Tal Día como Hoy

Marius Petipa

Coreógrafo, maestro de ballet y bailarín francés.

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Alphonse Victor Marius Petipa (Marsella, 11 de marzo de 1818 - Gurzuf, 14 de julio de 1910) fue un coreógrafo, maestro de ballet y bailarín francés, radicado en la Rusia imperial y renovador del estilo.​​ Con él se dio por terminada la época del ballet romántico para inaugurar la del grand ballet ruso. Entre sus obras destacadas se cuentan El lago de los cisnes, La bella durmiente, El cascanueces, Raymonda, Don Quijote, Paquita, La bayadera y Coppelia.

Hijo de bailarines y actores famosos, su padre Jean-Antoine era bailarín, maestro y coreógrafo, y su madre Victorine Grasseau era actriz que destacó como gran intérprete del ballet en papeles de carácter. Fue la influencia materna la que llevó a Marius al estudio de la danza y del violín desde su niñez.

El 25 de agosto de 1830 estalló la Revolución belga tras una representación de la ópera Masaniello, o La muda de Portici, de Daniel-François Auber, en el Théâtre de la Monnaie de Bruselas, donde el padre de Marius ejercía de primer maître de ballet. Los violentos enfrentamientos callejeros que siguieron provocaron el cierre de todos los teatros durante un tiempo y, en consecuencia, Jean Petipa se quedó sin trabajo. La familia Petipa quedó en una situación desesperada durante varios años.

En 1834, la familia Petipa se trasladó a Burdeos (Francia), donde el padre de Marius había conseguido el puesto de primer maître de ballet del Grand Théâtre de Bordeaux. Durante su estancia en Burdeos, Marius completó su formación de ballet con el gran Auguste Vestris. En 1838, fue nombrado primer bailarín del Ballet de Nantes (Francia). Durante su estancia en Nantes, el joven Petipa empezó a probar suerte en la coreografía creando varios ballets en un acto y divertimentos.

En julio de 1839, Marius Petipa, de 21 años, acompañó a su padre en una gira por Estados Unidos con un grupo de bailarines franceses. Entre los numerosos compromisos, se encontraba una representación de La tarentule, de Jean Coralli, en el Teatro Nacional de Broadway, siendo la primera representación de ballet vista en la ciudad de Nueva York. La gira resultó un desastre, ya que muchos de los incultos espectadores estadounidenses de la época nunca habían visto ballet. Para colmo de males, el empresario estadounidense que organizó la gira robó gran parte de los ingresos de la compañía y desapareció rápidamente sin dejar rastro. Al partir hacia Francia, el billete de Petipa sólo le permitía viajar a Nantes, pero en lugar de regresar a esa ciudad se metió de polizón en el camarote de una mujer a la que había seducido para poder asegurarse el pasaje a París.

En 1840, Petipa debutó con la compañía de ballet de la Comédie-Française de París. Su primera actuación con esta compañía fue una función benéfica para la actriz Rachel, en la que formó pareja con la legendaria bailarina Carlotta Grisi. Petipa también participó en representaciones en la Ópera de París, donde su hermano Lucien Petipa fue contratado como primer bailarín.

En 1841, le ofrecieron el puesto de primer bailarín en el Gran Teatro de Burdeos. Allí siguió estudiando con el gran Vestris, mientras bailaba los papeles principales de ballets como La fille mal gardée, La Péri y Giselle. Mientras actuaba con la compañía, sus dotes no sólo como bailarín, sino también como pareja, fueron muy celebradas. Su pareja con Carlotta Grisi durante una representación de La Péri fue muy célebre, en especial sus elevaciones y atrapadas casi acrobáticas de la bailarina, que deslumbraron al público. Durante su estancia en Burdeos, Petipa comenzó a montar sus propias producciones originales de larga duración. Entre estas obras destacan La Jolie Bordelaise (La belleza de Burdeos), La Vendange (La vendimiadora), L'Intrigue Amoureuse (Las intrigas del amor) y Le Langage des Fleurs (La voz de las flores).

En 1843, Petipa recibe una oferta para ocupar el puesto de primer bailarín en el Teatro del Circo de Madrid. Durante los tres años siguientes adquiere un profundo conocimiento de la danza tradicional española y produce nuevas obras basadas en temas españoles: Carmen et son toréro (Carmen y su torero), La Perle de Séville (La perla de Sevilla), L'Aventure d'une fille de Madrid (Las aventuras de una madrileña), La Fleur de Grenade (La flor de Granada) y Départ pour la course des taureaux (Salida para las corridas de toros). En 1846, inicia una relación amorosa con la esposa del marqués de Chateaubriand, miembro destacado de la embajada francesa. Al enterarse del romance, el marqués retó a Petipa a un duelo. En lugar de acudir a su fatídica cita, Petipa abandonó España para no volver jamás. Viajó a París, donde permaneció un breve periodo. Durante su estancia en la ciudad, participó en una representación en el Théâtre de l'Académie Royale de Musique, donde formó pareja con la bailarina Thérèse Elssler, hermana de Fanny Elssler.

En 1847, Marius sedujo a la mujer de otro hombre y el marido pidió el duelo, una vez más. Los duelos estaban prohibidos y la amenaza de repercusiones judiciales se cernía sobre Marius, por lo que la familia decidió que lo mejor era que abandonara Francia. El hermano de Marius, Lucien Petipa, estaba familiarizado con el trabajo en Rusia y envió una solicitud a Antoine Titus en San Petersburgo.

Esto coincidió con la necesidad de encontrar un protagonista masculino fuerte para la primera bailarina del ballet ruso, Yelena Andreyánova (que era la amante del Director de los Teatros Imperiales, Aleksandr Guedeónov). Antoine Titus resolvió los dilemas de ambas partes y las presentó, tras lo cual Petipa y su padre fueron invitados a Rusia.

Así, Marius Petipa se encontró en San Petersburgo a finales de ese mismo año. Y así comenzó el increíble ascenso de su carrera hasta convertirse en uno de los coreógrafos más influyentes de la historia.​

Marius Petipa fue un gran apasionado de las danzas tradicionales españolas, y sobre todo las andaluzas, como así demuestran sus ballets Don Quijote y Paquita, ballet que eligió para su presentación en San Petersburgo. Se destacó en la ejecución de los pasos de carácter y por toda Europa como primer bailarín. Casi una década después, en 1847, tras haber pasado una temporada en París, decidió volver a San Petersburgo, donde trabajó durante 60 años. Durante ese período, creó 55 ballets en exclusiva, 21 en colaboración y 37 para diversas óperas. En 1858, fue nombrado maestro de ballet del Ballet Imperial ruso, cargo ocupado hasta entonces por Jules Perrot y con este nombramiento se inició su época más productiva. Junto con Iván Vsévolozhsky, formó una dupla que duró 17 años. En la lista inmensa de creaciones de este periodo basta con recordar las tres obras supremas de Chaikovski, nervio principal de todos los repertorios, —El lago de los cisnes, La bella durmiente y El cascanueces—, así como las tardías pero eficaces partituras de Aleksandr Glazunov —Raymonda, Las estaciones, y Astucias de amor. Murió en la ciudad de Gurzuf, el 14 de julio de 1910.

El arte de Petipa estuvo hecho de rigor técnico, riqueza de medios y un sentido de la elegancia que huía de todo virtuosismo y de cualquier espectacularidad pomposa. Detestaba el acrobatismo de la escuela italiana y el lujo desanimado del tardío ballet francés. Intentó conservar y enriquecer la herencia romántica, llevando la tradición a sus más altos niveles. Reformó el papel del bailarín masculino y dio corporeidad diferenciada al hombre y a la mujer, de modo que se explotaran al máximo las propiedades anatómicas y enérgicas del bailarín. También suprimió la figura del favorito/a, tratando a todos con igualdad. En la redacción de sus coreografías era minucioso y científico, e iba escribiendo en una libreta las diversas evoluciones que la partitura exigía, incluyendo retratos y perfiles de las actitudes que imaginaba en los diversos personajes.

El culmen de cada una de sus obras era el pas de deux entre los protagonistas, que empieza con un adagio a cargo de ambos, sigue con variaciones alternadas, una para ella y una para él, una lenta y otra rápida, y acaba con un nuevo dúo, exigente de técnica y resuelto con una pose entrelazada y estatuaria. Así pues, Petipa unió la tradición de la velocidad italiana con la herencia del elaborado adagio francés. Petipa fue quién llevó a cabo el llamado Ballet Imperial, en Rusia.

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