Marina Núñez del Prado Vizcarra (La Paz, Bolivia; 17 de octubre de 1910 - Lima, 9 de septiembre de 1995) fue una escultora boliviana.
Su obra estuvo influenciada por la cultura precolombina y en especial por la cultura aimara. Trabajó materiales como granito negro, alabastro, basalto y ónix blanco, así como con diferentes tipos de madera autóctona de Bolivia. Su obra se caracteriza por las figuras pesadas, pero de formas curvas y sensuales, así como las figuras femeninas estilizadas. Es considerada una figura clave en la introducción del modernismo en la escultura latinoamericana durante la primera mitad del siglo XX.
Nacida en el barrio de Caja Agua en La Paz, de ascendencia española, descendiente de Juan Núñez del Prado, la vocación por el arte fue heredada por José Núñez Del Prado, su bisabuelo, que fue arquitecto graduado por la Escuela de Ingeniería de Bolivia.
Inició los estudios de arte en la Escuela Nacional de Bellas Artes de La Paz en 1927, en un momento en el que Bolivia contrataba a artistas extranjeros para dirigir sus centros artísticos. En 1926 la recién nombrada Academia Nacional de Bellas Artes incorporó a Alejandro Guardia, originario de Italia, y a Henry Sené un profesor belga que ocupó la cátedra de pintura y con el que Marina Núñez tuvo un acercamiento a la escultura clásica dadas las dificultades del profesor con el idioma español, dejando a un lado el estudio de la cultura local. Realizó estudios en el Conservatorio Nacional de Música Se graduó en 1930. Ese mismo año con la incorporación del pintor Cecilio Guzmán de Rojas de la Reza, la academia recuperó el arte autóctono de la que surgió poco después una nueva estética boliviana en la que la escultora tuvo un papel promotor importante. El movimiento artístico se centró en la representación de temas indígenas buscando afianzar los valores de tradiciones locales que, hasta ese momento, no eran valorados en términos culturales y artísticos. El movimiento tuvo un seguimiento desigual. Poco después fue la primera mujer en acceder, mediante concurso, al puesto de docente en la Escuela Nacional de Bellas Artes de La Paz, que impartió clases de Escultura y Anatomía Artística. Su labor como profesora fue esencial para la creación de lo que se llamó la Generación del Chaco, liderada por Cecilio Guzmán Rojas, también conocido como arte indígena. Sobre el ideal de la Generación del Chaco la escultora manifestó:
De manera similar, del Prado centró su trabajo en los derechos de los pueblos indígenas y el indigenismo, una ideología política centrada en la relación de la población indígena con el gobierno.[cita requerida]
Dejó su trabajo en la universidad y su ciudad natal La Paz en 1938 para viajar por Perú, Uruguay y Argentina donde pasó dos años, y a otros países fuera de Sudamérica, incluyendo Egipto, partes de Europa y Estados Unidos. Estudió durante ocho años en Nueva York con una beca otorgada en 1940, por la Asociación Americana de Mujeres Universitarias (American Association of University Women, AAUW), beca que obtuvo tras ser rechazada su primera solicitud en 1939. La beca le permitió profundizar en el arte de las artistas estadounidenses, así como en las vanguardias del momento y realizar un intercambio cultural que trasladó a Bolivia.
Durante su estancia en Nueva York ganó la Medalla de Oro por la exposición Mineros en Rebelión. Esta obra se centró en los trabajadores de la región boliviana de Potosí. Poco después, en 1948, regresó a La Paz, donde continuó realizando trabajos inspirados por los pueblos indígenas de Sudamérica. Posteriormente en 1971 se trasladó al Perú con su esposo Jorge Falcón, escritor peruano, a causa de la silicosis que adquirió por la inhalación del polvo proveniente del granito (sílices). La enfermedad la obligó a adoptar un método diferente para tallar su obra. Permaneció en Perú hasta su fallecimiento el 8 de septiembre de 1995.
La temática de su obra se centró en cuestiones de su entorno, en especial en la representación de la mujer campesina aimara, y en el paisaje y la cultura de Bolivia. También formaron parte de su obra la maternidad y la sexualidad, sobre ellas son obras como Madre Índia, (1934) en granito comanche y Abrazo (1950). En sus esculturas se representan culturas ancestrales como la de Tiahuanaco, la cultura y tradición inca.
Durante los ocho años que pasó en Estados Unidos su obra se modernizó y se internacionalizó mostrando la herencia cultural boliviana. Las esculturas en esta época se caracterizaron por sus líneas curvas y el trabajo en granito negro y ónix blanco. Recibió la aceptación de la crítica incluidos la de Eleanor Roosevelt, a quien la artista conoció personalmente durante una de sus exposiciones en Estados Unidos.
Su obra ha sido objeto de crítica internacional y nacional. Raúl Botelho Gozalvez (1961) en La Escultura Telúrica De Marina Núñez Del Prado, sostiene que su trabajo está marcado por dos características principales: la gracia y la fuerza. La fuerza se ve a través de sus paisajes andinos y su gracia es reconocible en la geometría armoniosa de sus obras. Botelho afirmó que Núñez del Prado tiene un «genio loci» y distingue cuatro períodos en su obra:
El primer período está caracterizado por emplear en su obras la temática musical en la que se relacionan los ritmos musicales con los plásticos. Hay una preferencia en el empleo de la madera en esculturas bidimenisonales planas.
El segundo período se caracteriza el acercamiento al tema social, boliviano, la artista se hace eco de los conflictos que afectan a Bolivia. Continúa con un tipo de escultura bidimensional y plana.
El tercer período se caracteriza por la escultura en piedra tridimensional. También es conocida como el período «maternal» debido a las representaciones de madonas aimaras y otras de mujeres indígenas, su obra se hace más expresiva.
Por último, el cuarto período es el neo-abstracto que ha sido influenciado por su amistad con artistas como Picasso, Archipenko y Milles y su interés por Brancusi –pionero del arte moderno–, Moore –escultor inglés– y Arpa, todos ellos del abstracismo.
Tuvo detractores como Fausto Renalga, cuya tesis fue adoptada por parte del Gobierno de Bolivia, quien le negó apoyo económico en sus inicios.
Héctor Herazo Rojas en Una escultora de América para el mundo. Marina Núñez del Prado (1962), sostiene que sus obras se caracterizan por su fuerza, gracia y monumentalidad. También señala que sus obras giran en torno a la temática de los orígenes ancestrales de su propia raza silenciada durante años; el mito y la tradición estrictamente americana. Las esculturas de figuras indígenas maternas y animales mitológicos son una muestra.
Pedro Querejazu (1995) coincide con Herazo Rojas sobre su carrera temática y sugiere que las esculturas de Núñez del Prado se originaron dentro del movimiento del realismo «nativo». Según él, la obra posterior adoptó una expresión moderna e internacional que alcanzó una etapa, a partir de 1950, inmersa en el abstractismo. Este trabajo posterior se centró en la figura femenina. En esta etapa trabajó con maderas tropicales procedentes de la Amazonía, el bronce y la piedra como el granito, la andesita, el basalto, el ónix y el mármol. Como trabajo previo empleaba el modelado en arcilla a pequeña escala, para luego desarrollar la idea en yeso antes de iniciar el trabajo definitivo.
Otros críticos revisaron su obra, Eduardo Mendoza Varela en Esculturas de Marina Núñez del Prado (1961), hizo un análisis a través de la exposición de esculturas en la biblioteca Luis Ángel Arango, ubicada en el banco de la República de Colombia en Bogotá. Explicó la importancia de su escultura en el arte latinoamericano, y coincidió con Héctor Herazo Rojas en cuanto a la temática centrada en los orígenes y las tradiciones como esencia de su obra. En cuanto al empleo de los materiales y al empleo del espacio en relación con el volumen, sostuvo que su trabajo es «milagroso» y «misterioso». Consideró que las formas resumidas y reducidas de su obra poseen cierta sobriedad y la capacidad de ir más allá de la simple representación física, pero captan el espíritu de la artista.