Tal Día como Hoy

Marcelino Menéndez Pelayo

Erudito español

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Marcelino Menéndez Pelayo (Santander, 3 de noviembre de 1856-Santander, 19 de mayo de 1912)​​ fue un filólogo, historiador, filósofo, crítico literario, historiador de las ideas, político y escritor español. Fue una destacada personalidad de la cultura de su tiempo, siendo académico de número de la Real Academia Española, de la Real Academia de la Historia, de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.​

Consagrado, fundamentalmente y con extraordinaria erudición reconstructiva, a la historia de las ideas, la interpretación crítica y la historiografía de la estética, la literatura española e hispanoamericana y a la filología hispánica en general, aunque también fue político, cultivó la poesía, la traducción y la filosofía. Hermano del escritor Enrique Menéndez Pelayo. Fue propuesto para el Premio Nobel de Literatura.

Estudios, evolución y docencia

Marcelino Menéndez Pelayo nació el 3 de noviembre de 1856 en la calle Alta​ del municipio de Santander; hijo de Marcelino Menéndez Pintado, catedrático de Matemáticas en el Instituto de Santander y alcalde de la ciudad durante el bienio progresista, y de María Jesús Pelayo y España;​ tuvo tres hermanos: Enrique, Jesusa y Agustín.​

Su hermano Enrique cuenta en sus memorias que a los doce años sustituía a su padre en la cátedra de matemáticas, traducía sin diccionario a Virgilio y leía la Historia de Inglaterra de Oliver Goldsmith.​ Estudió el bachillerato en el Instituto Cantábrico de su ciudad natal, donde destacó por su prodigiosa memoria.

Posteriormente, completó su formación en la Universidad de Barcelona (1871-1873) con Manuel Milá y Fontanals, en la de Madrid (1873), donde una arbitrariedad académica del catedrático Nicolás Salmerón, que hizo repetir curso a sus alumnos sin ni siquiera haberlos examinado, le habría de enemistar a muerte con el krausismo postkantiano y los hegelianos en general, y en Valladolid (1874), donde intimó con el que sería su gran amigo, el conservador Gumersindo Laverde, que le apartó de su inicial liberalismo y le orientó hacia el partido más conservador, el de los llamados neocatólicos o «neos».

Hizo un viaje de estudios a bibliotecas de Portugal, Italia, Francia, Bélgica y Holanda (1876-1877) y ejerció de catedrático de la Universidad de Madrid (1878) tras pasar por un tribunal en el que estaba otro gran culto y crítico, Juan Valera, a cuya tertulia nocturna, en su casa, acudiría posteriormente. De comportamiento heterosexual,​ vivió y murió soltero. Al llegar a la cincuentena era un hombre de complexión obesa, y consumía café en exceso.​ Falleció en su domicilio de Santander en mayo de 1912.​ Según el diagnóstico de los médicos que le atendieron en los últimos meses de su enfermedad, los doctores Quintana y Rodríguez Cabello, Menéndez Pelayo padecía una cirrosis atrófica de Laennec, con abundante ascitis.​​ Rodríguez Cabello por otra parte descartó un origen alcohólico.​​

Fue elegido miembro de la Real Academia Española (1880), diputado a Cortes (1884-1886 y 1891-1893),​​ propuesto para el Premio Nobel en 1905, y miembro de número de la Real Academia de la Historia desde el 13 de mayo de 1883,​ con la lectura del discurso La historia considerada como obra poética. En esta institución fue bibliotecario desde 1892 y director desde 1910. Pronunció su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas De los orígenes del criticismo y del escepticismo y especialmente de los precursores españoles de Kant el 15 de mayo de 1891,​ y el de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando el 31 de marzo de 1901, nueve años después de ser elegido, en una maniobra apresurada para poder aspirar a la dirección de la corporación.​ Finalmente, entre 1898 y hasta su muerte en 1912, fue director de la Biblioteca Nacional de España, sucediendo en el cargo a Manuel Tamayo y Baus.

En el plano político, desempeñó el cargo de senador por la Universidad de Oviedo (1893-1899) y de senador por la Real Academia Española (1901-1911).​

En política perteneció a la Unión Católica de Alejandro Pidal,​ y fue colaborador de los diarios La Unión (1882-1887)​ y La Unión Católica (1887-1899).​ Los tradicionalistas trataron de atraerlo a su causa, para lo cual le argüían con textos de sus Heterodoxos. En una reunión que mantuvo a principios de la década de 1880 en casa de Cándido Nocedal con destacados carlistas vinculados al integrismo de El Siglo Futuro, manifestó: «en política iré adonde vaya Pidal».​

Antes de morir volvió a su inicial liberalismo[cita requerida], si bien anclado en puntos de vista sólidamente cristianos, y corrigió muchos de sus primitivos juicios desfavorables sobre Gaspar Núñez de Arce o Benito Pérez Galdós, que terminó por ser su amigo y al que apoyó en su acceso a la Real Academia Española.[cita requerida]

Encontró en el catolicismo el Volksgeist (espíritu nacional) de España.​

Provisto de una gran capacidad de trabajo y de inteligencia superdotada, dominador de ocho lenguas antiguas y modernas y poseedor de una portentosa memoria fotográfica, en sus análisis de la forma y el fondo de la cultura española identificó la raíz de lo hispano con la tradición católica, en especial la del humanista Juan Luis Vives, pese a lo cual no negó, ocultó ni dejó de estudiar todo cuanto de poco ortodoxo engendró la cultura española ni de evaluar su importancia intrínseca. Como poeta, su obra es una de las muestras más logradas de estilo clásico en su siglo.

Murió en su ciudad natal, a cuyo municipio legó su rica biblioteca particular de cuarenta mil volúmenes. Su paisano Ángel Herrera Oria, quien se consideraba en cierta medida su discípulo, resumió su labor de forma lapidaria: «Consagró su vida a su patria. Quiso poner a su patria al servicio de Dios». El diario El Debate y los Jóvenes Propagandistas organizaron en su memoria un homenaje en el Teatro de la Princesa, al que concurrieron 3500 personas, llenando totalmente el aforo, y en el que intervinieron como oradores Ángel Herrera, el padre Zacarías Martínez, Alejandro Pidal y Juan Vázquez de Mella, entre otros.​

La profundización antiliberal del pensamiento menendezpelayista, que tuvo articulación en el plano político, fue recogida durante la Segunda República Española por la cultura política del nacionalismo reaccionario español.​ Según Pedro Carlos González Cuevas, el peso de su figura entre las tradiciones políticas de derecha obstaculizó la aparición de un nacionalismo de naturaleza secular en España.​

Dentro del marco de un seminario dedicado a Menéndez, los profesores Felipe Pedraza y Rafael González Cañal (Universidad de Castilla-La Mancha) no dudaron en calificarlo como «el mejor conocedor de nuestra historia literaria que ha existido a lo largo de los tiempos», y justifican esta afirmación añadiendo que «en los cincuenta y seis años de su corta vida desarrolló un trabajo ciclópeo, realmente extraordinario, casi inverosímil».​

Menéndez fue «notable debido a su amplia erudición y su prosa elegante y flexible... sus estudios acerca de la literatura española medieval, renacentista y del Siglo de Oro siguen siendo invaluables».​

Se le considera universalmente como uno de los más importantes historiadores de España, que poseía un estilo incomparable y una gran capacidad crítica.​​​​

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