, y desde Milán regresó a su pueblo natal, donde consiguió convertir al cristianismo a su madre, pero no a su padre.​ Mientras estaba en Ilírico se opuso con tanto celo a los arrianos que fue latigado en público y se le obligó a marcharse.​ Al regreso de Iliria a Milán, donde entró en contacto con un grupo de hombres que llevaban una vida de retiro, oración y ascetismo, fue confrontado por Auxencio, el arriano arzobispo de Milán, quien lo expulsó de la ciudad.​ De acuerdo con las fuentes tempranas, Martín decidió buscar albergue en la isla Gallinara, frente a la costa de Génova en el mar de Liguria, donde llevó una vida ascética junto con otro compañero.​ Martín vivió de una dieta de hierbas y raíces silvestres. Se dice que comió eléboro, una planta que no sabía era venenosa. Según una leyenda, estando a punto de morir por haberla ingerido, rezó y fue curado milagrosamente.

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