Tal Día como Hoy

María Isabel Chorobik de Mariani

Activista de derechos humanos en la Argentina

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María Isabel Chicha Chorobik de Mariani (San Rafael, provincia de Mendoza; 19 de noviembre de 1923-La Plata, 20 de agosto de 2018)​ fue una activista de derechos humanos en Argentina, fundadora y segunda presidente de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, de la cual se separó en 1989. En 1996 fundó la Asociación Anahí (en honor a su nieta desaparecida, Clara Anahí Mariani) y la presidió hasta la fecha de su fallecimiento. En 2007, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires la galardonó con un diploma de honor por su tarea a favor de los derechos humanos.

María Isabel Chorobik, nació el 19 de noviembre de 1923 en Cañada Seca, San Rafael, Mendoza. Hija de Juan Chorobik, inmigrante polaco, y de Luisa García, una mujer mendocina. Tuvo un hermano menor llamado Blas.

En 1932, con sólo 10 años, se mudó a San Rafael para seguir estudiando.

Cursó sus estudios entre 1943 y 1946 en la Academia de Artes Plásticas de la Universidad de Cuyo pero luego de una huelga estudiantil decidió no recibirse allí.​

Se inició en la docencia como profesora particular de Dibujo y Pintura y profesora ad honorem en la Asociación Infantil “Amigos del Arte”. Entre 1961 y 1965 fue profesora en la Escuela Nacional de Educación Técnica N.º 1 en la cátedra de Dibujo, Anatomía Artística e Historia del Arte.

En marzo de 1947 se casó con el destacado director de orquesta y violinista Enrique José Mariani (1921-2003), con quien estuvo casada hasta la muerte de él.

Durante la dictadura militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), el 24 de noviembre de 1976, las fuerzas de seguridad atacaron la casa en La Plata de su hijo Daniel Mariani y su nuera Diana Teruggi, militantes de Montoneros, quienes tenían una hija de tres meses, Clara Anahí. En el ataque murió su nuera, otros cuatro militantes y fue secuestrada la beba. Al año siguiente, el 1 de agosto de 1977, fue asesinado también su hijo.

Al recibir noticias de que su nieta había sobrevivido el ataque, María Isabel comenzó a buscarla completamente sola. Concurrió a los cuarteles, comisarías y juzgados, sin lograr resultados, y en muchos casos siendo maltratada o amenazada por hacerlo. Monseñor Emilio Graselli, de la Iglesia católica, le confirmó que su nieta se encontraba viva, pero también que había sido entregada a una familia influyente, a la vez que le comunicó que la Iglesia no estaba dispuesta a intervenir para su restitución.​

En la segunda mitad de 1977 se relacionó con Alicia Licha Zubasnabar de De la Cuadra, también de La Plata, y entre ambas decidieron crear una organización de abuelas buscando a sus nietos desaparecidos.

Tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, el solo hecho de preguntar por el paradero de un familiar detenido-desaparecido era riesgoso y podía resultar a su vez en la detención-desaparición.​

En ese momento la situación de indefensión e impotencia de los familiares de las personas desaparecidas era extrema, ya que ninguna democracia del mundo, ni la Iglesia católica ―de gran influencia en el país―, ni las organizaciones internacionales humanitarias, estaban dispuestas a intervenir. Tampoco era posible recurrir al sistema judicial, ya que los jueces argentinos rechazaban sistemáticamente los recursos de habeas corpus.​

En esas condiciones, un grupo de madres, padres y familiares de los desaparecidos iniciaron un movimiento de resistencia no violenta, que se volvería histórico. La propuesta surgió de Azucena Villaflor, luego desaparecida y asesinada por la dictadura:

El 30 de abril de 1977 comenzaron a marchar cada jueves alrededor de la Pirámide de Mayo, en la plaza del mismo nombre, situada frente a la casa de gobierno. Para llamar la atención, las mujeres decidieron cubrirse el cabello con un pañal de tela blanco.​​

El grupo recibió rápidamente el nombre de Madres de Plaza de Mayo y por su sola presencia comenzó a ejercer presión nacional e internacional sobre el destino de las personas que desaparecían en la Argentina. Inicialmente, el régimen militar intentó explicar la presencia de esas personas caminando alrededor de la pirámide, sosteniendo que se trataba de «locas».​

Entre estas madres-abuelas se encontraba «Licha» de De la Cuadra (Alicia Zubasnábar de De la Cuadra), quien había comenzado a participar en las rondas en septiembre de 1977, junto con su esposo y Hebe de Bonafini.​

Por ese entonces, María Isabel Chorobik de Mariani había comenzado a buscar a otras madres de desaparecidos que, como ella, también estuvieran buscando a sus nietos. Mariani había sido impulsada a agruparse con otras abuelas por Lidia Pegenaute, una abogada que se desempeñaba como asesora de menores en los tribunales de La Plata, donde aquella intentaba infructuosamente encontrar alguna solución para su caso. La Dra. Pegenaute fue una de los casos excepcionales de funcionarios del poder judicial que colaboraron genuinamente con los familiares de desaparecidos.​

En el segundo semestre de 1977 Mariani fue a buscar a De la Cuadra a su casa de La Plata:

Ese día, María Isabel Mariani y Alicia de De la Cuadra tomaron la decisión de agruparse como abuelas y esta convocó a aquellas que conocía de las rondas de los jueves en Plaza de Mayo.​

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