El mar Cantábrico es un mar litoral del océano Atlántico que se encuentra en la costa norte de España y el extremo suroeste de la costa atlántica de Francia, siendo la parte más meridional del golfo de Vizcaya. Tradicionalmente se ha considerado que se extiende desde el cabo Ortegal, en la provincia de La Coruña, hasta la desembocadura del río Adur, cerca de la ciudad de Bayona, en la costa del departamento de Pirineos Atlánticos y del País Vasco francés. Baña 800 km de costa compartida por las comunidades autónomas españolas de Galicia (provincias de La Coruña y Lugo), Asturias, Cantabria y País Vasco (provincias de Vizcaya y Guipúzcoa), y el departamento francés de Pirineos Atlánticos.
Este mar marginal es un ecosistema excepcionalmente rico y diverso, que acoge una amplia variedad de especies marinas y aves, y cuya compleja interacción ha dado lugar a un entorno único y frágil. La región cantábrica, con su historia milenaria, ha sido testigo de la presencia de diversas culturas que han dejado un profundo legado histórico, cultural e identitario, que ha configurado la identidad y el patrimonio de la región.
El mar Cantábrico no se encuentra reconocido por la Organización Hidrográfica Internacional (IHO) en su publicación Limits of Oceans and Seas, tercera edición de 1953 (en vigor), ni en el borrador actualizado de su cuarta edición de 2002.
El mar Cantábrico fue bautizado por los romanos en el siglo I a. C. como Cantabricus Oceanus en referencia a uno de los pueblos que poblaban sus costas: los cántabros. En otras citas clásicas más antiguas aparece con el nombre de Britannicus Oceanus y Gallicus Oceanus.
El mar Cantábrico es en realidad una cubeta marina que se formó por la colisión entre las placas indoeuropea e ibérica hace entre 115 a 75 millones de años. Hoy día esas placas aún están en movimiento, de hecho, Galicia y la Bretaña francesa se separan unos pocos centímetros al año, y el cañón submarino que forman se abre cada vez más. Topográficamente hablando la plataforma continental del Cantábrico se puede dividir en dos partes:
La primera se extiende desde la desembocadura del río Bidasoa hasta el cabo Vidio, y se caracteriza por tener una orientación Norte-Sur y ser extremadamente estrecha, con una pendiente poco acusada y afectada por floraciones rocosas a menor escala. A lo largo de la costa cantábrica la plataforma se puede reducir hasta menos de 10 km (8 km frente al cabo de Ajo) ensanchándose hacia el oeste. El talud continental, una zona de transición entre la plataforma y la profundidad del mar, es muy pronunciado con una pendiente de alrededor de 10-12 %, cayendo hasta los 4000 m de profundidad y está cruzado por numerosos cañones.
La plataforma en la zona que va desde cabo Vidio hasta la desembocadura del río Miño, es más ancha y uniforme. La anchura máxima, de 80 km, se alcanza frente a La Coruña, mientras que frente a cabo Ortegal se reduce hasta los 30 km.
Al ser un mar muy abierto al océano, tiene características diferentes a otros mares más cerrados. Su fondo marino es desigual: cerca de las costas españolas es más profundo y desciende rápido, mientras que junto a las costas francesas es necesario penetrar muchos kilómetros mar adentro, para encontrar profundidades de más de 1000 m.
El fondo marino se divide en unidades por la presencia de montes y bancos submarinos, así como de profundos cañones submarinos. Entre los cañones más característicos de esta zona destacan los sistemas de Capbreton, Santander, Torrelavega, Llanes, Lastres y Avilés. Algunos de estos desfiladeros son muy pronunciados, como el de Capbreton, donde la cabeza del cañón se encuentra a menos de 200 m de la orilla y el fondo marino desciende 1000 m a menos de 3 km de la costa, alcanzando la zona batial de más de 2000 m y llegando a ser uno de los más profundos del mundo. Su elevada pendiente hace que se produzcan avalanchas submarinas, como la generada por la tormenta Martin el 27 de diciembre de 1999, cuyo depósitos sedimentarios se localizaron a 600 m de profundidad. Es probable que tales aludes submarinos fuesen muy frecuentes durante la última desglaciación pirenaica (hace 18000-15000 años).
La línea de costa cantábrica es rectilínea y alargada, con una fuerte pendiente hacia el mar, abundantes acantilados, pocas playas y rías pequeñas. Los depósitos son generalmente de piedra y cascajos, los sedimentos se sitúan dentro de las rías o estuarios, en la desembocadura de los ríos o en las ensenadas. El oleaje del sector noroeste determina el sentido neto del transporte litoral en dirección este.
Esta zona del litoral mantiene enclaves de alto valor ecológico y paisajes excepcionales, como son los acantilados, los cordones dunares, formaciones de flysch y las marismas. En este sentido destaca El Cachucho, una área marina protegida de 235 000 hectáreas situada frente a la localidad asturiana de Ribadesella y a una distancia de 65 km de la costa en la longitud 5° O, así como el sistema de cañones submarinos de Avilés, una zona estructuralmente muy compleja en donde la plataforma continental del mar Cantábrico se encuentra profundamente modificada por la acción de la tectónica compresiva presentando importantes elementos geomorfológicos. Es en este sector donde se encuentra la profundidad máxima del Cantábrico, con 4766 m en la fosa de Carrandi.
El tamaño del grano de los sedimentos decrece con la profundidad, con arenas medias y finas en las aguas someras y limos a mayor profundidad. Los sedimentos más finos, tales como los limos, se localizan en el talud continental.
El fondo marino alterna entre roca, grava y fango. Durante los primeros kilómetros mar adentro la plataforma continental mantiene profundidades entre 200 y 300 m, hasta llegar al talud continental donde cae hasta los 4000 m de profundidad.
El Cantábrico constituye un mar de transición entre los mares fríos del norte y los templados del trópico, lo que hace que sea ecotono de especies vegetales y animales de aguas frías. El afloramiento de aguas profundas y frías existente frente a las costas gallegas hace que la temperatura del agua aumente conforme nos desplazamos hacia el Este. Esa temperatura del agua superficial presenta una acusada estacionalidad, así durante el invierno la temperatura del agua puede bajar hasta los 10 °C, mientras que en verano alcanza los 22 °C aproximadamente. Estas temperaturas son inusualmente altas dada la región geográfica que ocupa el mar Cantábrico, y se deben a los efectos cálidos de la corriente del Golfo.
En invierno la agitación de las olas hace que el gradiente de temperatura a medida que descendemos sea prácticamente nulo y haya que bajar hasta los 1000 m de profundidad para que la temperatura caiga hasta los 10 °C. Pero en verano la relativa tranquilidad del mar fomenta la formación de termoclinas, la capa superficial se calienta mucho pero el calor no llega a las capas inferiores, produciéndose esos cambios bruscos de temperatura. Así, existe una termoclina permanente a unos 200 m de profundidad, casi coincidiendo con la plataforma continental. A partir de los 1000 m de profundidad la temperatura es de 5 °C todo el año.
La salinidad media del Cantábrico es de 35 g/L, aunque difiere ligeramente en función del régimen de lluvias, la mayor o menor cercanía a la costa y la presencia de desembocaduras de ríos caudalosos. La salinidad varía también con la profundidad y experimenta una haloclina con una caída importante a unos 700 m de profundidad.
El Cantábrico tiene una significativa amplitud de marea, pudiendo llegar a ser de en torno a 5 m como máximo, especialmente durante los periodos de las grandes mareas de septiembre-octubre y febrero-marzo. Se experimentan dos tipos de mareas: "mareas vivas" y "mareas muertas". Durante la semana de "mareas vivas", la bajamar ocurre por la mañana, mientras que la pleamar tiene lugar por la tarde. Sin embargo, en la semana siguiente, conocida como la semana de "mareas muertas", estos eventos se invierten. La bajamar se da por la tarde y la pleamar por la mañana. Este ciclo se repite de manera continua y sucesiva a lo largo del tiempo.