Tal Día como Hoy

Martín de Azpilcueta

Intelectual y teólogo español

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Martín de Azpilcueta Jaureguízar, C.R.S.A., conocido también como el Doctor Navarro (Barásoain, Reino de Navarra, 13 de diciembre de 1492-Roma, 21 de junio de 1586) fue un sacerdote, teólogo, filósofo y economista navarro.

Martín de Azpilcueta [también Azpilicueta] y Jaureguízar nació en el seno de una familia noble agramontesa de ascendencia baztanesa. Hijo de Martín de Azpilcueta y de María de Jaureguízar, oriundos de los palacios de sus apellidos situados en el valle de Baztán. Era primo segundo de María Azpilcueta Aznárez de Sada, casada con Juan de Jasso Atondo, es decir, los padres de san Francisco Javier.​

Estudió Gramática en Navarra; entre 1509 y 1516 estudia Artes, Filosofía y Teología en la Universidad de Alcalá, fundada por el cardenal Cisneros,​ de aquí pasó a estudiar Derecho Canónico en la Universidad de Toulouse, la más famosa en aquel tiempo para el estudio de esta disciplina. En 1518 obtuvo la cátedra de Cánones de dicha universidad a la edad de 26 años. Impartió clases en esta universidad y en la Universidad de Cahors, donde permaneció un año, en torno a 1522.

Durante su estancia en Toulouse fue ordenado sacerdote y regresó a a Navarra en 1523, a pesar de las ofertas recibidas para permanecer en aquella universidad. En el viaje de vuelta se detuvo en Roncesvalles, donde tomó el hábito de la Orden de Canónigos regulares de san Agustín cuando contaba 30 años de edad.

En compañía del prior de Roncesvalles, Francisco de Navarra, pasó a la Universidad de Salamanca en 1524 y en este tiempo fue elegido por Carlos V para ocupar una plaza en el Consejo Real de Navarra y le concedió también una canonjía en la catedral de Pamplona; sin embargo rehusó los dos cargos. En Salamanca se vio obligado a doctorarse de nuevo en Cánones, pues esta universidad no aceptaba los grados obtenidos en otras.

Fue catedrático en Salamanca durante catorce años, donde en una ocasión el emperador Carlos V le oyó disertar acerca del origen democrático del poder. Formó discípulos, entre los que se cuentan Diego de Covarrubias (1512-1577), el portugués Arias Pinelo, Francisco Sarmiento y Pedro de Deza (1526-1600).

Por orden del Emperador, en 1538, se trasladó a la Universidad de Coímbra (Portugal), recién fundada por los monarcas portugueses. Una vez allí, Juan III le concedió en 1538 la cátedra de Prima de Cánones y una renta anual de ochocientos cincuenta ducados, además de una chantría en la catedral de aquella ciudad.

Durante su estancia en Coímbra, además de su actividad docente, influyó en la vida pública como consejero y confesor de personalidades ilustres. Fue consultado por los tribunales de la Inquisición y se le quiso dar un obispado, lo cual rehusó. Después de dieciséis años de docencia en aquella Universidad, en 1554, con 62 años, se jubiló en la Universidad de Coímbra.​

En su viaje de regreso a Navarra, se detuvo en Valladolid, donde la princesa regente Juana le encargó la visita de inspección de dos monasterios. Uno de ellos era el de San Isidoro de León, que había conocido veinte años atrás. En esta ocasión se le encomendó dar solución a las diferencias que los religiosos tenían con su abad, cumpliendo dicho cometido con prudencia.

Una vez en Navarra, fijó su residencia en su casa natal de Barásoain de 1556 a 1562 donde, de acuerdo con los usos de la época, se hizo cargo de tres sobrinas, hijas de dos hermanos suyos ya fallecidos y concertó sus bodas, haciéndose cargo del pago de sus dotes, que oscilaron entre los mil y mil quinientos ducados, siendo condición que se casasen «con mi consentimiento y pareçer».​

En 1561 fue nombrado abogado defensor de Bartolomé de Carranza, también navarro, de Miranda de Arga, arzobispo de Toledo y primado de España desde 1557, acusado de herejía por la Inquisición y encarcelado en 1559; en esta tarea se ocupó durante quince años, hasta que el papa Gregorio XIII pronunció en abril de 1576 la sentencia definitiva, parcialmente absolutoria para Carranza, ya que fue declarado vehementemente sospechoso de herejía. Agotado por la prisión y el enconado proceso, Bartolomé de Carranza murió a los pocos días. En 1567 el proceso se había trasladado de la Inquisición española a Roma lo que obligó a Azpilcueta, siguiendo a su defendido, a trasladarse a esta ciudad. Aquí fijó su residencia definitiva y pasó los últimos 19 años de su vida. Falleció a los 93 años, el 21 de junio de 1586.

Azpilcueta estuvo propuesto para ser elevado al cardenalato dos veces, pero lo impidió la oposición de Felipe II, que actuaba en Roma por mediación del cardenal Francisco Pacheco y del embajador Juan de Zúñiga.

Además del trabajo que requería la defensa del arzobispo de Toledo y la edición de sus obras, ingresó como consultor en el Supremo Tribunal de la Penitenciaría, a propuesta de Pío V y de Carlos Borromeo. Fue también estimado por los pontífices Gregorio XIII y Sixto V, quienes acudieron con frecuencia le pidieron consejo. Mantuvo estrecha relación con san Carlos Borromeo y san Felipe Neri.​

Según había estipulado en su testamento, otorgado el 7 de septiembre de 1582, fue sepultado en la iglesia de San Antonio de los Portugueses de Roma..

Fue tío del misionero jesuita Juan de Azpilcueta Navarro.

Como experto en Teología Moral, propugnó la supremacía del poder popular frente al absolutismo real, hizo hincapié en el Derecho de Gentes como embrión del Derecho Internacional y en la necesaria separación entre el del papado y de los reyes; al mismo tiempo proclamó la convivencia pacífica entre las monarquías cristianas, y denunció actitudes entre los estudiantes que en la actualidad serían tachadas de nacionalismo xenófobo; además se opuso a la tortura como herramienta del poder judicial y los abusos de la conquista de América.​

Considerado a la vez como teólogo, jurisconsulto y proto-economista. Autor de numerosos ensayos. Vivió durante lo que ha sido llamado segunda escolástica, una red difusa de pensadores en la que se encuentran otros jesuitas, dominicos y franciscanos.

Se ocupó de los efectos económicos de la llegada de metales preciosos de América, siendo el primer formulador de historia de la teoría cuantitativa del dinero; hizo notar la diferencia existente entre la capacidad adquisitiva del dinero en los distintos países según la abundancia o escasez de metales preciosos que hubiera en ellos. Define lo que se llamó la teoría del valor-escasez en los siguientes términos: «Toda mercancía se hace más cara cuando su demanda es más fuerte y su oferta escasea».

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