Margarita Eustaquia Maza Parada (Oaxaca, 29 de marzo de 1826 - Ciudad de México, 2 de enero de 1871), de casada Margarita Maza de Juárez, fue activista, diplomática y esposa del presidente Benito Juárez y primera dama de México entre 1858 y 1871.
En marzo del 2026 la presidenta Claudia Sheinbaum la reconoció como Primera Embajadora Histórica de México.
Fue adoptada por el agricultor genovés Antonio Maza y su esposa mexicana Petra Parada Sigüenza. Eran una familia exitosa y socialmente prominente en la ciudad, y ella recibió una educación refinada.
Margarita creció en un entorno donde el debate político era constante, a diferencia del estándar de la época para las mujeres de la alta sociedad, desarrolló un pensamiento crítico propio. Su apoyo al liberalismo no fue una extensión del de su marido, sino una convicción personal que la llevó a enfrentar persecuciones directas, incluso cuando él se encontraba ausente o en el exilio.
Vivió en Nueva York de 1864 a 1867, mientras el ejército francés ocupaba México, y se convirtió en la cara visible de la resistencia republicana en el extranjero, operando casi como una embajadora sin título oficial. Coordinó los esfuerzos de la sociedad civil para aportar recursos a la lucha contra la intervención extranjera y digna diplomática representante del gobierno republicano en los Estados Unidos.
Fundó y lideró una red de apoyo que realizaba actividades de recaudación de fondos de manera sistemática por medio de bazares y eventos culturales para sensibilizar a la sociedad neoyorquina sobre la lucha soberana de México contra el Imperio de Maximiliano.
Con el dinero recaudado, que no era para su sustento personal ya que vivía con una austeridad extrema en una casa modesta en la calle 13, se destinaba a la compra de medicamentos, ropa y pertrechos que eran enviados clandestinamente a las guerrillas liberales en México.
Margarita se ganó el respeto de la élite política de Washington y Nueva York, a pesar de no hablar un inglés fluido al llegar. En 1866, el gobierno de los Estados Unidos le ofreció un transporte oficial (un buque de guerra) para que pudiera moverse con seguridad, un gesto que normalmente solo se reservaba para jefes de Estado y que era un mensaje geopolítico de que reconocía la legitimidad de la República que ella representaba.
A través de sus redes, logró que la prensa estadounidense viera la guerra en México no como un conflicto interno, sino como una lucha por la libertad contra el colonialismo europeo.
Mientras vivía en Nueva York, perdió a dos de sus hijos pequeños por enfermedades agravadas por el frío y la falta de recursos médicos adecuados, pero se negó a aceptar ayuda económica directa del gobierno estadounidense o de particulares para uso personal, insistiendo en que cualquier donativo debía ir a la causa de la República. Su integridad moral se convirtió en un símbolo de la "dignidad nacional" que los liberales querían proyectar al mundo.
Cuando finalmente regresó a México en 1867, tras la caída del Imperio, fue recibida en Veracruz y en la Ciudad de México con honores que no eran para la "esposa del presidente", sino para la mujer que sostuvo la bandera republicana en el exterior cuando el país parecía perdido.
Como era común en esos años, su familia había contratado a jóvenes zapotecas para trabajar en el hogar como empleadas domésticas, provenían de pueblos rurales. Años antes del nacimiento de Margarita, Josefa Juárez García había trabajado durante algún tiempo como criada y cocinera en el hogar Maza-Parada, de clase alta. Ella y sus hermanos quedaron huérfanos después de la muerte de sus padres y abuelos. Benito Juárez, uno de sus hermanos menores, dejó su ciudad natal de San Pablo Guelatao en 1818 y llegó a la ciudad de Oaxaca a la edad de 12 años, para trabajar y recibir una educación. Josefa le ayudó a conseguir un puesto con la familia Maza y desarrolló una estrecha relación con ellos. Hoy en día, la antigua casa de la familia Maza se conoce como Casa de Juárez y funciona como museo, en su honor.
Durante estos años, Margarita Maza estaba siendo educada. Aceptó la propuesta de Juárez y se casó con él el 31 de octubre de 1843 en la iglesia de San Felipe Neri en la ciudad de Oaxaca. Juárez tenía 37 años y Margarita 17. Tuvieron 12 hijos, siete de los cuales vivieron hasta la edad adulta: un hombre y seis mujeres.
Además, adoptaron a Susana Chagoya, la hija de Juárez nacida de su relación con Juana Rosa Chagoya. Su madre murió cuando la niña tenía tres años. Margarita sabía que Juárez también tenía un hijo mayor, Tereso Ortiz (nacido de su relación con María de la Cruz Ortiz, una indígena tehuana que al momento de su nacimiento tenía apenas 17 años de edad), a quien conoció más tarde.
Su matrimonio étnicamente mixto era inusual en esa época, pero esto no se observa a menudo en las biografías estándar. El historiador Enrique Krauze señala: "En este caso poco común, una mujer blanca había sido conquistada por un indio, no por una mujer nativa por un español".
Esta mujer admiraba notablemente a su esposo, pues a pesar de la gran diferencia de edad entre ambos (veinte años), su posición social y sus distintos orígenes, siempre lo acompañó y apoyó incondicionalmente, aun cuando sus ideas revolucionarias no fueran acordes al tiempo en que se vivía.
Margarita vivió diversos momentos difíciles al lado de Juárez, uno de ellos, cuando su esposo fue desterrado del país por haberle negado resguardo al general y dictador Santa Anna. Además de que quedó sola con sus seis hijos y en espera de dos más, fue perseguida, razón que la obligó a buscar refugio en las siguientes haciendas, de manera sucesiva: Miguel Castroterrey, Santa Anita, Llalinas, Los Naranjos y Santa Gertrudis. Sin embargo, logró hacerse de algo de dinero, el cual utilizó para enviar ayuda a su marido, quien se encontró viviendo un tiempo en La Habana, Cuba, y después se mudó a Nueva Orleans, EE. UU.
La llegada de Juárez a México y su victoria junto al general Juan Álvarez Hurtado, le dio a Margarita la oportunidad de volver a ver a su marido. Después de haberse reencontrado, a su regreso a la ciudad de Oaxaca establece una pequeña tienda en Etla, pero los problemas no terminaron, pues poco tiempo después de publicadas las Leyes de Reforma en las que Juárez limitaba el poder de la Iglesia católica, confiscaron sus propiedades (entre ellas asilos y hospitales), exclaustrando a monjas y religiosos y separándolas del gobierno, por lo que el clero decide pedir ayuda a las potencias Europeas. Francia invade México por segunda vez y en esta invasión francesa Margarita vuelve a separarse de Juárez, mas no lo abandona. En ese periodo, Margarita y sus hijas organizan reuniones, obras y otros pequeños eventos para recaudar fondos y apoyar la causa de Juárez, mediante la ayuda a las familias y personas afectadas por la guerra y a hospitales de guerra. Desgraciadamente, es descubierta por el gobierno Imperialista de Maximiliano, y huye en dirección a los Estados Unidos, refugiándose inicialmente en Nueva York, aunque finalmente se oculta en Washington D. C., a donde arriba en noviembre. Mientras Margarita se encontraba en Estados Unidos, mueren dos de sus tres hijos varones, José y Antonio, lo cual le resulta un grave golpe; esto aunado al hecho de la desesperación que sufría por ver a su marido, la hacen sentir muy decaída. Después, se sobrepone e intenta darle todo el apoyo posible a su esposo, quien se comunicaba a través de cartas. Cuando triunfó la República sobre los Imperialistas, Margarita regresó a México para reencontrarse con su esposo, a bordo de un buque de guerra que el presidente de Estados Unidos puso a su disposición y a la de su familia y amigos que la acompañaron.